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[Historias de 64 casillas] Marshall, la partida de las monedas de oro y el empate que me negó Karpov

Miércoles 30 de Septiembre de 2020

[Historias de 64 casillas] Marshall, la partida de las monedas de oro y el empate que me negó Karpov

El título de la nota es una mezcolanza de cosas, pero tiene su explicación. Vamos por partes.

En primer lugar, nos referimos a Frank Marshall del que este mes se cumplen 143 años de su nacimiento (10 de agosto de 1877), y es uno de los más grandes jugadores que ha dado Estados Unidos.

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Aunque nunca llegó a ser un aspirante serio al título de campeón mundial, por Marshall (y ajedrecistas como él) se dice que el ajedrez es un juego de caballeros. Y lo ilustra un gesto: pese a haber ganado el campeonato de los Estados Unidos en 1904, se negó ostentar ese título pues el mejor jugador de entonces, Harry Pillsbury, no pudo jugar el torneo a causa de una grave enfermedad que dos años más tarde lo llevaría a la muerte.

Carranza en el Marshall Chess Club, en Nueva York, en 2018. (Foto: Juan Carlos Carranza).

Harry Golombek, en su Enciclopedia del Ajedrez, una obra clásica para los amantes del juego ciencia, definió a Marshall como un jugador romántico, de ataque, que admiraba a Jack Dempsey. Y al igual que el peso pesado estadounidense, a quien nuestro “Toro de las Pampas” Luis Ángel Firpo lo sacó del ring en el primer asalto, a Marshall le gustaba dejar fuera de combate a sus oponentes lo más rápido posible.

Manula

“Hago mía la vieja creencia de que la mejor defensa es un buen ataque”, decía Frank y era coherente con las estrategias que utilizaba en sus partidas. Hasta el día de hoy es muy famoso su “Ataque Marshall” para hacer tambalear la Apertura Española.

Además, tiene otra receta venenosa en la Defensa Siciliana, que también lleva su nombre, el Gambito Marshall, que este periodista temerariamente le planteó al mismísimo Anatoli Karpov en el impasse de una entrevista en Buenos Aires en 2010. Pero no quiero adelantarme a esos hechos todavía.

DOS VERSIONES DE UNA HISTORIA

Su particular estilo arriesgado llevó a Marshall a producir lo que muchos consideran la jugada más maravillosa de la historia del ajedrez. La cuestión es que el remate de su partida contra Stepan Levitsky (este con piezas blancas) produjo tanta excitación entre los espectadores que estos comenzaron a arrojar monedas de oro sobre el tablero.

Por eso, este encuentro es recordado como “la partida de las monedas de oro” y fue jugado en Breslau en 1912, en el que Marshall, precisamente, planteó su “gambito siciliano”. El propio Frank cuenta en sus memorias (My Fifty Years) que los hechos ocurrieron tal como lo contaban todos.

La vitrina con la historia de la "partida de las monedas de oro". (Foto: Juan Carlos Carranza).

No obstante, hay otra versión, menos espectacular, contada por Andy Soltis en su libro Frank Marshall, campeón de la Estados Unidos, una biografía con 220 partidas. El autor cita a Walter Korn, quien en America’s Chess Heritage refiere a que en realidad las mentadas monedas de oro fueron producto de una apuesta que hicieron Alexander Alekhine (futuro campeón mundial en 1927) y un tal Saburov en favor de Levitsky.

Cuando Levitsky -considerado por Mijail Chigorin en ese momento como la “esperanza rusa”- inclinó su rey en señal de rendición, Alekhine y Saburov arrojaron un monedero sobre el tablero en pago de la apuesta.

Más allá de las versiones encontradas, la jugada 23… Dg3!!! (la Dama negra mueve a la casilla g3 del tablero) es un himno a la creatividad y a la belleza ajedrecística, una obra de arte. La Dama se coloca en posición de ser capturada de tres formas diferentes, dos de ellas llevan al jaque mate y la restante a una ventaja decisiva.

DE VISITA POR LA CASA DE MARSHALL

En mi último viaje a New York, en septiembre de 2018, logré convencer a mi familia de que visitar el Marshall Chess Club era una cita obligada de cualquier turista en Manhattan. Lejos de creer semejante historieta, mi mujer y mis dos hijos aceptaron ir hasta 23 West 10th Street en pleno Greenwich Village.

El edificio de dos pisos donde se asentó definitivamente el Marshall Chess Club (fue fundado en 1915), es la antigua vivienda del campeón estadounidense, quien lo administró como una entidad sin fines de lucro hasta su muerte en 1944 luego de lo cual la dirección quedó a cargo de su esposa Caroline.

Pertenencias de Frank Marshall. (Foto: Juan Carlos Carranza).

Para cualquier ajedrecista, entrar al Marshall Chess Club equivale a embriagarse de la historia del ajedrez. Allí está registrada con imágenes la participación de Bobby Fischer cuando jugó el Torneo Memorial Capablanca en 1965, enviando sus jugadas por teletipo porque Washington le impidió viajar a Cuba. O más acá en el tiempo puede verse la mesa exhibida en la que jugaron el actual campeón del mundo Magnus Carlsen frente a su retador Sergey Karjakin en 2016. También están destacadas las membresías de Stanley Kubrick y de Marcel Duchamp.

Y, por supuesto, hay una vitrina dedicada a la “partida de las monedas de oro”.

PROBANDO EL GAMBITO CON KARPOV

Para finalizar a esta historia vamos a volver en el tiempo: agosto de 2010. Es un relato que he contado en varias oportunidades, pero se entrelaza con la historia de Marshall. Ocurrió en la ciudad de Buenos Aires y fue fiel testigo el maestro internacional Guillermo Soppe.

En aquella oportunidad, el ex campeón mundial vino al país a promocionar su candidatura a presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (Fide). Contaba con el respaldo de Daniel Scioli, entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y gran entusiasta del ajedrez.

El encuentro con la prensa se concretó en las oficinas de la Secretaría de Deportes, en la ciudad de Buenos Aires. Los organizadores hacían entrar a los periodistas en tandas de tres. Yo era un enviado de La Voz del Interior y me tocó pasar con dos colegas que apenas si sabían mover las piezas. “Preguntá vos”, me dijeron a coro.

Karpov nos esperaba sentado junto a una mesa en la que se había dispuesto un tablero con sus respectivas piezas. El ex campeón estuvo muy predispuesto para la charla y una vez terminada la entrevista, como lo noté tan animado, me atreví a pedirle su opinión sobre la variante Marshall de la Defensa Siciliana, una de mis armas predilecta con piezas negras (mal llamada por mí, como la “Variante Carranza”).

Soppe, sin poder creer lo que estaba viendo, fue testigo de aquella escena. “I play this… (Yo juego esto)”, le dije a Karpov en un perfecto inglés, una vez que hube dispuesto la posición sobre el tablero. “It’s like a French Defense… (es como una Defensa Francesa)”, dijo el ruso.

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En ese momento, le hice notar a Karpov que, si bien el esquema tenía similitud con la Defensa Francesa, el planteo era un claro intento de despistar a mis rivales. No sé cómo fue que pasó, pero a los pocos segundos el ruso empezó a jugar, dispuesto a refutar el esquema.

En ese momento, uno de los funcionarios de la Secretaría de Deportes se asomó a la sala donde jugábamos con Karpov desconcertado por el largo tiempo que se había extendido la entrevista. Cuando comprobó que en realidad la charla había terminado hace rato exclamó: “Vamos terminando muchachos, que hay otros periodistas esperandoooo…”.

La partida estaba en su mejor momento. Pero ante el apremio del funcionario y la imposibilidad de concluir la partida, ofrecí el empate a Karpov. “I offer draw”, le dije extendiendo la mano. Pero luego de unos segundos de reflexión, Anatoli me estrechó su mano y me contestó con un lacónico: “No”.

La mal llamada “Variante Carranza de la Defensa Siciliana”, creación del recordado Frank Marshall, quedó inconclusa, como aquella sinfonía tan famosa.

[Datos] Frank James Marshall nació en Brooklyn el 10 de agosto de 1877. Murió el 9 de noviembre de 1944, en Greenwich Village, Manhattan. Fue campeón nacional entre 1909 y 1935. Desafió al campeón mundial Emanuel Lasker en 1907, con quien perdió 11,5 a 3,5.

[Bonus track] Su famoso gambito contra la Apertura Española debutó contra nada menos José Raúl Capablanca, en el Torneo de New York en 1918. A pesar del sorprendente ataque, el genial cubano supo refutar el embate y se alzó con la victoria.

(*) Juan Carlos Carranza es periodista especializado en ajedrez.

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