Hace 14 meses fue detenido un oficial penitenciario. Un llamado anónimo advirtió que ingresaría a la playa interna de Bouwer un vehículo con drogas. La requisa halló 92 gramos de sustancias prohibidas de muy mala calidad en el exterior del automóvil. El empleado niega toda responsabilidad y asegura que fue “embagallado” por una disputa interna dentro de la fuerza. Los argumentos de la defensa parecen demostrar que no miente. El viernes habrá alegatos y probablemente sentencia.

Carlos Zárate habló con ENREDACCIÓN y remarcó su inocencia.

Dos horas 5 minutos de la madrugada del 16 de agosto de 2017. Horas antes, un supuesto llamado anónimo había advertido al Servicio Penitenciario que ingresaría un vehículo de un empleado de esa institución en el cual se trasladaba droga.

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Se refería al Ford Fiesta Azul que 17 horas antes había estacionado en la playa interna para el personal el adjutor Carlos Zárate, empleado penitenciario con 8 años de antigüedad, y oficial de servicio en la guardia externa del complejo MX1.

Sin aparentemente más datos que la patente del vehículo, y según fue informado oficialmente por el organismo, se convocó al Grupo Especial Antinarcóticos y Requisa (GEAR), cuyo personal concurrió con un can adiestrado. En medio de la oscuridad, e iluminados por las luces altas de dos vehículos de ese grupo, el procedimiento terminó dando positivo.

En el interior del vehículo de Zárate se encontraron 55 mil pesos (acerca de los cuales, él previamente había advertido a los encargados del procedimiento sobre su existencia). Y en el exterior, escondidos bajo el guardabarros, envueltos en cinta y sostenidos con imanes de parlante, se halló un envoltorio con 92 gramos una sustancia compatible con cocaína.

La noticia fue primicia de ENREDACCIÓN, que la informó antes que el propio SPC emitiera un comunicado oficial. Desde ese mismo momento, Zárate quedó detenido, y permanece en Bouwer a la espera de que la Justicia eche luz sobre lo sucedido.

 

Zárate afirma que le “tendieron una cama” colocándole droga en el exterior de su vehículo.

TIEMPO DE DEBATE

Precisamente el 12 de octubre, hace poco menos de dos semanas, comenzaron las audiencias ante la Cámara 11ª del crimen, presidida en sala unipersonal por la jueza Susana Frascaroli. El encargado de la acusación es el fiscal de Cámara Diego Albornoz.

No ha sido sencillo lograr que los empleados penitenciarios que actuaron como testigos se explayaran a lo largo del debate oral. Se ha percibido, más bien, un incómodo silencio casi jerárquico, dominado en algún punto por el temor por las represalias dentro del organismo penitenciario.

A lo largo del proceso, el acusado Zárate varias veces ha insistido en que la droga hallada en su vehículo no le pertenece ni le perteneció. De hecho, a pocos días de su detención, Zárate dialogó telefónicamente con ENREDACCIÓN, enfatizando en su inocencia. “Yo facilité el operativo porque no tenía nada que ocultar”, dijo Zárate, asegurando que por esa razón se allana para entregar las llaves de su vehículo. “Ellos ingresan, sacan la plata de la guantera que yo les avisé y no encuentran nada más”, señaló. La droga, finalmente, aparecería en el exterior del vehículo. Zárate y su defensa aseguran que fue colocada.

Ahora bien, ¿por qué razón alguien querría “embagallar” a un oficial penitenciario?

En su momento, los familiares denunciaron una movida extraña dentro del SPC: “Se lo quisieron sacar de encima”, dijo la esposa. La versión fue complementada por Juan Zárate, quien señaló que su hermano (Carlos) era jefe de Operaciones en esa guardia, y tenía a su cargo personal al que él podía asignar funciones o pedir traslados a otros destinos. En ese marco -y siempre según la versión de los familiares- el conflicto se habría dado cuando solicitó el traslado de un suboficial ayudante Walter Ponce. “Resultó que era un protegido de Ramón Sayavedra, el director del establecimiento”, contó el hermano, apuntando a lo que no dudó en llamar “bandas penitenciarias”, que se encargarían, según su explicación, de administrar y asegurarse beneficios tales como servicios adicionales, destinos, comodidades laborales, entre otras cosas.

EL PLANTEO DE LA DEFENSA

Francisco Lavisse es quien ejerce la defensa formal del guardiacárcel. Su estrategia defensiva se ha basado en desacreditar los puntos sobre los que se apoya la acusación del fiscal instructor. “Hay sobrados elementos para demostrar que realmente Zárate no tuvo nada que ver”, dijo en diálogo con este medio, abriendo paso a una cuidadosa enumeración de elementos probatorios que pretenden echar luz sobre lo sucedido, y que se resumen en ocho puntos.

  1. Bolsa pegada con imanes en el exterior. “La ubicación del envoltorio, en un guardabarros, en la parte externa del auto, nos permite pensar que cualquiera de nosotros, en cualquier circunstancia, podría ser pasible de una acusación similar”, explicó el abogado. Además, según entiende la defensa, si la bolsa cayó con total facilidad cuando fue pateado el guardabarros por uno de los perros, “difícilmente podría haber hecho en ese lugar el recorrido completo desde Villa El Libertador –donde residía Zárate- hasta el complejo carcelario”.
  2. Sin rastros muertos dentro del vehículo. Las pericias con canes adiestrados demostraron que dentro del vehículo no se encontró ningún rastro muerto de sustancias prohibidas.
  3. Perrero convocado antes de que ingrese el llamado “anónimo”. En todo momento se afirmó que la investigación se inició por un llamado que ingresó pasada las 23 horas del 15 de agosto. Sin embargo, en su testimonio, el perrero testimonió que recibió un llamado a las 20,30 (es decir, tres horas antes del llamado “anónimo”), convocándolo para un procedimiento que se haría en la playa interior de Bouwer.
  4. El único dato era la patente, pero lo buscaron por el color. El empleado que recibió el llamado anónimo asegura que el único dato que le dieron sobre el auto que ingresaría con drogas, fue la patente de ese vehículo. Sin embargo, cuando se inició el procedimiento en la madrugada, pidieron a los efectivos que buscaran un vehículo color azul. Todavía nadie puede explicar de dónde surgió ese dato.
  5. Sin huellas. En el envoltorio con mezcla de diversas sustancias, entre ellas clorhidrato de cocaína, no se lograron identificar huellas dactilares de ningún tipo, lo que hace pensar que fue preparado usando guantes.
  6. Lejos de la máxima pureza informada. Cuando fue inicialmente informado el procedimiento, se afirmó que el contenido del envoltorio era cocaína de máxima pureza. Las pericias demostraron lo contrario, detectándose una mezcla de cocaína, procaína, lidocaína, paracetamol, benzocaína, almidón y sustancias reductoras, con un peso de 92,84 gramos. Para el abogado “suena más bien como un rejunte de cosas que se usaron para armar ese envoltorio”. Pese a esta singular combinación de elementos, la Justicia rechazó que el producto secuestrado fuera sometido a una prueba llamada “dosis umbral”, que es la que permite determinar cuánto del contenido es efectivamente droga y cuánto es relleno.
  7. Malestares internos. Durante el debate se logró probar por testimonios que existía un malestar explícito entre Zarate y otro penitenciario que habría actuado bajo “protección” de jerárquicos del SPC.
La pericia sobre las sustancias halladas en el envoltorio determinaron que era una mezcla de diversas sustancias de diferente tipo.

INQUIETANTE PERCEPCIÓN

Pese al abanico de irregularidades y la carga probatoria que en principio deberían actuar para Zárate como garantía de que no se debería avanzar en una condena, tanto él como sus familiares y hasta el propio abogado se muestran preocupados por la decisión que tomará el viernes la magistrada Susana Frascaroli.

El abogado admite percibir “una predisposición de la Justicia para ir por la condena”, y fundamenta sus dichos en diversas señales a lo largo de las audiencias (negativa a dejar constancias en autos ante afirmaciones claves de los testigos, cuando sí se lo hacía ante las observaciones del fiscal y de la propia jueza, además de rechazo a pedido de medidas probatorias y documentales que hubieran actuado en favor del acusado).

Cuando se le preguntan los motivos para esta “predisposición” condenatoria, la respuesta resulta no menos inquietante. “Sostengo eso porque una absolución de Zárate podría terminar en un juicio contra la Provincia por un lado, y luego otro juicio más por haber sido exonerado de la fuerza”, dijo Lavisse. Sobre ello también agrega que el vehículo de Zárate fue incautado por la Justicia y que en la actualidad está siendo utilizado, “no se saber por quién”. Y con la insólita particularidad de que el Ford Fiesta Kinetic dominio NQI 557 “continúa pasando por las cabinas de la RAC utilizando el sistema de telepeaje, que sigue pagando el propio Zárate, encarcelado hace más de un año”.

Carlos Zárate, el empleado acusado de ingresar drogas. Él y su defensa intentaron demostrar que fue “embagallado”.

Además del vehículo, se incautaron los 55 mil pesos que tenía el exguardiacárcel dentro del vehículo, quien en su momento aseguró que era dinero que tenía en su domicilio, y que llevaba consigo porque días antes de su detención habían sufrido un robo en la vivienda.

“La Justicia de hoy lamentablemente se maneja con esos criterios, y tiene que cuidarle la caja a la Provincia, más en tiempos como los que hoy se vive”, sostiene el abogado.

El viernes será la última jornada de audiencias, con los alegatos y pedido de condena. En principio, el fiscal Albornoz sostendría la acusación de la instrucción y pediría una condena por el delito de tenencia de sustancias prohibidas para su comercialización. Por el agravante de tratarse de droga supuestamente destinada a población penitenciaria, el piso de la pena podría arrancar en seis años. “Haremos todo lo posible para que sea una sentencia justa”, dijo Lavisse.

La cuenta regresiva es inexorable, y el penitenciario acusado por vender drogas sin más elementos probatorios que un envoltorio pegado en el guardabarros de su auto, asegura esperar el momento de la sentencia con esperanza. “El viernes voy a hacer uso de la palabra. No me quiero callar más todo esto que está pasando, un sufrimiento en el que estoy inmerso hace un año y dos meses”, le dijo a este medio desde la Cárcel de Bouwer.

Asegura que los meses en prisión han sido muy duros para él y para su familia, pero agradece el trato recibido por sus excamaradas, que ahora eran los encargados de su vigilancia. “Mis compañeros siempre han sabido qué tipo de penitenciario era yo, y eso me ha servido para alivianar un poco todo esto que se vive en una cárcel”, aseguró.

Lo que le resulta imposible de manejar es la cuestión de sus hijos. “No los traigo acá porque no quiero esto para ellos. No quiero que me vean acá”, cuenta el penitenciario. “Yo ese día me levante de cama como un día normal, le cambié los pañales al más chico, entré al dormitorio de las nenas a taparlas y me viene a trabajar como lo hacía siempre. Y nunca más volví a casa”.

El viernes la Justicia deberá resolver si Carlos Zárate fue realmente un empleado infiel dedicado a ingresar sustancias prohibidas, o si en realidad fue un embagallado más, uno de los tantos que en Córdoba han sufrido esa modalidad. Una jueza será la encargada de determinarlo.

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