Necesitamos una educación distinta, que haga hincapié en problemas y soluciones reales de la vida a largo, mediano y corto plazo, en ese orden, señala el autor de esta columna. Una serie de ideas para hablar de educación desde otro lugar.

Las épocas no cambian, se transforman; la tecnología avanza, el ser humano evoluciona e involuciona a la vez: Evoluciona cuando se encuentran curas para enfermedades, cuando se encuentran respuestas a viejos problemas o cuando encontramos soluciones a inconvenientes de hace tiempo. Involuciona cuando crea guerras y conflictos que fácilmente se podrían evitar. Lo hacemos todo el tiempo, hasta sin darnos cuenta. La teoría de la evolución sigue vigente, pero tomó otro camino.

Es por eso que nos preguntamos cosas, nos revolcamos en un charco de agua, le ponemos tierra y se hace barro. Es el mismo que parece formarse en la cabeza del que se pregunta el ”¿por qué?” de las cosas que nos suceden a diario.

Hoy en día no hay una política pública que hable sobre sustentabilidad ambiental y que promueva la educación y la inclusión como bases de la sociedad. Se está construyendo sobre pilares inciertos. Y cuando la política se desploma sobre la economía, todo el sistema político, social y educativo entra en conflicto.

Se puede hablar de miles de propuestas de un país, de una provincia, de un municipio hasta de una comuna. Pero si no asentamos bases sobre la educación de nuestros jóvenes es algo absurdo. Respecto a eso es que creo que necesitamos una educación distinta, que haga hincapié en problemas y soluciones reales de la vida a largo, mediano y corto plazo, en ese orden.

MÁS ALLÁ DE LAS NECESIDADES

La necesidad de construir una sociedad inclusiva para que todos cuenten con lo necesario para desarrollar un proyecto de vida acorde a su cultura y convicciones está intacta y a la espera de que alguien la promueva.

El encuentro pasivo con el otro en su conjunto hace que estemos abiertos, seamos diversos y más integrados con la sociedad en la que vivimos.

Debemos conceptualizar a la educación como un camino en donde cada uno pone lo mejor. Se debe entender a la política como la búsqueda del bien común, no como una simple forma de unos pocos para hacerse millonario. Al fin y al cabo nadie se lleva nada de este mundo.

Aprender a valorar la cooperación, dejando de lado la competencia y la obsesión por querer un poco más de eso que no nos hace falta. Debemos buscar estrategias para que nuestros jóvenes se integren cada vez más y mejor entre ellos y a su vez con la tecnología para promover acciones ambientales, sociales y culturales que transformen y centren en el mismo eje a la educación, la cultura y, finalmente, la sociedad.

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