Es en el juicio que se le sigue junto a Javier Navarro, por atropellar a dos adolescentes en una presunta picada callejera, en 2012. La clave será demostrar que los dos autos competían.

El abogado Carlos Hairabedian y uno de los acusados, Oscar “Sapito” Gómez. Foto: Mariano Paiz.

Por momentos hubo más policías que civiles ayer en la sala de audiencias de la Cámara Cuarta del Crimen, dónde se reanudó el juicio contra Javier “Nina” Navarro y Oscar “Sapo” Gómez, por atropellar a dos adolescentes en una supuesta picada callejera en barrio Ampliación Ferreyra, el 25 de noviembre de 2012.

El clima quedó caldeado desde la semana pasada, cuando al finalizar la primera audiencia, familiares de Gómez se pelearon a trompadas en la puerta de tribunales con la familia de Agustín Balbo, una de las víctimas en el juicio. Casualmente, “Sapito” está acusado de ser el instigador de la muerte de su hermano Emanuel, quien cayó tras ser linchado de la tribuna Willington del Estadio Kempes, el 15 de abril, en el entretiempo del clásico Talleres-Belgrano.

 

“Si se vuelve a repetir nos va a obligar a seguir con el juicio a puertas cerradas”, reprendió al abrir la audiencia el presidente de la Cámara, Jorge Montero. Por eso, la segunda audiencia contó con ajustadas medidas de seguridad, dentro y fuera de la sala. En ese marco declararon los dos primeros testigos, ambos policías: el oficial Rubén Rey, primero en llegar al lugar del accidente, y el oficial Carlos Cruz Peralta, quien esa noche encontró el auto de Gómez, que abandonó la escena del crimen.

 

El debate se inició con la declaración de Navarro, quien confesó su responsabilidad en los hechos de la acusación, pidió disculpas a los familiares de ambas víctimas y ofreció, a criterio del tribunal, un resarcimiento que podría ser del 10 por ciento de su sueldo. Navarro es camionero y tiene un sueldo fijo de 20 mil pesos, según declaró.

 

Luego, la audiencia fue una verdadera puesta en escena, un ida y vuelta de chicanas entre las partes, protagonizadas y motorizadas por el defensor de Gómez, el experimentado Carlos Hairabedian. El foco de sus dardos fue el fiscal de acusación, Marcelo Hidalgo. El ida y vuelta entre las partes subía la temperatura de la sala de tal manera que a la media hora, ya la mayoría de los presentes se había sacado los abrigos y seguían atentos los detalles. El cruce se percibía hasta en nimiedades: “Guarde la valoración para el alegato”, decía el fiscal. “La historia argentina es una sucesión de relatos”, contestaba el abogado. “No, de alegatos”, replicaba el fiscal. “No, de relatos”, decía el otro. Y así.

 

Más allá de las formas, la discusión pasará por si se sostiene o no durante el juicio un dato clave: que ambos imputados de homicidio culposo “competían por un lugar de ventaja, es decir corría una picada”, como acusa el fiscal. Para Hairabedian, ni las pericias accidentológicas ni los testimonios dan cuenta de que haya habido una picada. Por eso acusa al fiscal de “impulsar un nuevo juicio, que no es el que está en el expediente” y de “inducir a los testigos”. Si la picada no se comprueba, Gómez queda en ventaja ya que no fue su Gol verde agua el que atropelló desde atrás a los adolescentes, que iban en moto, si no que fue el Golf rojo de Navarro.

“EL JUICIO HA TERMINADO”

Rubén Rey, el oficial comisionado del caso, declaró durante una hora y media. Relató que estando de guardia vigilando en la estación de servicios Shell de Armas Argentinas y calle Conde, próxima a la intersección con ruta 9 sur, observó a dos vehículos, un VW Golf de color rojo con vidrio polarizado y un VW Gol de color verde agua “salir raudamente de la estación”. Dijo que intentó seguirlos, pero un auto se le cruzó al móvil. Contó que vio cómo los autos avanzaron por la rotonda “a gran velocidad” y se perdieron de su vista “uno adelante y otro atrás”.

 

Tres minutos después, dijo, fue informado por radio de un choque a la atura de la manzana tres de calle Perello. “Cuando llegué había un auto rojo roto, una moto tirada, y vi a los dos chicos”, dijo. “De unas de las viviendas salió un hombre, que dijo ser el conductor. Lo metí al móvil, para proteger su integridad. Comenzó a llegar gente que reclamaban por la ambulancia, que tardó como una hora. Se pusieron nerviosos, empezaron a apedrear el auto y le prendieron fuego”, dijo.

 

Rey también dijo que no pudo quedarse mucho en el lugar porque fue apedreado y ratificó lo que ya había declarado en la instrucción: “No hay testigos presenciales y no pude reconstruir la mecánica del hecho”. En ningún tramo de su declaración, mencionó la palabra “picada”.

 

Cuando Hairabedian escuchó eso, dijo: “Para mí el juicio ha terminado, no voy a hacer más preguntas y solicito que pasemos directamente a los alegatos, sin escuchar más testigos”.  

Peralta fue el segundo y último testigo. También escuchó del accidente por la radiofrecuencia Pero fue, guiado por un testigo, hasta la casa dónde “Sapito” Gómez había dejado el auto, cuando abandonó la escena. Dijo que el Gol Verde tenía “temperatura como de haber estado en marcha recientemente”. “De la casa salió un hombre que dijo ser el dueño. Contó que había estado con su amigo Navarro en la estación cargando gas, que salieron juntos pero que se separaron”, relató Peralta. Esa, es la coartada de Gómez.

El juicio continuará hoy a las 17, con otros tres testigos de los seis que restan declarar. La clave será la pericia accidentológica que, a pedido del fiscal, se completará con los testimonios. Eso, precisamente, es lo que Hairabedian trata de atacar cuando dice que “quiere hacer otro juicio”.

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