El primer efecto de la entrevista que Luis Novaresio le hizo a Cristina Fernández de Kirchner es que ha puesto en debate a todos los peronismos. Es una encrucijada difícil de resolver, porque los caciques peronistas preferirían una derrota de la ex presidenta, pero saben que si eso sucede, pueden quedar convertidos en una nueva versión de la UCR.

Cristina Fernández de Kirchner y el periodista Luis Novaresio antes de la entrevista de la semana pasada. Gentileza: Infobae.
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Lo bueno de la política es que no alcanza con mirar fotografías de la realidad. La verdad es que cada actor-protagonista tiene posibilidad de alterar las reglas de juego. Es cierto también, que la política está condicionada por la economía, pero tiene su propia dinámica, un espacio para la gambeta con el objeto de producir un nuevo espacio. Éste es el caso de la elección legislativa del 22 de octubre y la existencia de un aglutinante populista como el de Cristina Fernández de Kirchner.

En la entrevista de la semana anterior con el periodista Luis Novaresio por Infobae, CFK, que se reconoce perdidosa, salió a hacer lo que no hizo en la elección de 2015, ni en las PASO de agosto: buscar al peronismo. Lo dijo con todas las letras: “Yo soy peronista”. Y también: “No voy a ser un obstáculo en 2019”. Pero lo que dijo y hace Cristina también lo harían otros peronistas. Ya lo hicieron los intendentes del conurbano, que se aseguraron la carta ganadora en esos distritos donde el país es un volcán y que cada tanto erupciona sembrando de pánico al resto. El conurbano es una figura que compone al peronismo, son los “cabecitas negras” de Evita; los que fueron por Juan Domingo Perón el 17 de octubre de 1945.

Los peronistas que no están ahí han tomado nota de la situación. Florencio Randazzo pierde dirigentes todos los días, que parten rumbo al barco cristinista. En definitiva, aplican una de las tantas máximas justicialistas: para un peronista no hay nada mejor que otra peronista, decía el general.

Dentro del mismo frasco están los gobernadores. No la quieren a CFK la mayoría de ellos. No soportan el recuerdo de su trato y pensamiento mientras estuvo en el poder. Lo querían a Néstor Kirchner, pero no a ella. Los viejos leones del partido dicen que estar en su contra es obtener un pasaje al ostracismo y que su carácter la lleva más a dividir que a sumar. “El que sabía de política y de peronismo era Néstor”, aseguran los peronistas que lo conocieron. Pero si hay una fuerza política que entiende al poder y sus misterios, es el peronismo, por eso, desde que terminaron las PASO y sobre todo, desde el “día después” de la entrevista periodística, las compañías telefónicas se frotan las manos porque todo el mundo habla con todo el mundo. Un operador del Congreso lo gráfica con humor: “se derrumbó el muro de Berlín”. Sabe que esa figura significó la derrota del bloque soviético. Sabe también que es una oportunidad.

Los gobernadores especulan que una derrota de CFK le entregará el país a Mauricio Macri y, probablemente no haya 2019. Saben que ninguno de ellos ha alcanzado estatura suficiente para liderar un recambio e interpretan también que pueden convertirse en una cooperativa electoral sin cabeza, lo que traducido, es la imagen de la UCR que se tiró en los brazos de Macri en 2015. Cada día que pasa, observan como lo que fue el viejo partido radical pierde espacio en el poder y queda metido a presión en sus territorios. Tiene tres ministerios en el gobierno nacional y todos los ministros son amigos del presidente, no representantes queridos del partido. En Córdoba, que era un distrito con una UCR fuerte y con cierto hambre de poder, puede llegar a ocurrir que el candidato a gobernador no sea radical en 2019. Y sí es, lo será por “obra y gracia” del hombre que encontró en Córdoba a uno de sus electorados más fieles. En el PJ, también analizan que habrá ajuste de las cuentas fiscales porque nadie presta plata indefinidamente a nadie, sobre todo cuando pierde progresivamente capacidad de pago, y que sin barreras con significado político, serán presa fácil del poder central. Este escenario de película-catástrofe los pone en una encrucijada: Qué hacer con Cristina.

Un diputado nacional del PJ lo ponía de este modo: ¿si gana, quién garantiza que se baje en 2019? Nadie. Lo que sí es seguro, es que si pierde, Macri nos va a tratar como “empleados” del grupo SOCMA. Dentro de ese dilema se encuentran los que deciden en el principal partido opositor y por eso, ayer, CFK los llamó a construir una oposición unida y seria. Habrá que ver si unos y otros, hacen tiempo de acá al 22 de octubre y si esa jugada de urgencia les alcanza.

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