"La creciente conflictividad social que se da en la Argentina no permite miradas simples y lineales", escribe Juan Carlos Vega en esta columna de análisis sobre la realidad socio-política del país.

Hebe de Bonafini y Anibal Fernández. (Foto Twitter).

La creciente conflictividad social que se da en la Argentina no permite miradas simples y lineales. Un análisis serio exige la mirada de los contextos. Y el contexto de la Argentina de hoy debe ser precisado con todo realismo para evitar sesgadas interpretaciones.

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El reclamo de los docentes por jerarquización funcional y aumento salarial es totalmente legítimo. La participación de Baradel con Hebe de Bonaffini y Aníbal Fernández es ilegítima porque es una clara manifestación de apoyo a la violencia y a la violación del Orden Democrático que consagra el Artículo 36 de la Constitución Nacional.

Esta es la primera vez en la historia Argentina que tenemos cinco recambios presidenciales sucesivos con alternancias (relativas) en el ejercicio del Poder. Ese dato nos debería poner conformes con la Democracia. Pero eso no es así porque las deudas de la Democracia Argentina en estos 32 años son claras y muy fuertes: Alta corrupción desde el Poder, Alta Inflación Económica y Alta Desigualdad en el Ingreso. Estas son las tres principales deudas de la Democracia Argentina con la sociedad y causa de la pobreza estructural que padece más del 30% de los argentinos. Dato que traduce un claro fracaso de 32 años de Democracia.

Porque la Democracia no es sólo un sistema de elección de gobernantes por gobernados que impide la perpetuación en el poder. La Democracia es sobretodo y esencialmente un sistema de valores que consiste en respetar al que piensa diferente. Esa es la quinta esencia de la Democracia. Y es lo que los argentinos todavía no entendemos ni ponemos en práctica. Y aquí aparece la violencia, la prepotencia y la soberbia como expresiones de una política y de una sociedad que no tolera demasiado al diferente. Este es el examen democrático que nos falta por rendir y aprobar a los argentinos. Porque no llegaremos a ningún lado como país ni como sociedad limitando la democracia a elecciones periódicas. Este es el mensaje cultural que desde el Gobierno y de la oposición deberían instalar frente a tantas confrontaciones sin salida.

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Este es el contexto en el que debemos mirar y analizar los conflictos sociales argentinos. Porque la indudable legitimidad del reclamo de los docentes para jerarquizarlos social y económicamente está cruzada hoy por la brutal violencia que compromete a sus dirigentes.

Sin duda que todo contacto y toda simpatía con la violencia debe ser expresamente rechazado por el argentino. No solo por memoria histórica en el sentido de que la violencia nunca ayudó al pueblo. Sino también por razones de orden democrático. Por primera vez la Argentina en su reforma constitucional del ’94 decide rechazar a la violencia como forma de ejercicio del poder. El Artículo 36 de la Constitución Nacional cierra un ciclo histórico argentino que legitimó a la fuerza y a la violencia como valor de norma jurídica y de orden político. A partir de 1994 la norma constitucional argentina criminaliza a la violencia y a la corrupción como modelos de acción política. Violencia y corrupción son crímenes contra el orden democrático para la Constitución Nacional.

Mal favor le hace al reclamo de los docentes la sociedad de sus dirigentes con actores comprometidos con la violencia política y social.

Creo que después de 32 años de Democracia no se puede tener conductas débiles en términos democráticos. El rechazo a la violencia en sus distintas manifestaciones, sea directo o indirecto, expreso o tácito debe ser categórico.  Tanto como el apoyo a la Democracia y a la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia como paradigma de Derechos Humanos.

 Juan Carlos Vega. Ex Presidente de la Comisión de Legislación Penal de la HCDN.

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