La cercanía de las elecciones de 2019 le pone los pelos de punta a medio país, porque -para sorpresa de muchos- el peronismo comienza a ordenarse a partir de los votos.

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

El instinto de supervivencia en el peronismo, es precedente a cualquier otro. Traído un ejemplo desde el futbol, sería como fichar a Lionel Messi, Mbapé o Lucho Suárez en el equipo. Es tener capacidad de gol asegurada. En política, eso se traduce en un dirigente que pueda ganar elecciones. Por eso, a diferencia de otras fuerzas políticas, en el peronismo el orden proviene del poder de fuego, no de las palabras o los acuerdos. Cuando lo definen, lo aceptan todos. Se sabe, no hay nada peor que quedar al margen de los beneficios de palacio. Los leones jóvenes entran en acción sólo cuando ven que “el jefe” ha perdido capacidad de conducirlos a la victoria o cuando no reciben lo que desean, pero eso sucede en el momento del ejercicio del poder, no de su búsqueda, como es en este momento. La candidata que hoy asoma con posibilidades ciertas de arrebatarle el gobierno a Mauricio Macri es Cristina Fernández de Kirchner.

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Desde Sergio Massa que se habría reunido con Máximo Kirchner, hasta Pino Solanas, que es un peronista con modos cinematográficos, que no se habla con Cristina, pero que convoca al resto de los senadores kirchneristas para proponerles unir a todos los sectores contra la derecha y disputar una gran interna abierta para definir las candidaturas, el peronismo y los peronistas abandonan la soledad y buscan la manada.

Sólo quedan cuatro gobernadores abiertamente afuera de esta idea: Juan Schiaretti (Córdoba), Juan Manuel Urtubey (Salta), Gustavo Bordet (Entre Ríos) y Mario Passalacqua (Misiones). Y de todos, sólo el cordobés y el misionero parecen tener tranquilidad en sus distritos, los otros dos comienzan a padecer, al igual que Juan Manzur con José Alperovich, el temor a que CFK termine poniéndoles un candidato de Unidad Ciudadana, que los deje sin el poder local.

Los primeros que entendieron que la mejor carta para la supervivencia era Cristina, fueron los intendentes del conurbano, que primero defienden el arco propio -sus municipios más grandes que muchas provincias- y después buscan poder en otras comarcas. Ahora lo ven de ese modo otros dirigentes provinciales y los imitan.

Sergio Massa, Juan Schiaretti, Miguel Ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey. ¿Será la última foto juntos? Foto: Twitter.

Varias maniobras ayudan a la ex presidenta. Ya recorre el país Felipe Sola, un dirigente que deja sin aire a todos los posibles contendientes peronistas del centro político como Urtubey, Miguel Ángel Pichetto o el propio Massa. A ello se le suma que los dos primeros son desconocidos en la provincia de Buenos Aires y Massa no termina de garantizarle triunfos a “los muchachos” del conurbano. Y si el 9 no viene perfumado con “olor a gol”, no despierta pasiones.

Hay otra jugada paralela que converge. La Mesa de Acción Política del PJ: allí participan un dirigente reconocido hacia adentro del peronismo, como el ex gobernador de La Pampa, Rubén Hugo Marín; uno de los operadores y armadores de La Campora, Wado De Pedro; el presidente de los diputados del FpV y originario de Santa Fe, un distrito clave donde el PJ ya trabaja unido Agustín Rossi,; el titular del PJ bonaerense Gustavo Menéndez; el hombre fuerte de La Matanza, Fernando Espinoza; y dos mujeres que representan el poder del Norte y el Sur: Beatriz Rojkés de Alperovich (Tucumán) y María Emilia Soria (Río Negro).

La foto de la mesa peronista, con Moyano y Héctor Daer en ambos extremos. Foto: Twitter.

Como sucede en estas construcciones, la primera regla es dejar sin aliados posibles a los que quieren estructurar otros armados. En pocas semanas sentaron a la mesa a dos potenciales candidatos a presidente: Daniel Scioli y Felipe Sola. A ellos, se les sumaron dos sindicalistas de polos contrapuestos y centrales a la hora de terciar por el poder: el camionero Hugo Moyano y uno de los titulares de la CGT, Héctor Daer.

No es fácil el tránsito por la fina calle del medio, sobre todo, sin una figura que se convierta en atracción y la ensanche frente a un vecindario populoso a ambos costados. Ese es el contexto hostil para gobernadores como Schiaretti o Urtubey. Por eso, el cordobés ya dedica más tiempo al territorio propio. Lo que pase después depende del primer paso. El peronismo cordobés sabe que en una elección pareja como la que se vislumbra, tendrá algo que decir en la medida que gane en el comicio provincial. Antes de ello, no dirá nada.

EL CONSEJO DE LA MAGISTRATURA

En el Senado, el Interbloque Federal impuso la designación de Miguel Ángel Pichetto (Río Negro) y Ada Iturrez de Capellini (Frente Cívico de Santiago del Estero), como fuerza mayoritaria de la cámara alta. En Diputados, una alianza de peronistas K, peronistas de Sergio Massa, y peronistas de los gobernadores pugna por conseguir la designación de dos diputados por la mayoría: De Pedro o Rodolfo Tailhade (kirchneristas); y Graciela Camaño, jefa del massismo. Con cuatro representantes podrían trabar los “aprietes” del macrismo a los jueces federales que no le son afines.

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