El cabo Esteban Goico asesinó a un automovilista que intentó huir de un control, en 2013. Deberá cumplir 10 años y 8 meses de cárcel, una vez que la sentencia quede firme.

Un patrullero de la policía cordobesa. Imagen ilustrativa. (Web).
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El cabo de la Policía de Córdoba, Esteban Goico, fue condenado a 10 años y 8 meses de prisión por el asesinato de Luciano Chávez, de 29 años. El efectivo seguirá en libertad hasta que la condena quede firme, según lo estableció la Cámara 1ª del Crimen, que dictó la sentencia por mayoría.

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En caso sucedió el 8 de febrero de 2013. Esa noche un patrullero se detuvo a controlar un Volkswagen Vento con vidrios polarizados estacionado cerca de la plaza Rivadavia de Alta Córdoba. Cuando los uniformados se acercaron, el acompañante bajó del auto y huyó corriendo. El conductor arrancó el vehículo y aceleró. Según la acusación, para evitar que el sospechoso escapara, Goico sacó su pistola y realizó un disparo de “advertencia”. La advertencia entró por la espalda de Chávez, causándole la muerte.

En su alegato, la fiscal de Cámara Dolores Romero Díaz había solicitado 11 años y medio de cárcel. Ayer, al salir de la audiencia, la funcionaria dijo: “No sabría decir con tanta certeza si se trata de un caso de `gatillo fácil”. Según Romero Díaz, “los casos de `gatillo fácil´ tienen determinadas connotaciones, entre ellas un claro desprecio por la vida del otro una situación donde se advierte que se va a matar y sin embargo se acciona”.  

En lo que va de 2017 efectivos de la Policía de Córdoba asesinaron a 17 personas, en 9 ocasiones, los funcionarios se encontraban de civil.

La fiscal basa su polémico argumento en la hipótesis que guió la investigación en un principio: exceso en legítima defensa (luego cambió de carátula). Aunque finalmente la sentencia fue por homicidio agravado por el uso de arma de fuego y por su condición de uniformado, con dolo eventual.

La plaza Rivadavia, en el barrio de Alta Córdoba.

QUÉ ES GATILLO FÁCIL

Más allá de las explicaciones de la fiscal, el “gatillo fácil” no existe como tal en el Código Penal, pero si se popularizó como la manera de llamarle a la más extrema de las violencias que ejerce la fuerza policial.

Se llama “gatillo fácil” a los asesinatos cometidos por agentes de las fuerzas de seguridad estando o no en ejercicio de su cargo como resultado de la utilización arbitraria y excesiva de la fuerza.

Se llama “gatillo fácil” a los asesinatos cometidos por agentes de las fuerzas de seguridad estando o no en ejercicio de su cargo como resultado de la utilización arbitraria y excesiva de la fuerza.

Visto así, y evitando los eufemismos, la muerte de Chávez fue una verdadera ejecución sumaria: una demostración de cómo, en ocasiones, las fuerzas de seguridad trata a los sospechosos como delincuentes y a estos como condenados a muerte. Según todos los protocolos de actuación policial, el arma es el último recurso, aunque en la práctica -como se ve en el caso de Chávez- no se respeta.

Si bien, a lo largo de la historia hubo siempre casos de “uso letal de la fuerza pública”, el término se hizo popular tras la Masacre de Budge, el 8 de mayo de 1987. Ese día tres jóvenes fueron fusilados por la Policía Bonaerense mientras tomaban una cerveza en una esquina de la localidad de Ingeniero Budge, Partido de Lomas de Zamora. Los vecinos denunciaron lo ocurrido y se movilizaron en reclamo de justicia.

León Zimerman, el abogado de derechos humanos que patrocinó a las familias de los jóvenes, fue el primero en utilizar el término “gatillo fácil”, parafraseando a una expresión con la que Rodolfo Walsh se refería a la bonaerense, en la década del 70’: “la secta del gatillo alegre”.

En lo que va de 2017 efectivos de la Policía de Córdoba asesinaron a 17 personas, en 9 ocasiones, los funcionarios se encontraban de civil.

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