El enfrentamiento principal de las PASO del próximo 13 de agosto se dará entre el vicegobernador Martín Llaryora y el diputado nacional, Héctor Baldassi. La provincia de Córdoba fue macrista en 2015, pero UPC será un duro contendiente. Un tour sobre lo que puede deparar esta particular elección de medio término.

Martín Llaryora (UPC) y Héctor Baldassi (Cambiemos).
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La Galatea

Dijo José Manuel de la Sota que Martín Llaryora se recibió de “dirigente provincial” en las PASO del 11 de agosto de 2013, cuando en la interna del PJ se quedó con el 22,5% de los votos frente a la lista oficialista que encabezó Juan Schiaretti. Tenía 40 años y transitaba su segundo mandato consecutivo como intendente de San Francisco. Había sido concejal y era el presidente del PJ de su ciudad.

Ese mismo año, Mauricio Macri le entregó el diploma de político a Héctor Baldassi tras un taller acelerado de dirigente PRO.  Tenía 47 años y hacía dos que había finalizado una brillante carrera como árbitro de fútbol con más de una década de actuación internacional.  En las elecciones legislativas del 27 de octubre de 2013, la “Coneja”  encabezó sin previa, la lista del macrismo en Córdoba, salió cuarto con el 14,40% de los votos y entró a la Cámara de Diputados de la Nación.

Ver Los candidatos a diputados nacionales de las diez listas cordobesas para las PASO.

Tal como había previsto el presidente hace meses, Baldassi lidera la lista de Cambiemos con la exigencia de ganar las elecciones en la provincia más macrista del país. Su principal desafío es llegar a ser visto como la cara del presidente en Córdoba, sostener la necesidad de “cambio” y obtener como mínimo un 34% de los votos, que es lo que el PRO sacó en las PASO de 2015. Si llega al 40%, será goleador. Aunque su futuro está atado a la suerte de Macri, un triunfo lo ubicaría como un impensado candidato a gobernador de Córdoba, quitándole ese puesto a Ramón Mestre. En cambio, una derrota relegaría su carrera política personal, pero sobre todo sería un golpe fuerte para Cambiemos. Por ahora, la Coneja no tiene carretel propio.

Por su parte, Llaryora llega al primer lugar de la lista de Unión por Córdoba como consecuencia de la autoexclusión de De la Sota. El sanfrancisqueño es el hijo crecido del ex gobernador y de Schiaretti y su principal desafío personal es mostrarse cuantitativamente capaz de liderar el recambio generacional que empieza a mostrarse en el oficialismo provincial. Si pierde, el dominio político de Unión por Córdoba comenzará a verse en declinación y esa factura la pagará él. Si gana, nace un indiscutido candidato a gobernador.

Ambos son nueva generación de políticos. Uno, peronista clásico que coqueteó con Sergio Massa. El otro, macrista, pero podría ser radical, justicialista o conservador. Políticamente cordobeses los dos. Son tipos “normales” y mostrables, con familias típicas, no estruendosos y poco confrontativos. Difícilmente se vean cruces fuertes y descalificaciones en esta campaña. Son respetuosos uno del otro y los dos hablan bien de su contrincante, al menos en público. En el marco de una opinión pública que valora los buenos modales y la “normalidad”, estas son fortalezas compartidas.

FORTALEZAS Y DEBILIDADES

Martín Llaryora, primer candidato a diputado nacional de UPC.

Llaroyra conoce el manejo del Estado –no es un estadista- y su perfil es más ejecutivo que legislativo, pese a su actual cargo de vicegobernador. Pasaría sin riesgo un debate sobre cuestiones de la administración pública. Además de los roles mencionados arriba, fue ministro de Industria de De la Sota. Se muestra sólido en la formulación de  gestión. Es un hombre del partido con vuelo propio, que nunca se apartó del PJ y que jugó todo dentro de la estructura.

Baldassi es limitado en cuanto a las cuestiones públicas y, en ese sentido, un debate abierto sobre cuestiones políticas, económicas, sociales o de administración podría dejarlo vulnerable ante otros postulantes con más formación. Como recurso, el ex árbitro remite todo al deporte. Su principal logro en el Congreso, fue la ley de clubes de barrio. En el PRO, es considerado “inorgánico” y muy de jugar solo, como un árbitro que recorre la cancha con dos lineman, sus asesores. Algo caótico, suele evitar las reuniones políticas. No existe el “baldassismo”

Pero la “Coneja” gana en carisma y en el don de acercarse con naturalidad a la gente, tanto como de permitir que se le acerquen. Saluda, habla y se deja saludar. Garpan el fútbol y sus años de árbitro con fama de justo. Su popularidad es alta, sobre todo en el fragmento de los varones hasta 40 años. En términos del PRO, Baldassi hace populismo con el fútbol.

Llaryora pierde en carisma frente al macrista. Es menos relajado y desestructurado que su contrincante. De perfil abogadil, gana en el factor alocución sin ser un gran orador.

CAMPAÑA

El diputado nacional, Héctor Baldassi (Cambiemos).

Baldassi planteó el tema en una entrevista con La Voz del Interior publicada ayer domingo:  la necesidad de que la UCR, sobre el todo el mestrismo que maneja el partido, trabaje con generosidad  para encumbrar al ex árbitro. Las heridas que dejó el armado de la lista de candidatos, resuelto desde Casa Rosada, es un punto de debilidad para el candidato amarillo. Un Baldassi ganador es futuro candidato, se dijo. Y quién quiere más candidatos.

En todo caso, su principal fortaleza en la campaña será la figura de un Macri con imagen muy alta en Córdoba y un voto ideológico detectado por el consultor Gustavo Córdoba. Es decir, el voto de quien optará por Cambiemos aunque su situación personal haya desmejorado en relación al 2015, para evitar el “regreso al pasado” K y por antiperonismo.  Transparencia-corrupción; convivencia-crispación; futuro-pasado son dicotomías sobre las que se parará seguramente Baldassi, aunque se trate de ejes que en Córdoba, donde no enfrenta al cristinismo, tal vez pierdan fuerza.

En principio, Llaryora no sufriría defecciones en la campaña. Para UPC la gobernación es sagrada y protegerla implica, en parte, ganar estos comicios. El postulante cuenta a su favor con la buena imagen del gobierno de Schiaretti y con la armónica imagen de su relación con la Nación. La lista, con conformación federal y caras nuevas, es una fortaleza.  Pero si la campaña se pone tensa y los números no cierran, el intendente de San Francisco podría encontrarse con que este escenario cuasi bucólico y concentrado en la provincia se convierte en un corset. Hasta ahora, la idea de UPC es fogonear la injusticia de la Nación con los subsidios asimétricos, denunciar que Cambiemos no terminó con el reparto unitario de recursos, propio de Cristina Kirchner, y plantear el federalismo en términos de plata. Todo con garantía de sostener la gobernabilidad y con golpes por arriba de la cintura.

En tanto, una inconmensurable debilidad podría venir del Lava Jato y sus mayores o menores esquirlas en Córdoba.

CONOCER Y VALORAR

Uno de los principales puntos débiles del candidato del UPC es que al menos el 30% de los cordobeses no lo conocen, pese a ser la segunda autoridad de la Provincia. Para algunos consultores es una dificultad a medias, porque su imagen negativa es baja y se supone que todo lo que crezca en la campaña que se avecina será también en buena imagen. Pero es un trabajo a hacer.

El postulante de Cambiemos tiene mejores niveles de conocimiento, aunque consultores sostienen que en el interior y en sectores menos informados, esto es relativo.

En la ciudad Capital, Baldassi tendría una intención de voto del 45% y Llaryora del 29%. El dato es de una encuestadora local y coincide con las históricas dificultades del PJ para hacer pie electoral en esta ciudad. A medida que las mediciones se alejan concéntricamente de Capital, aumentan los números del PJ. Para el consultor Córdoba, ambos contendientes arrancan pares la campaña, con un empate entre el  30 y el 35%. Esto, afirmó, es producto de la salida de competencia de Eduardo Accastello en el espacio Frente Ciudadano.

Con todo, a 50 días de las PASO, hay casi un 30% de indecisos. Y un porcentaje importante de la población ignora que hay elecciones. Mucho tiempo para este primer ensayo de las PASO. Y una eternidad para la función final.

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