Una investigación publicada en Nature Climate Change por investigadores de la Universidad de Hawai, en Estados Unidos, concluye que en 2100, al ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero, el 74% de la población mundial estará expuesta a olas de calor mortales. Esto es, con temperaturas continuadas por encima de los 37°C.

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Esta es la principal conclusión de una investigación de la Universidad de Hawái (EE UU) que ha descubierto el umbral en el que la temperatura y la humedad elevada se vuelven letales. Además, con los resultados obtenidos, los expertos han creado una aplicación web capaz de predecir el número de días al año en los que se producirán estos periodos de calor extremo en cualquier lugar del mundo.

Las olas de calor cada vez afectan a más personas en todo el planeta. Algunas de las más recientes, como la ocurrida en Europa en el 2003, que acabo con la vida de 70.000 personas, o la de Moscú, que mató a 10.000 personas en 2010, son ejemplos de la amenaza que suponen estos fenómenos meteorológicos.

Pese a los casos citados, poco se sabe acerca de los efectos en la salud humana de estos periodos de calor extremo. Ahora, una investigación publicada en Nature Climate Change ha decidido analizarlos y predecir cuáles serán las consecuencias mundiales de las futuras olas de calor.

En el estudio, un equipo científico de la Universidad de Hawái han examinado más de 900 artículos relacionados con episodios de calor que se han producido en distintas regiones del mundo desde 1980, contabilizando 783 olas de calor mortales en 164 ciudades de 36 países. Tras analizar cada caso, los autores han establecido el umbral en el que la temperatura y la humedad elevada se vuelven letales.

“El cuerpo humano solo puede funcionar dentro de un estrecho rango de temperaturas corporales de unos 37 grados centígrados. Las olas de calor presentan un riesgo considerable para la vida humana porque las altas temperaturas, agravadas por una humedad alta, pueden elevar la temperatura corporal y crear condiciones que ponen en peligro la vida”, afirmó Mora en declaraciones periodísticas.

La temperatura corporal humana óptima es de 37 grados, pero nuestro metabolismo genera calor y ese calor no puede disiparse en el ambiente cuando la temperatura exterior es igual o superior a la del cuerpo.

De ahí que por encima de los 37 grados centígrados de temperatura ambiente, se puede producir una acumulación de calor en el cuerpo que provoque un peligroso aumento de la temperatura corporal óptima, resalta el estudio.

MÁS AFECTADOS

Los resultados de la investigación muestran que cada vez existen más regiones del planeta, en las que durante 20 o más días del año se producen olas de calor mortales que afectan aproximadamente al 30% de la población mundial. Los expertos señalan que disminuir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero no prevendría los episodios calor, solo reduciría su frecuencia, disminuyendo en un 26% el número de personas afectadas de cara a 2100.

En un artículo publicado por agencia SINC, Camilo Mora, profesor de la Universidad de Hawái, en Manoa, y autor principal del estudio dice que “nos estamos quedando sin opciones para el futuro. Muchas personas alrededor del mundo ya están sufriendo los efectos de las olas de calor, y, según los modelos realizados, esto continuara así. Si no se reducen considerablemente las emisiones, la situación será cada vez peor”.

Con los datos obtenidos, los científicos han creado una aplicación Web que predice  el número de días al año en los que se producirá una ola de calor mortal en cualquier lugar del mundo hasta 2100. Los investigadores estiman que a finales de siglo el 74% de la población estará expuesta a olas de calor letales. Además, el trabajo pronostica que las personas que viven en áreas tropicales serán las más castigadas por estos episodios de calor.

EL ACUERDO DE PARIS

Entre las medidas globales necesarias para hacer frente a las olas de calor, Mora declaró que es necesario “que los políticos aumenten la inversión en fuentes de energía alternativas y que los gobiernos locales desarrollen proyectos verdes para reducir el calor absorbido por las construcciones y el asfalto de las ciudades”. En cuanto a las acciones sociales, el científico indica que, “es necesario que las personas reduzcan su consumo y se comprometan en la restauración de los ecosistemas que le rodean”.

Con respecto a la efectividad el Acuerdo de París para hacer frente las olas de calor extremas, el autor principal del estudio valora el tratado como, “un paso adelante, que no prevendrá del todo que estos episodios continúen sucediéndose, pero que sería mucho peor no tomar medidas”.

Fuente: Agencia Sinc (www.agenciasinc.es).

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