El autor de esta columna analiza la crisis del país y, en particular, la de representación.

El presidente Mauricio Macri en la entrevista con la agencia Bloomberg, donde anunció que irá por la reelección en 2019.

La Argentina está atravesando una grave crisis económica y ello se puede percibir a través de una serie de hechos como la mega devaluación de la moneda nacional, los múltiples aumentos en los combustibles,  una incontrolable inflación (suba en los precios de los alimentos, medicamentos, transporte, etc.), una enorme fuga de capitales, y un endeudamiento externo que pareciera no tener límite alguno, entre otros.

También hay una preocupante crisis social, que se traduce, por ejemplo, en despidos de trabajadores  por miles (tanto en el sector estatal como privado), suspensiones, cierres de pymes y de comercios, destrucción del poder adquisitivo de los jubilados y de los trabajadores, agravamiento de la situación económica familiar de los sectores más vulnerables, y más personas en situación de calle y en comedores.

A todo este triste cuadro de situación, hay que sumarle la mayor de las crisis: la de representación.

A nivel político, el oficialismo se ha vuelto sectario y  pareciera que gobierna en contra del pueblo argentino. Hay una  falsa oposición, dividida por egos y personalismos, que no aporta propuestas, proyectos, o acciones concretas en unidad, que permitan salir a la ciudadanía de este pozo. Hay increíblemente algunos políticos, que en estos momentos están más preocupados de lanzar futuras candidaturas o alianzas electorales, que por trabajar en donde hoy están, para mejorar la vida de los argentinos. Demuestran en definitiva así, que es lo que más les importa.

A nivel sindical, tenemos por un lado, una inexistente C.G.T. nacional, que con su silencio como así también con una postura genuflexa al gobierno nacional,  ha sido funcional a la  dura situación en la que vienen estando los jubilados y los trabajadores en este país. Si tuviera algo de dignidad ese triunvirato, debería convocar inmediatamente a elecciones, y dar un paso al costado.

Asimismo se escucha demasiada pirotecnia verbal por parte de algunos dirigentes sindicales provinciales y nacionales, pero que en concreto no han elaborado un plan de lucha que tenga continuidad y contundencia.

¿Qué están esperando? Hay argentinos, que no pueden comer. Hay jubilados, que no pueden acceder a sus medicamentos. Hay trabajadores que están siendo realmente muy afectados por este ajuste. Hay miles de argentinos que han sido despedidos, y miles que todos los días salen a buscar trabajo, sin tener éxito.

¿Quién, en este país, está realmente pensando en el pueblo y está haciendo algo por él?

Hay demasiadas personas que pudiendo revertir esto están más ocupados de su situación individual, de perpetuarse en el poder, y de seguir acumulando riqueza.

En campaña electoral, muchos políticos prometen de todo. Luego, en los cargos,  no sólo que no cumplen lo prometido, sino que terminan haciendo todo lo opuesto. ¿Les suenan algunas de estas frases? “No los voy a defraudar”. “El que depositó dólares, recibirá dólares”. “En mi gobierno los trabajadores no van a pagar impuesto a las ganancias”. “No venimos a quitarle nada a nadie”. “No vamos a devaluar”. “No vamos a volver al F.M.I”.

Hay sectores políticos y sindicales que  hoy deben demostrar en hechos concretos que están a la altura de las circunstancias. Hay un pueblo, que hoy se siente defraudado, decepcionado y agobiado. Hay un pueblo, que hoy no se siente representado (tanto por dirigentes políticos, como sindicales). Argentina está en crisis. Es tiempo de una rápida autocrítica, porque la patria está en peligro, y es deber de todos el defenderla.

* Carlos Emanuel Cafure es abogado.

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