La elección cordobesa entró en una meseta: no se vislumbran cambios de contexto y, por lo tanto, tampoco de tendencias. El voto ideológico es dominante y las acciones comunicacionales del gobierno nacional tienden a cristalizarlo. El PJ cordobés ante el riesgo de sufrir una derrota aún más contundente que en agosto.

María Eugenia Vidal y el presidente Mauricio Macri. Foto: Presidencia de la Nación.
Municipalidad de Río Cuarto 3

La política se hace de señales, de gestos. Martín Llaryora está en todos lados, en la plaza, en el autódromo, en la cancha, en los clubes. En cambio, el gran protagonista, el gobernador, Juan Schiaretti se dedica a recorrer obras en marcha o anunciar nuevas. Habla de política a través de la gestión. En los avisos radiales, televisivos y de las redes sociales, el oficialismo provincial repite el mismo error de las PASO y de esta larga campaña: plantear que el eje es Córdoba. La dinámica de la campaña del PJ cordobés revela extravío estratégico, a tal punto que su otro jefe natural, el ex gobernador José Manuel De la Sota inauguró un comercio en Río Cuarto y se dedica a la moda para hombres, además de auto-proclamarse el Juan Román Riquelme del peronismo. El exitoso ciclo político De la Sota-Schiaretti que ya lleva 18 años en el poder, parece iniciar una curva de declive, incapaz de interpretar la nueva realidad del país, donde el surgimiento de una fuerza política de centro-derecha como Cambiemos (PRO más los restos de la UCR) amenaza con modificar la geografía política y económica argentina, incluyendo a Córdoba en ese mapa.

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Contrario a la tesis de que no hay más partidos políticos, el PRO y su criatura Cambiemos se han convertido en un aceitado armado político, tan centralizado como si tuviera un comité central dirigido por José Stalin. No hay opositores, no hay grietas, no hay devaneos de candidatos, nada. Todo lo define el presidente y su círculo rojo. El gurú Jaime Durán Barba es el Rasputín de Palacio. La Justicia le responde. Gendarmería es la principal sospechosa de hacer desaparecer a un ciudadano argentino y firma una pericia forense diciendo que al fiscal Alberto Nisman lo mataron como si su palabra estuviera sostenida por un poder divino. A tal punto, que no parece que fuera Gendarmería sino el FBI el que firma semejante afirmación. El cuestionamiento a esa pericia no adquiere niveles de repudio, parece residual. Es una demostración de que el humor social y el poder se encuentran en armonía y quieren sacudirse al populismo peronista con un canto de sirena. Todo indica, que el 22 de octubre se repetirá lo que se observó el 13 de agosto. Las dudas son dos:  Santa Fe y Buenos Aires. En Santa Fe se estaría consolidando un voto Cambiemos que desalojaría a Agustín Rossi del primer lugar de las PASO. Habrá que ver si finalmente sucede, pero es lo que aparece como más fuerte. Mientras que en Buenos Aires, el comportamiento de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner revela que se juega todo al conurbano bonaerense, a la cuna del peronismo. Hoy las encuestas le dan 6-7 puntos de ventaja en el GBA: gana en los distritos del Sur empobrecido y pierde en los del Norte más acomodado. Si aumenta esa diferencia puede triunfar, si se ameseta va a perder. Son once días endemoniados los que quedan. El peronismo, aunque no quiera admitirlo, juega parte de su supervivencia en esa batalla despareja: sin medios a favor, sin el poder económico, sin obras públicas. Es una batalla épica. Si la ex presidenta triunfa, el significado será muy grande por el adversario que se le opuso. Si pierde, estará dentro de lo posible por la misma razón y su destino dependerá ya de factores que le son ajenos. En política no suele haber absolutos.

La ex presidente Cristina Fernández de Kirchner. (Web).

Hay una linealidad contundente entre los territorios de la economía ligada al campo, los servicios y el comercio con el voto Cambiemos: Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires -sin el GBA-, Ciudad de Buenos Aires y Mendoza son evidencias de ello. Son las provincias que generan mayor riqueza en la Argentina actual, sacando a las petroleras de la Patagonia. El programa de los grupos más dinámicos del capital se ha hecho carne en los grupos de opinión, los aparatos mediáticos y las clases medias. Su prédica anti-K (y anti-populista) y su emergencia como vehículo más eficaz para esa tarea lo ponen en las puertas de poder llevar adelante un programa de restauración económica  neo-liberal con consenso político y social. Ése será el principal resultado del domingo 22. Este sector social no cree ni en los peronismos dialoguistas, ni en los socialistas de Santa Fe ni en la izquierda tradicional para la tarea de sacar de la cancha al peronismo K y sus políticas.

Schiaretti, De la Sota y Massa.

Por eso, al asfaltar el camino de Mauricio Macri a la reelección en 2019 hundirá en la crisis a las variantes peronistas anti-K. Básicamente, porque la anti-tesis requiere primero del despliegue de la nueva economía y de sus actores, los que se benefician y los que se perjudican. El PJ cordobés está entre los perdedores aunque no sea Kirchnerista, porque si Cambiemos gana en todo el centro del país, es más probable que improbable que también derrote al PJ provinciano. Esta vez, a diferencia de otros ciclos en los que Córdoba fue en sentido contrario al país, esta vez lo lidera. Si no enloquece de poder, el oficialismo nacional está más cerca de quedarse con todo, que de perder. Es como tener al 9 de un equipo de fútbol frente a la pelota y con el arco libre: es más fácil meter el gol que errarlo. Ése es el escenario, aunque en Argentina, dos años son como una eternidad.

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