La autora cordobesa presenta La boca roja del Riachuelo. Será éste 25 de julio. Escribe desde Córdoba y cruza en sus libros la historia, el amor y el país. “Me gusta ser el interior”, dice.

La escritora Graciela Ramos. Foto: Gentileza.

Son temas muy fuertes los que toca la novela y al ver que todavía ocurren en la realidad, la novela toma vida, porque si prendes la TV. todo eso que cuento se ve en los noticieros”, le dice Graciela Ramos a ENREDACCIÓN. Se refiera a La Boca Roja del Riachuelo (Suma de Letras, 2017) en la cual aborda la trata de personas y la Semana Trágica.

La escritora cordobesa cuenta que eligió este tema cuando terminó su libro anterior, Los amantes de San Telmo. “Me quedó letra en el lápiz”. Además, suma en su bibliografía: La Capitana, Lágrimas de la Revolución, y Malón de amor y muerte.

También escribió un libro para chicos: El juego de la conciencia. Fue su debut en el mundo literario y el momento en que decidió abandonar su lugar como ejecutiva en empresas multinacionales.  “Nada es casualidad. Es una nena de 12 años que viaja al mundo de la conciencia y entiende cómo funciona el mundo… Es totalmente autobiográfico, no creo en las causalidades, si pasó tenía que suceder”, comenta.

La lectura de libros de autoayuda fue parte del proceso que encaró Graciela para tomar la gran decisión de dedicarse a escribir. El click lo hizo cuando vio a su hija caminar por primera vez en un aeropuerto. “Ella tenía dos años y me la jugué cuando tenía ocho, mirá el tiempo que me llevó. Es un trabajo interno muy fuerte, no es fácil,  pero no imposible. Además, no es sólo cambiar de rubro, sino que te vaya bien rápidamente, para eso tuve que despejar los miedos y manejarme desde otro lugar para poder logarlo, transitar un camino hermoso en la literatura y ver crecer a mis hijos”. Tiene 52 años y es mamá de María Calendaria (17) y Augusto (13).

Por eso, su rutina comienza bien temprano a la mañana. “No porque me gusté madrugar, sino porque les preparo el desayuno a mis hijos”.  Luego, escribe hasta las dos o tres de la tarde, en que sirve el almuerzo y a la tarde sigue escribiendo o investigando hasta la noche. “Soy una laburante de la escritura, más escribiendo novela histórica. Hasta me borro de mis amigas, porque siempre estoy escribiendo y es un oficio bastante solitario”, cuenta.

Si bien no tiene recomendaciones para leer su reciente novela, desea que “entretenga,  emocioné y dejé un mensaje en la persona que la lea. Deben leer a corazón abierto,  entregado a la lectura, así lo hago yo. Como creo que la persona que lee se entrega al libro, le pido a la novela que les dejé algo. Por eso, mi libros tienen finales felices, no me permitiría que no lo tuvieran”.

¿Cómo es el camino de investigación?

Estoy constantemente investigando. Además, cuando salgo a promocionar el libro me sorprenden  personas que saben que estoy trabajando en un tema y me aportan datos, por ejemplo hace poco me encontró un anarquista, un señor mayor que me contó desde su lugar esta parte de la historia. A esta persona no la busqué, todo se va acomodando en el camino de una.

¿Por qué elegís el género histórico?

Es un hobby la historia. Todas las novelas mías la incluyen. Me gusta recorrerla, interpretar la historia desde la persona común, la que no tiene participación política. Me sale de esa forma, me gusta traer a las personas no conocidas, no nombradas. Lo mismo que los puntos no tan conversados o que no están en los libros de historia. Lo que pasaba en la cotidianeidad no son puntos contados, me gusta nadar por esos baches.

¿Y por qué el amor?

Es parte de la vida en todos los estratos sociales, desde el amor paternal al de pareja. Para mí una novela tiene que tenerlo si o si, no me imaginó una historia sin el amor que la cruce. Me gusta contar también el amor, por ejemplo, entre un oligarca y una chica humilde, para  interpretar en todos los sectores cómo se amaban, cómo convivían.  No puede existir una novela sin el amor.

¿Hay un boom lo de la novela histórico romántica?

Me parece que sí. También tiene que ver con los lectores. El lector hace a el escritor, cuando el lector lee y sigue leyendo, el escritor puede seguir surgiendo. Creo que siempre existió, pero ahora las personas nos animamos más a decir que leemos el género. La tecnología  y las redes han abierto un poco eso. Antes, estás novelas se leían con otro libro arriba, no era intelectual leerla, hoy ya no pasa. Las chicas que leen hacen grupos y embanderan, por eso las aplaudo, porque se animan más a decirlo.

¿Y los hombres?

Los lectores hombres me cuentan que me leen, pero no lo dicen en público, y bastante. Los atrapa la parte romántica, pero ellos van a decir que la histórica. Sin embargo, siempre están mirando a la mujer, por se enganchan.

¿Qué pasa en Córdoba que la mayoría de las escritoras del género son de acá?

Creo que es que las lectoras cordobesas leen escritoras cordobesas. Eso es el primer motor. Por supuesto, hay lectores que prefieren escritores de afuera o de renombre. Nosotras venimos de distintas editoriales, desde la más grande a la más chica, y las lectoras cordobesas están ahí leyendo, acompañando, eso da cuerpo y fuerza a que salgan de aquí para otros lados.

¿Todo el tiempo te aparecen historias?

Las historias me controlan. Tengo historias en cola, nunca tuve la hoja en blanco. En este momento, tengo cuatro proyectos, porque vengo investigando de cuatro cosas distintos. Por eso, me armó estos cruces que meto dos temas. Han sido tantos años reprimiendo, que ahora quieren salir todas juntas.

¿Cómo decidís con cuál quedarte?

Me manejo mucho por el instinto y conversó mucho con Gabriel, mi esposo de toda la vida, le cuento “tengo esto en mente” y él me ayuda. Él es arquitecto y amante de la historia, siempre esta enriqueciéndome, y en las decisiones también. Pero le doy prioridad a la intuición.

¿Alguna vez un personaje tomó vida por demás?

Sí, me paso en esta novela y de una manera tan rara. Hay un personaje que se llama Moncho, que es feo y analfabeto, y de golpe cuando voy novelando la historia me doy cuenta que el principal era un pavo y en cambio Moncho era querible. Él tenía que morir en la primera versión, pero tuve que reescribir varias veces, porque este Moncho tomó vida propia y quería ser protagonista. Me pasó fuerte, me gusta y me divierto cuando relajo cada personaje  para  que sea quien tiene que ser.

Para agendar

Graciela Ramos presenta su nueva novela La boca roja del Riachuelo este Martes 25 de julio, a las 19 horas, en Salón Las Sierras del Sheraton Córdoba Hotel (Duarte Quiróz 1300).

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