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Emiliano Zerbini: “Me consagré al folclore y éste me consagró a mí”
Emiliano Zerbini durante su presentación en el 58º Festival de Cosquín. Foto: Gentileza.

“Como los curas a la fe, yo me consagré al folclore y éste me consagró a mí. Me gusta pensarlo así, es haberle entregado 20 años de carrera y mis 40 de vida; porque nací en la cultura folclórica”, dice Emiliano Zerbini, luego de recibir el Premio Consagración en el Festival de Cosquín. “Es un orgullo muy grande. Para cualquier cantor popular que se dedique al folclore, es el premio máximo y me provoca la emoción típica que da obtener un premio deseado”, le confiesa a ENREDACCIÓN.

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Sin embargo, el cantautor y guitarrista no se plantea como meta cosechar premios. “Nunca he trabajado para ganar algo, no participo de certámenes ni me presento a concursos. Este premio lo soñaba sinceramente y surgió del respeto y del profesionalismo; el resto de las cosas vienen solas”.

Dice que a partir de ahora siente que el esfuerzo tiene que ser mayor: “La responsabilidad pesa en los hombros, soy así, hay que estar a la altura de las circunstancias. En vez de creer que ya llegué y tirarme en la zona de confort, exige más trabajo. Para que la gente te vea y diga que estás a la altura del premio. Lo vivo más como un crecimiento personal, un hecho de autosuperación”.

La primera vez que subió al escenario de Cosquín tuvo apenas unos minutos antes del show de Horacio Guaraní. “La verdad que fue una situación difícil, y canté un tema mío”, recuerda. Se trataba de Canillas flaquitas, un gato riojano que acababa de componer por aquel entonces. “Siempre creí que hay que llevar cosas nuevas a los escenarios grandes. Muchas veces con la banda vamos con nuestro repertorio propio y también subimos con el cancionero de las danzas tradicionales argentinas, lo cual es novedoso en el playslist que se escucha en los festivales”.

“Desde lo compositivo y lo interpretativo, nuestra intención siempre fue renovar”, reflexiona desde su casa en Villa Allende. Este año, el panorama fue similar: el turno para su guitarra y su banda fue la noche del jueves 25 de enero luego del recital del Chaqueño Palavecino, otro peso fuerte del género. “Fue medio parecido, porque era un horario difícil y había que remontar al público que, en general, buscaba otra música distinta a la que hago yo. A veces, la carrera del folclorista tiene estas cosas, son circunstancias que se van repitiendo y uno va respondiendo de diferentes maneras”. En esta oportunidad se dejó llevar por los pedidos de la gente y confeccionó el repertorio en vivo.

Siempre creí que hay que llevar cosas nuevas a los escenarios grandes. Muchas veces con la banda vamos con nuestro repertorio propio y también subimos con el cancionero de las danzas tradicionales argentinas, lo cual es novedoso en el playslist que se escucha en los festivales. Desde lo compositivo y lo interpretativa, nuestra intención siempre fue renovar.

Ni arriba ni abajo del escenario faltaron los bailarines, porque para Zerbini la música y la danza son inseparables en el folclore nacional, están íntimamente ligadas, el 99% de los ritmos tiene una coreografía”. Sus últimos dos trabajos discográficos, Danzas Folklóricas Argentinas Vol. I y Vol II están vinculados a la difusión de estilos folclóricos de casi toda las regiones del país para bailar, como son las jotas, los gatos riojanos y las chayas, con composiciones propias y rescatando del cancionero algunos temas viejos, “porque si no se cantan, se olvidan”. El proyecto surgió en una reunión familiar y está por expandirse a lo audiovisual en un documental de ocho capítulos.

Así como el folclore, la danza es de familia. Su mamá –Silvia Zerbini, directora del Ballet Folclórico Nacional- y sus hermanos son bailarines. “Soy músico por la danza. Aunque desde hace un tiempo tengo un cero en baile; soy un buen ex bailarín”.

Cuando le dieron el pie en el Atahualpa Yupanqui, abrió el recital diciendo: “Queremos que Cosquín se convierta en una plaza de baile, en una peña bailable”, y observó que este año en el festival se empezó a dar ese mensaje. “Por un lado consagra a un músico que se dedica a esto, y por otro, le entrega la Revelación a una pareja de danza tradicional. No puede ser que el bailarín sea tomado como parte del decorado; tiene que ser parte del espectáculo, completan nuestro espacio. Por supuesto que respetamos a quienes hacen música no bailable, y me encanta escuchar propuestas arriesgadas, pero no hay que matar una propuesta para que nazca otra. La ida es que convivan, incluso en una misma noche, y que en la diversidad la gente elija”.

No puede ser que el bailarín sea tomado como parte del decorado. Tiene que ser parte del espectáculo, completan nuestro espacio.

Nació en Córdoba, pero se crió en Chilecito, La Rioja, donde el folclore se respira y está vivo. “La Rioja me dio la parte musical y la parte compositiva, el asombro necesario para crear canciones y el medio donde fluyan. En estos lugares, lo folclórico es algo cotidiano, todos los días ves a la gente haciendo cosas folclóricas, hacer pan o festejar una chaya, enterrar un angelito, bailar. Son cosas muy naturales en los pueblos”, cuenta sin perder la tonada del pago donde creció. También se trajo el carnaval, las guitarreadas, las comidas y “la tranquilidad, esa parsimonia que tienen los riojanos, y de la que algo me queda”. En cambio, “Córdoba me dio la vida y fue una gran plataforma, es más fácil trasladar y difundir, no te queda tan lejos nada. Además, está la movida cultural que te permite conocer gente sin tener que estar en Buenos Aires para crecer”.

Hijos

El año que viene serán veinte años del lanzamiento de su primer álbum titulado Ofrendas, al que luego le siguieron otros cuatro: Canción pueblera, Luz de andar y los dos volúmenes de Danzas Folklóricas.Los discos son cinco logros, hijitos de los que estoy orgulloso”.

También es padre de mellizos, Lupe y Blas de dos meses, quienes aún no tienen una canción propia, pero sí han sido fuente de inspiración para otras creaciones. “Es hermoso a pesar de ser muy trabajoso. Es impresionante la capacidad que tienen de cambiarte absolutamente todo, empiezan a ser lo más importante de tu vida en el acto. Con mi mujer Josefina tenemos siempre la imagen de la canción de Serrat que dice ‘a menudo los hijos se te parecen’, todo el tiempo se te van pareciendo, es mágico”.

Mirá un resumen del paso de Emiliano Zerbini por Cosquín:

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