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Lucas Reyes: "El Sepo Ginobilli me dice que además de jugar, tengo que expresarme adentro de la cancha"

Martes 29 de Septiembre de 2020

Lucas Reyes: "El Sepo Ginobilli me dice que además de jugar, tengo que expresarme adentro de la cancha"

"A mí me gusta soñar y amo la NBA, trato de ver siempre algún partido, así que me gustaría jugar ahí. Obvio que es muy difícil que suceda, pero uno siempre tiene la ilusión". Con la mirada fija en algún punto del Ángel Sandrín, el "Chiri" Reyes se anima a volar con la imaginación y luego bajar a la realidad, para mostrarse tal cual es, sin filtros.

Enredacción Socios

A los seis años empezó a jugar en Murialdo, el club donde su papá Fernando fue jugador, y no paró hasta dar el gran salto a Instituto. Su vida siempre estuvo acompañada de una pelota, porque además de su viejo, también su mamá y su tío fueron jugadores de básquet. Inclusive, cuando vuelve a Mendoza a visitar a sus abuelos, sigue jugando, como cuando era chico, un picadito con su primo Juan Martín.

Manula

"Todos los domingos era ir a comer a la casa de mi abuela, y nosotros, con mi primo, jugábamos en el aro que nos había puesto mi abuelo. Se armaban lindos partiditos, y entre pelotazos siempre le rompíamos alguna lámpara. Mis abuelos no se calentaban, ellos estaban chochos de que juguemos ahí, el tema era con mi viejo y mi tío después. Ahora cuando voy para Mendoza seguimos haciendo lo mismo".

Cuando llega la hora de hablar de esta nueva temporada en Instituto, el base de 19 años sonríe. "Ahora nos están dando la oportunidad de jugar  y eso lo tenemos que aprovechar. Obvio que nos dejaron en claro que  tenemos que ganarnos los minutos, pero si hacemos las cosas bien y entrenamos seriamente, tenemos la posibilidad concreta de jugar. Eso genera más confianza en nosotros y ganas de demostrarle al técnico que podemos".

La temporada pasada Lucas Reyes jugó 34 partidos, donde promedio 3.2 puntos, 1.1 asistencias, 1.1 rebotes, 26% de triples en menos de diez minutos por partido (9.5). En su primer juego en este Súper 20, el entrenador Sebastián "Sepo" Ginóbili lo utilizó como sexto hombre y jugó casi el doble, al terminar con 6 puntos, 100% en triples (2-2) y 4 asistencias en 17 minutos.

"Me veo bien. Hemos hecho una buena pretemporada con el preparador físico, estoy tratando de incorporar cosas nuevas a mi juego". Foto: La Liga.

¿Cómo te ves este año?

Me veo bien. Hemos hecho una buena pretemporada con el preparador físico, estoy tratando de incorporar cosas nuevas a mi juego; como el tiro de media distancia, y también, en el aspecto defensivo, pasar mejor en las cortinas, estar atento a las ayudas y sobre todo empezar a hablar más. Son cosas intangibles a la vista, pero que sirven mucho al equipo.

¿Esos aspectos a trabajar son órdenes del “Sepo” Ginóbili o en general del cuerpo técnico?

Entre todos han visto estas cosas en mí, y por eso te puedo decir que están en todos los detalles. Son grandes entrenadores que te sorprenden en algunos casos, porque vos sentís que estás haciendo algo bien y te corrigen. Entonces te quejas al principio, pero cuando llegas a tu casa decís “es verdad” y te callas. Me he dado cuenta que con el correr de los días, todo lo que me han dicho se nota a la hora de aplicarlo en la cancha, porque son esos pequeños detalles que hacen la diferencia.

¿Cómo es la relación del “Sepo” con los juveniles? ¿Sentís que están más respaldados que la temporada pasada?

Nos ayuda muchísimo. Él está acostumbrado a trabajar con juveniles, entonces se nota en el trato con nosotros. Además, él ha jugado en la misma posición que yo, entonces me va marcando ciertas cosas que antes nadie me las había marcado. Me dice que tengo que hablar más, que además de jugar, tengo que expresarme adentro de la cancha, y yo no estoy tan acostumbrado a eso, sino más bien estar concentrado en el juego.

Mientras más te divertís mejor jugas y creo que a eso lo tenés que potenciar con la concentración.

¿Qué cosas positivas y negativas le encontras al equipo?

En cuanto a las falencias, creo que nos han hecho muchos puntos, entonces tenemos que corregir la parte defensiva. En estos últimos días hemos estado enfocados en eso. En cuanto a lo bueno, veo a un buen grupo que se lleva bien tanto dentro como fuera de la cancha y eso se nota cuando nos toca jugar. Es verdad, que por momentos tenemos baches, pero hemos sido rápidos a la hora de salir de esos momentos, y eso demuestra la gran cantidad de puntos que anotamos.

¿Qué hacen como grupo para encontrar una química que ayude después en la cancha?

Somos de hacer varias cosas, pero sobre todo hemos tenido varios asados, donde Pablo (Espinoza), que es el “Kapanga” del grupo, se encarga de eso. En ese espacio hemos podido conocer mejor a Nico (Romano) y “Loku” (Martín Cuello) que, por suerte, se integraron rápidamente. Entre la mayoría nos conocemos y eso hace que sea más fácil entrar en confianza.

Llega el momento de salir a la cancha, ¿Cómo tratas de enfocarte para lograr lo mejor de vos?

Antes de jugar profesionalmente trataba de entrar y divertirme, pero ahora la cosa es un poco más seria. Así que trato de hacer las dos cosas, porque mientras más te divertís mejor jugas y creo que a eso lo tenés que potenciar con la concentración.

Si tenés que elegir tres cualidades para describirte, ¿Cuáles elegirías?

Uuuh, me mataste (risas), ahora se me van a cagar de risa. Trato de ser un buen pibe, humilde, trabajador y solidario con mis compañeros. También afuera de la cancha soy tranquilo, pero si me das un poquito de confianza capaz boludeo un poco más.

¿Qué haces en tus tiempos libres?

La siesta es clave: necesito dormir una hora o dos para recuperar. Sino estudio un poco, trato de despejar un poco con eso. Arranque a estudiar hace un año administración de empresas en la Siglo XXI a distancia y me gusta.

“Mientras más te divertís mejor jugas, así que trato de disfrutar esta oportunidad en Instituto”. Foto: La Liga.

¿Alguna vez te dijeron que no ibas a llegar lejos por ser un jugador bajo?

Que yo recuerde nunca me lo dijeron así. Por ahí nunca esperaron, y yo tampoco, a que llegara a integrar un equipo como Instituto que fue subcampeón de Liga y de Liga Sudamericana. En el caso de que me hubiesen dicho algo por la altura, lo tomaría mal, pero lo pondría como una motivación para demostrar que eso no importa.

¿Quién fue el primer entrenador o referente que te dijo que sí podías llegar a La Liga Nacional?

Y… mi viejo fue el primero. Lo que pasa con mi papá, es que es muy fanático y me habla mucho. Me quiere mucho y él ama el básquet, entonces siempre me decía que siga entrenando porque alguna vez se me iba a presentar la oportunidad, y con mucho sacrificio, finalmente se dio.

¿Cómo es la relación con tu viejo?

Somos muy unidos con mis viejos. Mi papá sigue siendo entrenador allá y dirige a mis amigos de la infancia, entonces me gusta saber cómo le va. Tengo una muy buena relación con él, y siempre nuestro tema de cabecera es el básquet, es la pasión que nos une. Mi viejo llegó a jugar la final del TNA con Regatas (Mendoza), y perdieron contra Unión Eléctrica que dirigía (Ruben) Magnano. Él era el base suplente, y me contó que tuvo el tiro del final para ganar y lo erró, creo que eran los tiros libres… no me acuerdo bien (risas).

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Me gusta mucho el hincha de Instituto, porque por ahí salgo a la calle y alguien te grita “¡eh, Reyes!”, y termina siendo uno de la hinchada que siempre trata de mostrarte cariño. Además son muy pasionales y eso me encanta, lo disfruto mucho.

¿Qué es lo que más extrañas de Mendoza?

Lo que más extraño de allá es la familia, los amigos, también la escuela, aunque no lo creas. Yo me fui el penúltimo año y no tuve la posibilidad de ir a la cena, ni al viaje de egresados, entonces es algo que me duele bastante. Me sigo hablando con mis amigos del cole, los he invitado a la cancha y siempre me dicen que van a venir, pero acá todavía los estoy esperando.

¿Qué recuerdo se te viene a la cabeza cuando pensas en tu primer club, en Murialdo?

Todo… Yo vivía en el club. Iba a la escuela de dos a seis de la tarde, salía a la puerta del colegio y ya estaba mi mamá esperándome con la mochila de entrenamiento, me la daba y de ahí me metía al club hasta las doce de la noche. En ese tiempo mi viejo era el técnico de la primera, entonces yo ni quería volver a mi casa y me quedaba ahí… mi mamá se encargaba de la tarea, y yo trataba de quedarme lo máximo que podía.

Cuando llegaste a Instituto, ¿sufriste al principio?

Si, dudé de pegarme la vuelta. Era muy duro, porque era levantarse pensando en básquet y no tener a mi vieja que me cocinaba, yo era muy familiero. Entonces, cuando vine acá me tenía que lavar la ropa yo, comer con chicos que no conocía y extrañaba mucho. Después me fui acostumbrando, reconocí a la gente del club y nunca tuve un problema, así que después se tornó todo más sencillo.

Sos uno de los jugadores más queridos en el club, ¿Cómo te tomas ese mimo de la gente cuando pisas el Sandrín?

Me encanta. Me gusta mucho el hincha de Instituto, porque por ahí salgo a la calle y alguien te grita “¡eh, Reyes!”, y termina siendo uno de la hinchada que siempre trata de mostrarte cariño. Además son muy pasionales y eso me encanta, lo disfruto mucho. Yo por ahí mi primer año no estaba entre los convocados, no jugaba, pero me encantaba venir a la cancha por la hinchada, era increíble cómo cantaban.

Y ahora cuando jugas, ¿se sigue sintiendo?

Sí, se siente. La verdad que es hermoso. Me quedó un partido de la final de la Liga Sudamericana, que era una caldera, había un clima increíble.

Si no hubieses sido jugador de básquet, ¿Qué te hubiese gustado ser?

Yo siempre le jodía a mi papá, porque él ve muchos programas de política, que yo quería ser ministro de Economía (Risas). Siempre me gustaron los números y ahora me estoy enganchando más con esos temas, porque con lo mal que la estamos pasando en el país, quiero entender porqué suceden las cosas. No sé si hubiese sido ministro, pero algo relacionado, seguro.

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