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"La ciudad debe conciliar la crianza y cuidado de niños y ancianos, con la vida productiva y social"

"La ciudad debe conciliar la crianza y cuidado de niños y ancianos, con la vida productiva y social"

Lo afirma la arquitecta y urbanista Zaida Muxí al analizar cómo deberían ser las ciudades en las que vivimos. Muxí pone el ojo sobre aspectos vinculados a los diferentes modos de habitar y usar el territorio que tienen mujeres y hombres. Un territorio que, asegura, no está pensado para llevar a cabo una tarea que “la sociedad menosprecia”, y que la arquitecta recupera y pone en valor, como es el cuidado de las personas. “Vivimos en una sociedad que está muy confundida. No se trata de que las personas vayamos todas a trabajar fuera de casa y que se hunda el mundo. El ser humano necesita atención y cuidado”, apunta la especialista en territorio y género, que desde hace tiempo vive en España.

Zaida Muxí  es una arquitecta y urbanista reconocida por su trabajo en el campo del espacio y género. Estudió en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, y se doctoró en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, España. Es docente de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, y codirige el Máster Laboratorio de la Vivienda del Siglo XXI de la Universidad Politécnica de Cataluña. En el marco de su participación en la tercera edición del Seminario-Taller “Mujeres y ciudades: (In) justicias territoriales”, que tuvo lugar en la UNC, Muxí ofreció una conferencia sobre las ciudades y los territorios feministas, y presentó su último libro: "Mujeres, casas y ciudades".

La entrevista que se publica a continuación fue realizada y publicada por UNCiencia, el portal sobre noticias de ciencia y técnica de la UNC.

¿Cómo debería ser una ciudad, desde la perspectiva de género?

Debería ser mixta, compacta, de distancias próximas y con mezclas sociales y de uso. Una ciudad que permita conciliar el trabajo de crianza y cuidado de los niños y ancianos, con la vida productiva y social.

¿Y qué hacemos con las ciudades que ya están construidas y habitadas? ¿Modificando qué aspectos concretos las tornamos menos sexistas?

Asegurando que tengan aceras transitables, que estén bien iluminadas, que los pasos de los peatones sean accesibles y sus tiempos sean lógicos, para que las personas caminen y no para que el coche espere lo menos posible. Luego, pensar en servicios de proximidad, como guarderías de 0 a 3 años cerca de los hogares. Y dotar a los barrios de equipamientos que colaboren con los cuidados y crianzas, como ludotecas, plazas y espacios verdes. También, garantizando la circulación  de personas con movilidad reducida, o de cochecitos, entre otras cuestiones. Esto implica pensar el entorno en función de las diversas necesidades y diferentes capacidades que tenemos las personas.

Plantea un espacio más inclusivo para las personas en general, no para las mujeres particularmente.

Históricamente se nos ha asignado el cuidado de los otros, el mantenimiento del hogar y de las redes sociales. Pero esas tareas no han estado incorporadas a los proyectos urbanos, porque quien ha pensado las ciudades es precisamente el género masculino, que solamente se ha encargado de sí mismo, y de ir y volver del trabajo. Toda la organización del territorio está pensada en función del trabajo productivo que desarrollan mayoritariamente los hombres.

Imagen de la conferencia brindada por Muxí en la UNC.

¿Qué lugar ocupa en la sociedad la tarea del cuidado de ancianos y la crianza de los niños?

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Lejos de lo que nuestra sociedad nos hace creer, que son tareas despreciadas y no valoradas, hay que reconocer que son esenciales para la vida humana, y darles un lugar preponderante. Vivimos en una sociedad que está muy confundida. No se trata de que las personas vayamos todas a trabajar y que se hunda el mundo. O que el rol de género femenino no exista más y que todos nos dediquemos al rol de género masculino. Porque no sobrevivimos. El ser humano necesita atención y cuidado.

En la práctica, ¿cómo pone en valor este trabajo históricamente asignado a las mujeres, que aún cumplen mayoritariamente?

Una manera es que sea objeto de inversión pública, que no solo sea objeto de inversión la gran autopista, sino unas calles y unas veredas en las que se puedan transitar y caminar. O espacios verdes públicos, juegos para niños y niñas, y máquinas para que la gente mayor haga ejercicio. Si, como sociedad, valorizamos el cuidado, que todos hemos necesitado de pequeños y necesitaremos de mayores, esto también hará que quien ha cumplido hasta ahora el rol productivo comprenda que no está perdiendo tanto si se dedica a estas tareas, porque la sociedad las ve bien y las valora.

Cómo sería una vivienda que se adapte a los diversos modelos de familia que existen, y que incorpore los roles de género y a las necesidades de sus integrantes?

En los últimos 40 años se ha perdido la reflexión arquitectónica sobre la vivienda, sobre su uso y función actuales, y se ha reducido a dos dormitorios, una cocina y un salón. Hay que recuperar esa reflexión. La de hoy, es una vivienda mal repetida de la de principios del siglo 20,  cuando se separa la producción de la reproducción, aparecen las grandes fábricas y el trabajo asalariado. Ya desde entonces, en los grandes centros industriales, como Alemania, Viena e Inglaterra, se comienza a pensar en que no hay un único modelo de vivienda. En Viena, por ejemplo, se piensa que las casas pueden no tener cocina, cuando tanto el hombre como la mujer trabajan todo el día fuera. Las necesidades cotidianas, las experiencias y diferentes estilos de vida deben estar integradas en los espacios que habitamos.

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