"Estos son los tres fracasos mayores de la democracia argentina en 34 años", afirma su autor en este análisis.

Inflación, corrupción y pobreza entre las grandes deudas de la democracia argentina.

Estos son los tres fracasos mayores de la democracia argentina en 34 años. Y son la causa central de las cíclicas crisis económicas que enfrentamos los argentinos desde 1975. Son tres fenómenos que están integrados de un modo tal que con mayor inflación hay mayor corrupción y hay mayor pobreza. Pretender que las crisis económicas argentinas sean solamente de origen económico es ingenuidad suicida o mala fe política. Ningún análisis riguroso resiste el simplismo economicista.

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Las políticas monetarias de cambio fijo y oficial o de cambio flotante de mercado en nada modificaron la realidad del argentino. La inflación fue la misma, la corrupción fue la misma y la pobreza se mantuvo en tres dígitos.

De muy poco sirven cambios ministeriales o acuerdos con organismos multilaterales de crédito si no hay un cambio en el modelo de país que implique un cambio cultural y un plan de desarrollo del país al menos a diez años con políticas públicas consensuadas por todo el arco político y empresarial.

LA CORRUPCIÓN ES UNA ESTRUCTURA DE PODER BASADA EN ECONOMÍA

El argentino debe entender que los que luchamos contra la corrupción no hacemos religión ni poesía. Estamos haciendo política y economía. La corrupción es una estructura de poder basada en tres sistemas: el poder económico, en especial el de la patria contratista, el Poder Judicial y el poder político.

Estos tres sistemas de poder funcionan en Argentina y en general en toda América Latina y del Caribe, de manera ordenada y armónica. Esta es la estructura que se debe desarmar para terminar con la decadencia de una inflación descontrolada y de un déficit fiscal descontrolado y de una corrupción descontrolada.

Esta es la estructura que se debe desarmar para terminar con la decadencia de una inflación descontrolada y de un déficit fiscal descontrolado y de una corrupción descontrolada.

Pero la lucha debe ser integral y sistémica. Ninguna reforma al Código Penal por sí sola va a servir, como tampoco sirve ningún cambio ministerial o ningún cambio de políticas monetarias. De manera aislada y solitaria ninguna política económica o penal sirve.

Se imponen reformas integrales presididas por ejemplaridad moral de los gobernantes, de los empresarios y sobre todo de los jueces.

LA DESCONFIANZA DEL ARGENTINO EN LA JUSTICIA ESTÁ EN LA BASE DE LA INFLACIÓN

El informe del Colegio de Abogados de Córdoba sobre desconfianza social en la Justicia, basado en tres encuestas realizadas en un periodo de 20 años, muestra la dura realidad de que el 82% de los argentinos declara tener escasa, baja o nula confianza en la Justicia. Los sindicatos y la Justicia son las dos instituciones más desprestigiadas socialmente en la Argentina del 2018.

Esa desconfianza social en la Justicia tiene claro impacto en la inflación y en la economía. Una sociedad que no confía en la ley y en la Justicia no puede tener confianza en su moneda. Tan sencillo como eso. Y la inflación es pérdida de confianza en la moneda.

Esa desconfianza social en la Justicia tiene claro impacto en la inflación y en la economía. Una sociedad que no confía en la ley y en la Justicia no puede tener confianza en su moneda. Tan sencillo como eso. Y la inflación es pérdida de confianza en la moneda.

Es técnicamente imposible recuperar confianza en la moneda argentina si no se recupera la confianza en la ley y en la Justicia.

“La Justicia es a las sociedades lo que la verdad es a los sistemas de pensamiento”. Esta definición de John Rawls en Teoría de la Justicia no es una simple frase poética. Los fracasos de la democracia argentina tienen como última causalidad los fracasos de la Justicia.

EL COSTO ECONÓMICO DE LA CORRUPCIÓN

En el informe sobre desconfianza social en la Justicia del Colegio de Abogados de Córdoba se precisa que el costo directo de la corrupción medido en función de sobreprecios en la obra pública asciende a 2 mil millones de dólares anuales. Y el costo indirecto de la corrupción que surge de la tasa riesgo país y de los sobrecostos en concesiones de servicios se estima en otros 2 mil millones de dólares anuales.

Es cierto que el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dejó un país quebrado con muy alta corrupción, con muy alta inflación y con cero reservas en el Banco Central. Pero el Gobierno de Cambiemos no cambió el fondo de nada. La inflación y el déficit fiscal siguen su curso histórico. Solo agregó un decorado anticorrupción que poco impacto tiene en el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional.

Es cierto que el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dejó un país quebrado con muy alta corrupción, con muy alta inflación y con cero reservas en el Banco Central. Pero el Gobierno de Cambiemos no cambió el fondo de nada. La inflación y el déficit fiscal siguen su curso histórico.

Un cambio real comienza desde la política. Ejemplaridad moral que significa básicamente tres cosas: 1. La suspensión inmediata en el ejercicio de funciones para cualquier funcionario procesado por actos de corrupción o lavado de activos. Sea funcionario designado o elegido por el voto popular; 2. La prohibición para cualquier funcionario nacional, provincial o municipal de tener activos monetarios o no monetarios depositados en paraísos fiscales; 3. El fin de la inmoralidad del privilegio de no pago de ganancias por parte del Poder Judicial.

Esas tres medidas sí que serían creíbles por parte del argentino común. Y con ellas se lograría recuperar confianza en la Justicia, en las instituciones y en la moneda. Sin ellas nada sirve. El problema argentino es político y cultural. Lo económico es la manifestación del problema y no el problema en sí.

ARGENTINA, UN PAÍS VIVIBLE

Esta deuda que la democracia tiene con la sociedad va más allá de partidos políticos. En realidad, el mayor responsable es el partido que más tiempo nos gobernó, es decir, el peronismo. No deja de ser una paradoja trágica que Argentina siga siendo uno de los 35 países en el mundo considerados más vivibles. No deja de ser una paradoja que al lado de este fracaso histórico de gobiernos democráticos en luchar contra la corrupción, contra la inflación y contra la pobreza, Argentina sea el país de habla hispana que más Premios Nobel tiene. Que tengamos alto desarrollo en biogenética, en siembra directa, en energía nuclear, en construcción de satélites y que nuestro cine sea admirado en el mundo. Y recuerdo estos hechos para no caer en la desesperanza.

LA TESIS DEL ORDEN / CAOS COMO TENDENCIA DEL VOTO POPULAR

Esta tesis la desarrolló Norbert Lechner de Clacso en la década de los 90. Tuve el privilegio de trabajar con él en sus años en Córdoba. Esta tesis muestra que el voto popular siempre se inclina por el orden y siempre escapa de candidatos que expresan el caos. Mauricio Macri ganó la última elección porque expresaba el orden frente al Caos del cristinismo. Néstor Kirchner había ganado en el 2003 porque expresaba el orden frente al caos del default de deuda del 2001.

Mauricio Macri ganó la última elección porque expresaba el orden frente al Caos del cristinismo.

En la Argentina del 2018 no existe ningún partido político que exprese el orden. Que nos proponga a los argentinos un modelo de país y tenga propuestas de políticas públicas a diez años. La política en Argentina hoy se reduce a confrontaciones de miedos recíprocos.

El kirchnerismo construye su poder basado en la descalificación del adversario político y algunas conquistas sociales como el matrimonio igualitario. Pero la realidad es que nos dejó como herencia un 35% de pobreza y el asesinato de un fiscal de la República que investigaba a la Presidente de la Nación como encubridora del atentado a la AMIA.

Por su parte, el macrismo nos ofreció a los argentinos un gobierno de gerentes eficaces y conocedores de la economía que en dos años nos llevaron a pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional.

Hasta ahora no hay ni partidos ni candidatos para las elecciones del 2019 que expresen el concepto del orden.

Hasta ahora no hay ni partidos ni candidatos para las elecciones del 2019 que expresen el concepto del orden. Y el orden en una Argentina descreída y enojada con sus instituciones, como es nuestro país en el 2018, comienza necesariamente con ejemplaridad moral y fuertes condenas legales a delitos del poder político y del poder económico. En Brasil hay más de 150 condenas firmes por corrupción de empresarios y políticos y de cumplimiento efectivo. En Argentina solo seis prisiones preventivas y ninguna condena firme, ningún recupero de bienes robados por la corrupción.

* El autor es abogado y ex presidente de la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados de la Nación.

* Este artículo de análisis y opinión fue publicado en Infobae.

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