Un estudio sobre estudiantes universitarios en Estados Unidos encontró que el sueño regular es esencial para el éxito educativo en el nivel universitario. A similar conclusión había llegado un estudio español, pero sobre adolescentes.

La vida universitaria con las sesiones de estudio a altas horas de la noche y una abundancia de oportunidades para socializar, parece diseñada para un horario de sueño errático. Sin embargo, una investigación estadounidense sugiere que un patrón de sueño impredecible podría cobrarse su precio en las calificaciones de los estudiantes.

“Nuestros resultados indican que dormirse y despertarse más o menos a la misma hora es igual de importante que la cantidad de horas de sueño que se duermen”, comentó el autor líder del estudio, Andrew Phillips. Phillips, biofísico en la división de trastornos del sueño y circadianos del Hospital Brigham and Women’s, en Boston, hizo sus comentarios en un comunicado de prensa del hospital, publicado por la revista Scientific Reports. El estudio incluyó a estudiantes universitarios a tiempo completo del Colegio de Harvard, que llevaron diarios del sueño durante 30 días.

Aunque el estudio no puede probar causalidad, los patrones irregulares de sueño y vigilia se asociaron con calificaciones promedio más bajas. Los patrones irregulares de sueño también se vincularon con retrasos en las horas a las que las personas se iban a la cama y se despertaban en comparación con unos horarios de sueño/vigilia más normales, dijeron los investigadores.

La melatonina es una hormona que el cuerpo libera para fomentar el sueño. El estudio mostró que la melatonina se liberaba casi tres horas más tarde en el día entre los que dormían de forma irregular.

No hubo diferencias significativas en la duración promedio del sueño entre la mayoría de los estudiantes con patrones de sueño irregulares y los que dormían de la forma más regular.

“Encontramos que el reloj corporal se había desplazado casi tres horas más tarde en los estudiantes con horarios irregulares, en comparación con los que dormían a horas más constantes cada noche”, apuntó el autor principal del estudio, Charles Czeisler, director del Instituto de Salud del Sueño del Hospital Brigham and Women’s.

Los investigadores concluyeron que las intervenciones basadas en la luz, como un aumento en la exposición a la luz diurna, podrían ayudar a mejorar la regularidad del sueño. Tener menos exposición a los dispositivos electrónicos que emiten luz antes de la hora de irse a la cama probablemente también sería útil.

La conclusión de los especialistas estadounidenses, coincide con un estudio español, realizado en 2013 por la Universidad Complutense de Madrid, aunque sobre adolescentes. Decía el trabajo, que “los adolescentes que duermen poco entre semana pero mucho (incluso hasta dos o tres horas  más) los fines de semana registran un menor rendimiento académico y cognitivo que  aquellos que descansan de forma más regular, una situación que se agudiza en el caso de las chicas”.

El trabajo analizó los patrones de sueño, las habilidades cognitivas y las puntuaciones académicas de 796 jóvenes de entre 12 y 16 años. “Las adolescentes tienden a dormir más los fines de semana respecto a los días de semana y comparadas con los chicos, por lo que experimentan un mayor  jet lag social”, afirmó Juan Díaz Morales, profesor de Psicología Diferencial de la UCM y coautor del estudio, publicado en Chronobiology International.

Los expertos denominan jet lag social al desajuste entre el reloj biológico y el reloj social. Una de las formas de medirlo es calculando el punto central de sueño de la semana respecto al del fin de semana. “Es comparable al jet lag del viajero cuando atraviesa varios husos horarios: la tendencia a la vespertinidad (marcada por el reloj biológico) entra en conflicto con el adelanto de la hora de entrar al instituto (fijada por el reloj social)”, explica Díaz Morales.

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