El especialista español estuvo en Córdoba promoviendo la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU. "Las empresas deben ser responsables cumpliendo con la ley, teniendo un comportamiento ético y siendo transparentes", afirmó.

Juan José Almagro, vicepresidente de UNICEF España, en la UCC. Foto: Sebastián Salguero.
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Juan José Almagro se mueve como pez en el agua en el aula 11 de la Universidad Católica de Córdoba (UCC). Unos minutos antes, docentes y alumnos compartieron con él una conversación que calentó motores cuando arribó al tema corrupción. No es la primera vez que viene y conoce la realidad del país como si estuviera aquí desde hace décadas y en sus intervenciones aparecen menciones de actualidad para explicar sus reflexiones. La entrevista con ENREDACCIÓN será en ese mismo lugar, el jueves pasado por la tarde, luego que respondiera desde su celular los mensajes que había recibido desde el otro lado del Atlántico. Fue, además, el principal orador en un desayuno -que se desarrolló al día siguiente- titulado “La nueva Era de la Responsabilidad Social” y cuyo foco fueron “los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) promovidos por la ONU (Naciones Unidas) como desafío global para empresas e instituciones que quieran ir más allá en su gestión, logrando mayor eficacia y eficiencia”. Fue organizado por la Comisión de Medio Ambiente y Responsabilidad Social Empresaria de la Cámara Española de Comercio, Delegación Córdoba (CECRA), Proética del ICDA (UCC) y Kolektor. Almagro es doctor en Ciencias del Trabajo, profesor de la Universidad de Granada y Alcalá de Henares, vicepresidente de Unicef España y miembro de la Fundación Mapfre.

CUÁL ES LA AGENDA 2030 DE NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE.

La sociedad espera de las empresas respuestas mucho más activas y comprometidas que las esperadas en otro tiempo, donde la responsabilidad era generar riqueza y empleo. Hoy esa misión no alcanza. ¿Por qué?

No, no alcanza. Quien tiene el poder, tiene la responsabilidad. Y hoy, la empresa y algunas instituciones tienen un enorme poder, por lo tanto tienen que ser capaces de desarrollar esa responsabilidad. Eso se consigue, pidiéndole a esas empresas y esas instituciones, que primero cumplan con su deber, para lo que han sido creadas, que den resultados, que creen empleo, sean eficientes e innovadoras, y que tengan productividad. Además de todo eso, hoy la sociedad les pide, desde un compromiso solidario, que ayuden al conjunto a construir un escenario mucho más humano y más habitable. Se espera que la empresa tenga la función social que se le supone.

¿Cómo interactúan las empresas en contextos con baja institucionalidad para alcanzar estos objetivos?

Primero, tratando de cumplir la ley y cuantas obligaciones se derivan de la ley. Luego, teniendo un comportamiento ético, es decir, buscando valores y principios que son de aplicación aquí y ahora. Y además, siendo transparentes. La transparencia es la puerta a la confianza y hoy la empresa y las instituciones son confiables o, probablemente, el público no quiere verlas. Si una institución no transmite confianza, la gente no quiere comprar sus coches o sus servicios. Los objetivos del desarrollo sostenible nos tienen que servir a todos, sea cual fuere, de horizonte común y porque ahí se pueden hacer muchas cosas. No significa que cada uno deba hacer los 17 objetivos a la vez, sino los que cada uno elija, aquellos que son lo más próximos y que pueden hacerse, y por consiguiente se ponga a la tarea.

La incidencia del cambio climático en las condiciones de vida del planeta, obliga a todos los actores a tener comportamientos activos e intensos. ¿Hay disposición a actuar a esa velocidad que se requiere?

El desafío es global. Afecta a todo el mundo, a personas, instituciones, países, ciudades, regiones, empresas. Este mundo va a ser lo que nosotros queramos que sea en 2030. Hay que ponerse a la tarea, invirtiendo en aquellas cosas que dan sentido a la vida: primero, invertir en educación. En definitiva, la fuerza transformadora que tiene la educación, no la tiene ninguna otra institución en el mundo. quizá la persona, los políticos si quisieran, quizá la empresa si se pusiera a la tarea, pero la fuerza transformadora que tiene la educación es tremenda. Invertir en educación es la única forma para acabar con la desigualdad. La desigualdad no se consigue terminar teniendo más o menos dinero, la desigualdad la acabaremos cuando seamos capaces de ofrecer a todo el mundo las mismas oportunidades, haya nacido en Senegal o en Córdoba.

A la par de la educación, ¿qué otros factores considera determinantes para alcanzar los objetivos de la agenda 2030?

La transparencia, que decía es el pórtico a la confianza Otro muy importante, es acabar con la corrupción. La corrupción es una lacra que puede destruir, instituciones, empresas y hasta países. Creo que hace falta voluntad política para conseguirlo. La corrupción nos lleva también a la desigualdad y por eso es tan necesario pelear contra ella y hacer posible que en todos los ámbitos se instale desde la transparencia, que insisto es una obligación, no una humillación, un ámbito amplio de confianza, donde la gente sea capaz, sabiendo lo que le ofrece cada uno, hacer aquello que tiene que hacer. Los corruptos tienen que estar desterrados de nuestra vida. Insisto, luchar por la educación y contra la corrupción y la desigualdad, está en la base de un mundo mucho mejor.

El doctor en Ciencias del Trabajo y especialista en Responsabilidad Social, Juan José Almagro. Foto: Sebastián Salguero.

¿El desarrollo sostenible es posible en todos los países?

Es posible en países cerrados y es posible en países abiertos. Los 17 objetivos del desarrollo sostenible son tan holísticos, que contemplan todas las posibilidades. A partir de ahí va a ser fácil que cada uno acepte aquello que más le convenga o que mejor pueda hacer. Probablemente la globalización, cuyo principal problema no es globalización si o globalización no, sino globalización en base a qué valores y principios. A mí, no me interesa la globalización por sí sola, porque la globalización ha demostrado que en tiempos de crisis lo que hace es incrementar la desigualdad, y si la globalización que ha funcionado, ha sido la financiera, no ha funcionado la globalización que tiene que ver con la libre circulación de personas. Como decía el Papa Francisco: nos hemos instalado en una globalización de la indiferencia, en un mundo interconectado por millones de bites e informaciones que nos llegan de todas partes y en cuestión de minutos, muchas veces no nos compadecemos de las desgracias ajenas, de esos 7300 o 7400 millones de seres que somos aquí. Nos da miedo a los humanos, ahora mismo, la pobreza, nos dan miedo los pobres. No porque vengan de uno u otro lugar, sino porque son pobres y, a lo mejor, es porque no sabemos compartir con ellos.

Compartir es una palabra clave en Responsabilidad Social, ¿cómo resuelven las empresas compartir su destino con las comunidades en donde operan?

Compartir es compromiso. No podemos hablar de Responsabilidad Social, si no hablamos de cumplimiento de la ley, de comportamiento ético y de transparencia. Pero una vez que llegamos ahí, la responsabilidad social, es compromiso de todas las partes interesadas, y comunicación. En qué sentido hablo de comunicación: La que representa involucrar a todo el mundo en el proyecto común. Si no somos capaces de involucrar a todas las partes en el proyecto común, no habrá comunicación y por lo tanto tampoco habrá compromiso.

Las empresas suelen ser socialmente responsables en sus puntos de origen, pero no en todos los países donde desarrollan sus operaciones, ¿es sostenible esta conducta?

Eso ocurre. Se resuelve poniendo de relieve la disfunciones que se producen. Por ejemplo, como sucedió hace unos años, cuando se hundió El Rana, en Bangladesh, ese edificio que albergaba a miles de personas que trabajan para firmas textiles multinacionales de todo el mundo. Primero hay que asumir que eso está ocurriendo y ponerlo en medios para que eso nunca más vuelva a ocurrir. Que se sepa. Y que se sepa hace que la gente gane confianza en esa misma firma, si las firmas se callan y no hacen nada, la gente dejará de tener confianza en ellas. A mí me consta que cuando ocurrió lo del Rana, inmediatamente todas las grandes multinacionales se pusieron de acuerdo con los sindicatos afectados en Bangladesh y nunca más va a volver a ocurrir eso. Ojalá que nunca más vuelva a ocurrir. Está claro que las multinacionales tienen que ser capaces de cumplir en sus países sede los principios de responsabilidad social y trasladar esos mismos principios a los países en los que operan, si no, no podemos hablar de responsabilidad social, porque no se pueden tratar con diferentes varas de medición cosas tan importantes como el compromiso, la transparencia, y el comportamiento ético.

VER LA HISTORIA DE EL RANA, EN BANGLADESH.

ALMAGRO EN CUATRO DEFINICIONES

 -“Hay empresas que tienen un enorme poder, y tienen que ser capaces de desarrollar esa responsabilidad”

-“Las empresas deben ser responsables cumpliendo con la ley, teniendo un comportamiento ético y siendo transparentes”

 -“Nos da miedo la pobreza y no sabemos compartir con ellos”

-“Las multinacionales tienen que ser capaces de cumplir en sus países sede los principios de responsabilidad social y de trasladar esos mismos principios a los países en los que están operando.

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