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Macri no para de dictar decretos y Schiaretti suma kilómetros en su plan de retener Córdoba

Macri no para de dictar decretos y Schiaretti suma kilómetros en su plan de retener Córdoba

El presidente Mauricio Macri y el gobernador Juan Schiaretti. Foto: Prensa Gobierno de Córdoba.
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¿Quién dijo que en enero sólo hace calor? El 2018 comenzó con dos precisiones: se agotó la que parecía infinita capacidad del presidente Mauricio Macri de imponer su agenda política y su modelo económico al país. La evidencia es la decisión de gobernar por decreto, prescindiendo del Congreso. Y en Córdoba, Juan Schiaretti y el peronismo local, sacaron a relucir todas las viejas recetas del manual electoral para remar contra el relato político del oficialismo nacional e intentar retener el gobierno provincial en 2019.

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La reforma previsional aprobada contra natura en diciembre fue una fotografía de los límites que las políticas neoliberales tienen en Argentina. Con sabiduría, Juan José Sebreli dijo en el diario La Nación esta semana que "si se pierde esta oportunidad, vuelve seguro el populismo más acérrimo". Dicho de otro modo: es ahora o quizá no haya otra posibilidad. A la vuelta de sus vacaciones, Macri instrumentó al igual que el anterior presidente neoliberal, Carlos Saúl Menem, los decretos de necesidad y urgencia como herramienta fundamental de gobierno. Por esa vía instrumenta la reforma del estado, las privatizaciones, elimina las paritarias docentes y tratará de sacarse de encima cualquier otro obstáculo político, social u económico. El famoso "edificio" de la seguridad jurídica tiene cimientos construidos con papel picado.

La urgencia se asienta en la imposibilidad de construir consensos políticos a tiempo para instrumentar la agenda económica del modelo neoliberal. Es decir, el ajuste del gasto público, la apertura económica en marcha, la baja de costos laborales, y el desmantelamiento de las empresas estatales y el Estado de Bienestar (el gasto social y la política de derechos) se hacen ahora o trabarán el desarrollo del modelo neoliberal. El gobierno no tiene plan B: es esto o un desastre.

El presidente Mauricio Macri, la vicepresidente Gabriela Michetti y los integrantes del gabinete nacional.

Sin embargo, el drama del Ejecutivo no es sólo económico: es fundamentalmente político, ideológico y cultural. La base de su éxito es ser la contracara perfecta del populismo (kirchnerista). Si gobierna y construye su mito de gobierno bajo esa lógica hará detonar el país, porque una cosa es ganar elecciones y otra eliminar al contrincante. En Argentina, por conciencia y organización social y política, el populismo de izquierda o nacional y popular tiene raíces históricas y en los partidos políticos nacionales. Puede ganar o perder en ese intento, porque Macri es un fenómeno nuevo en la política argentina: nunca la derecha gobernó con su propio partido en democracia. Pero está claro, que una u otra opción tienen costos elevados.

Los síntomas del límite son los siguientes:

-El radicalismo por primera vez se unificó para reclamarle por la privatización de Transener. Si bien, el viejo alfonsinismo ha quedado reducido en cuanto a su estructura política, puede ser una piedra en el zapato, sobre todo si logra hallar algún líder con potencia electoral. Si lo construye puede ser un problema mayor, sino lo encuentra se diluirá en la impotencia.

El ex diputado nacional, Ricardo Alfonsín.

-Como los gobernadores del PJ dialoguista no están dispuestos a desangrarse, van a proveerle gobernabilidad a cuentagotas a cambio de recursos económicos. El Ejecutivo necesita compromisos mayores para instrumentar el modelo. No le es suficiente, por eso utiliza los DNU. Eso empuja a los mandatarios a los brazos del resto del peronismo.

-Los sindicatos han decidido subir la apuesta: le piden al PJ que no apruebe la reforma laboral  de flexibilización y demandan derogar la reforma jubilatoria. Van a ocupar la calle, un ámbito en donde el gobierno de las redes sociales tiene severas dificultades para expresarse.

-Las tres vertientes del PJ (kirchnerismo, massismo y gobernadores) podrían unirse para derogar el mega DNU.

SCHIARETTI

El gobernador cordobés planea adelantar las elecciones y separarlas de las nacionales. De ser así, los comicios se realizarán en el primer semestre de 2019. Quieren competir contra Héctor Baldassi o el candidato que resulte de Cambiemos, pero no contra Macri. Por cierto, es una ilusión, antes o en la misma fecha, el candidato será el presidente.

La segunda, es intentar dividir a la oposición, buscando que la propuesta de "cambio" por derecha no tenga un solo canal, sino varios: todos los heridos del oficialismo nacional serán tentados a "levantar su propia carpa", para ello el PJ buscará una reforma política que permita, como sucede en la ciudad de Córdoba, ser candidato al cargo ejecutivo (gobernador) y, a la vez, al legislativo. En este contexto, en el justicialismo especulan que el juecismo o los alfonsinistas de la UCR, si no son contenidos en el conglomerado Cambiemos, podrían tener una posibilidad de expresión propia por este camino. Lo mismo imaginan con el vecinalismo de Aurelio García Elorrio y candidatos como Alberto "Beto" Beltrán. Interpretan que todas estas variantes debilitan el voto Cambiemos.

El gobernador de la provincia, Juan Schiaretti. Foto: Prensa Gobierno de Córdoba.

En el costado propio de la cancha, Schiaretti construye su candidatura desde la idea de que la gestión eficaz y cordobesa será premiada. Para ello, suma kilómetros buscando créditos internacionales para hacer obras, cerrar vuelos que conecten a Córdoba con el mundo y exportar cultura, como el legado de Atahualpa Yupanqui, y la realización del VIII Congreso de la Lengua en Córdoba durante 2019; piensa pasar el segundo semestre de 2018 y el primero de 2019 cortando cintas de nuevas obras todos los días; quiere mostrar una gestión "cero" conflicto; y en lo nacional, sin sobreactuar, va a tratar de garantizar la gobernabilidad del presidente y el modelo neoliberal, ley por ley, hecho por hecho, pero ya no aparecerá como "un casi-aliado".

La idea central de Schiaretti es contraponer un modelo cordobés. Qué diferencial tendría: su liderazgo, que no hay ajuste del Estado, y que en lo general, no tiene diferencias sustanciales con las políticas neoliberales en curso.

Y en lo político puro, el objetivo principal será unir al peronismo. Dentro de esa lógica, un operador del PJ advierte que este será un año de muchas sorpresas: "Si todos los peronistas estamos juntos, ganamos; si vamos divididos perdemos. Está claro, que habrá que tragarse algunos sapos, pero lo importante es ganar. Aparte, una cuestión es la provincia y otra la Nación".

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El problema sigue siendo el contexto: el macrismo ha reunido un sujeto social y político que se identifica con su relato -sobre todo en las provincias de mayor desarrollo, en el corredor central del país- más allá del éxito pleno o parcial de sus políticas. Esa traslación ha vaciado el lago peronista cordobés. La foto final de ese proceso debería aparecer en la elección de 2019 con la obtención de una victoria electoral. Esa imagen (y la palabra cambio) es la que todavía no parecen haber incorporado a su análisis los estrategas del peronismo cordobés.

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