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Las medias de Lavagna, la crisis económica y la “bolsonorización” del presidente Macri
Roberto Lavagna y Miguel Ángel Pichetto, en Pinamar.

El DNU imponiendo la “extinción de dominio”, el protocolo de uso de armas de fuego que permite a los policías más opciones para matar cumpliendo sus funciones, y el apoyo al golpista Juan Guaidó como presidente de Venezuela revelan la estrategia comunicacional de la campaña por la reelección del presidente Mauricio Macri. Corrupción, doctrina Chocobar contra el delito (y la protesta social) y posicionamiento anti-Chavista se instalan de este modo, en el centro del escenario político y social del país.

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Se trata de parte de la agenda no económica con la que el presidente intenta convencer a los argentinos de que debe ser reelecto. Es una agenda anti-populista, que crispa a una porción del electorado, por un lado, pero lo convierte al credo macrista por el otro. Con el correr de los meses, para acentuar la polarización con Cristina Fernández, le agregará que es el único que puede derrotarla definitivamente y pedirá perdón por haber creído que se podía superar rápidamente la “herencia recibida”. Es decir, tratar de pasar la responsabilidad de la crisis económica a CFK y el populismo. Este es el punto más débil del planteo, dado que la sociedad argentina parece creer que la situación actual es obra de Macri y su equipo, por eso se evaporan los niveles de confianza sobre su gestión.

Jaime Durán Barba parece convencido que la crisis económica no es suficiente para terminar con el ciclo Macri. Considera que el electorado no se expresa sólo por la economía y que otros temas más simples y directos pueden ideologizar la respuesta social. Por este camino, cree se puede contener la base electoral no-peronista y penetrar amplias porciones del voto independiente.

Por eso, en una sociedad con escaso debate, aparecen las imágenes simbólicas para producir alineamientos. Con el latiguillo de que “el que las hace, las paga”, intenta hacer una atajo para esquivar la lentitud de la Justicia y construir hechos anti-corrupción y anti-narcotráfico, como la confiscación de activos. Son hechos que están destinados a ser virales y correrán como pólvora, por ejemplo, con cuadros que le fueron secuestrados a CFK. Si es verdad o no es verdad, será harina de otro costal. El objetivo es puramente electoral y exitista.

Con el latiguillo de que “el que las hace, las paga”, intenta hacer una atajo para esquivar la lentitud de la Justicia y construir hechos anti-corrupción y anti-narcotráfico, como la confiscación de activos.

Venezuela ha sido convertido hace largo tiempo en la imagen viva y extrema del populismo y la hiperinflación. Pocos argentinos querrían vivir en el país caribeño, por eso, el presidente pone en escena la palabra mágica, sabe que no hay respuesta contra esa imagen. Cosecha, con esa jugada, el 100% de los puntos.

La foto del ex-titular del Ministerio de Economía, Roberto Lavagna calzado con zandalias y vestido con bermudas y unas medias deportivas media caña, junto al presidente del bloque peronista del Senado, Miguel Ángel Pichetto, que a su vez tenía puestos zapatos de vestir sobre la arena de Pinamar, propone un país desesperado.

Lavagna y la vía del Peronismo Federal (donde se ubica el gobernador Juan Schiaretti) revelan la estrategia oficial de forjar un polo peronista “posible”, alejado del PJ clásico (el sanjuanino José Luis Gioja y la mitad de ls gobernadores peronistas) y el kirchnerismo. Además del discurso, el gobierno necesita que el peronismo no se unifique, porque una tercera vía dividirá votos de CFK y ocupará el callejón del centro, impidiendo su desarrollo en ese segmento de votantes. A su vez, el PJ Federal es inofensivo electoralmente, ya que sus candidatos tienen baja intención de voto y no llegarían al ballotaje. Con Lavagna, se agranda el espacio, pero sigue aún sin poder disputar con los dos grandes jugadores que son el presidente y Cristina.

Como contracara de esa estrategia, el kirchnerismo y parte del peronismo trabajan como eje político, a la “unidad del PJ”. Esto se traduciría en que no haya listas K en la mayoría de las elecciones locales provinciales con el objetivo de tratar de allanar el camino a un eventual acuerdo electoral nacional para las generales de octubre. El éxito de esta decisión depende de las negociaciones con los gobernadores del peronismo federal, que por ahora se sienten más cómodos transitando la tercera vía.

fabian.garcia@enredaccion.com.ar

@garciadelapampa

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