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Las 72 horas en las que los CEOs del gobierno demostraron que no están hechos para la política

Las 72 horas en las que los CEOs del gobierno demostraron que no están hechos para la política

El domingo, el presidente Mauricio Macri mandó a dormir a los argentinos, cuando todavía no se habían conocido ni un solo resultado de las elecciones de las Primarias. El lunes, culpó al peronismo y al electorado que lo votó por la reacción del mercado financiero, los famosos mercados. Ayer, salió a pedir perdón: “Quiero pedirles disculpas por lo que dije el lunes. Dudé de hacerla porque todavía estaba muy afectado por el resultado del domingo, además sin dormir y triste por las consecuencias que tuvo en la economía, pero prioricé atender a la prensa".

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Son siempre las situaciones límites las que ponen a prueba el carácter de las personas. Por cierto, eso sucede en política, economía, deportes, y también en la vida cotidiana. Macri, golpeado por el resultado del domingo, y bombardeado por los mercados el lunes, protestó ofuscado y sin tolerancia a la frustración y tomó decisiones que por el momento han resultado inocuas frente a la crisis.

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El domingo se resistió a que se dieran a conocer los resultados oficiales hasta que pudo, una acción que finalmente quedó superada por la actuación mancomunada del ministro del Interior Rogelio Frigerio y el diputado peronista Wado de Pedro; y el lunes criticó a la oposición por su victoria e intentó volver al rol de candidato en medio de una corrida cambiaria que devaluó el peso 23% en apenas un día. Tampoco mostró reacción frente a la crisis, desoyó al ala política que le pedía ponerse en contacto con la oposición para tratar de enfriar a la economía y este miércoles grabó un mensaje donde pide disculpas por su actitud, pero confiesa las debilidades de un presidente enojado. Esto es, que no soporta perder.

Hasta que ayer habló por teléfono con Alberto Fernández, todo el mundo pensaba que no lo iba a hacer, pese a que casi todo el equipo político lo había urgido, una y mil veces, a dar ese paso.

Al comunicar las medidas, tuvo que retroceder con el congelamiento de los combustibles por tres meses. Apenas lo dijo, le llovieron los reclamos de las petroleras, el gobierno neuquino y el sindicato de los petroleros. El gabinete no había consultado a las petroleras, que son las que tienen que salir del esquema de dolarización que disfrutaron hasta ahora.

Pero, sobre todo, Macri tardó nada menos que 72 horas en decir que había escuchado a la sociedad y su expresión en las urnas. Y el mismo tiempo para comunicarse con el presidente sin corona que es Fernández, porque ganó una elección que no valía más que para confirmar que pasó de pre-candidato a presidente, pero que, frente a la crisis, se convirtió en una elección en serio. En ese contexto, las 72 horas que pasaron, son una eternidad acá y en la China.

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No está solo, Macri. Fuentes legislativas afirman que Marcos Peña, Gustavo Lopetegui, y Nicolás Dujovne tampoco estuvieron a la altura de los sucesos políticos. La presión para rebelarse ante la derrota habría llegado desde el costado político: Frigerio, Miguel Ángel Pichetto, Lilita Carrió, Emilio Monzó y Federico Pinedo, entre otros. Anoche, el gobernador jujeño y radical, Gerardo Morales, y el diputado nacional cordobés, Mario Negri, informaron que la idea del llamado a Fernández había sido de la UCR.

Más allá de las anécdotas, el presidente y sus CEOs -ejecutivos empresarios- demostraron frente a la crisis, una fuerte impericia política. Por lo visto en estas 72 horas, parecen estar hechos para otros desafíos, pero no para manejar las crisis políticas o económicas de un país, que tienen el peso de 100 elefantes sobre los hombros. No se explica de otro modo a los discursos y medidas tomadas a destiempo y sin sentido. También evidencia cierta soledad del presidente, que ni siquiera atinó a eyectar a una parte de su gabinete para renovar el oxigeno luego de semejante derrota política -no sólo electoral-, para tratar de encarar la transición que le resta, con otras posibilidades. Y se sabe, que el poder nunca desaparece, sino que se transforma (o cambia de manos). Macri parece haber quedado a la deriva, sin apoyo de los mercados y de la sociedad y abandonado por los empresarios que antes lo sostuvieron. Estas 72 horas, han dejado desnudos a los hombres y mujeres que alguna vez se jactaron de estar un escalón arriba de la política. Ahora deberán atravesar, así vestidos, los dos meses y medio que faltan hasta las elecciones de octubre.

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