Un estudio estadounidense estudió los posibles daños celulares que produciría el trabajo nocturno. Creen que los organismos tendrían menor capacidad de reparar el daño cotidiano en el ADN de las células.

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Cuando las personas trabajan en el turno noche, sus cuerpos podrían tener menos capacidad de reparar el daño cotidiano en el ADN de las células, sugiere un estudio del Instituto de Investigación sobre el Cáncer Fred Hutchinson, en Seattle. El informe fue publicado en la edición del 26 de junio de la revista Occupational & Environmental Medicine y se basan en los datos arrojados por un universos de 50 casos de hombres y mujeres que trabajaban en un turno de noche en empleos de atención de la salud.

La investigación encontró que las personas excretaban unos niveles más bajos de una sustancia química llamada 8-OH-dG cuando trabajaban de noche. Esto podría ser una señal de que la capacidad del cuerpo de reparar el daño al ADN ha disminuido.

Aunque este trabajo no arrojó posiciones concluyentes respecto a la incidencia de este factor en la aparición de casos de cáncer, el trabajo en turnos está asociado con riesgos más altos de obesidad, diabetes y enfermedad cardiaca.

Los nuevos hallazgos podrían apuntar a un motivo de esos riesgos, dijo el investigador líder, Parveen Bhatti. Explicó que “el 8-OH-dG se excreta en la orina cuando el cuerpo repara el daño en el ADN que ocurre durante los procesos corporales normales. Así que pensamos que una eliminación más baja [del 8-OH-dG] probablemente refleje una reducción en la capacidad de reparar el daño en el ADN”.

“Con el paso del tiempo, ese daño en el ADN podría contribuir al cáncer y a otras enfermedades”, añadió Bhatti.

Dijo además que todo el proceso podría deberse a unos niveles insuficientes de melatonina, una hormona que ayuda a regular al “reloj” interno del cuerpo. El cerebro libera melatonina en respuesta a la oscuridad y los trabajadores de turnos nocturnos tienden a tener unos niveles más bajos de melatonina, en comparación con las personas que trabajan de día.

En general, el equipo de Bhatti encontró que los trabajadores tenían unos niveles más bajos de 8-OH-dG en la orina cuando trabajaban de noche, en comparación con las noches en que pudieron dormir.

Bhatti dijo que los resultados respaldan a un estudio anterior en que su equipo siguió a 223 trabajadores, incluyendo a los 50 de este estudio. En el mismo, los investigadores encontraron que los niveles de 8-OH-dG de los trabajadores eran más bajos durante el sueño diurno, frente al sueño nocturno.

Los investigadores también observaron evidencias de que unos niveles más bajos de serotonina se correlacionaban con un 8-OH-dG más bajo. (Los 50 trabajadores del estudio más reciente fueron los que habían mostrado el mayor descenso en la melatonina durante el trabajo nocturno en comparación con el sueño nocturno).

A su vez, en 2016, un equipo de 24 investigadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se dedican al estudio de las enfermedades tumorales han señalado en 2016 que estas actividades podrían ser clasificadas como “probable o posiblemente carcinogénicos (causantes de tumores)”. Sin embargo, los especialistas han admitido que serán necesarios más trabajos que confirmen este vínculo y descarten otros factores de riesgo en esta población.

Según este trabajo, la causante de la aparición de los tumores se podría deber a que la producción de la hormona melatonina tiene lugar en el cerebro durante la noche, después de que el organismo haya estado expuesto a la luz diurna. Pero este proceso se ve alterado en las personas que permanecen despiertas durante la noche, de manera que su organismo no dispone de suficientes niveles de este antioxidante natural capaz de proteger al ADN de daños celulares como los que pueden dar lugar al cáncer.

Asimismo, se cree que al no descansar adecuadamente durante el día -por los ruidos, el sol, el tránsito- debilite su sistema inmunológico y los haga más vulnerables al ataque de las células cancerosas.

La melatonina es una hormona que está en todos los seres vivientes y su concentración varía según los ciclos diurnos y nocturnos. Se produce, principalmente, en la glándula pineal, y participa en una gran variedad de procesos celulares, neuroendocrinos y neurofisiológicos; y su acción antioxidante juega un papel muy especial en la protección del ADN nuclear y mitocondrial.

El planteo de los equipos de investigación, es que de no producirse la cantidad necesaria de esta hormona se altera el ritmo circadiano y puede conllevar a tumores cancerígenos.

A su vez, diversos estudios realizados en España han demostrado que los trabajadores nocturnos pierden cinco años de vida por cada quince de jornada laboral, se divorcian tres veces más que el resto de sus compañeros y tienen un 40% más de posibilidades de padecer trastornos neuropsicológicos, digestivos y cardiovasculares. Así también, los accidentes laborales con mayores consecuencias suelen ocurrir de noche.

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