El presidente Mauricio Macri debió postergar las jornadas de duelo por las víctimas del submarino ARA San Juan debido a las protestas de los familiares de los 44 tripulantes. Se trata de un acontecimiento capaz de modificar la percepción de la sociedad sobre el gobierno.

El ARA San Juan, en una imagen de archivo.

Quizá por primera vez, el presidente Mauricio Macri y su gobierno se encuentran frente a un acontecimiento que puede dañarlo en cuanto a imagen y bloque de poder. El efecto es claro a partir de la decisión de que los familiares de las 44 víctimas del submarino ARA San Juan se plantaron frente al gobierno y lo acusan de no haber hecho su tarea adecuadamente para recuperar a sus seres queridos con vida. La profundidad del problema es tal, que el gobierno decidió suspenden hasta nuevo aviso el mensaje al país que el titular del Ejecutivo iba a dar para recordar a los submarinistas.

Todas las tragedias producen impactos: Cromagnon arrastró la figura política de Aníbal Ibarra; o el asesinato de Maximiliano Kostecki y Darío Santillán a manos de las fuerzas de seguridad puso plazo fijo al gobierno de Eduardo Duhalde. La muerte de Santiago Maldonado, de la que todavía no se conocen responsabilidades, tuvo la misma capacidad, pero las dudas construidas alrededor de las causas de su fallecimiento, salvaron sobre la hora a la administración nacional. En cambio, el hundimiento del ARA San Juan, está minando la construcción política oficial por un costado inesperado. Ya no sólo el ministro de Defensa Oscar Aguad sufre los efectos de la tempestad, sino que hasta el mismo presidente se convirtió en presidente del G20 y el hecho pasó sin pena ni gloria. La epidermis social se lastimó.

Un acontecimiento es un hecho que por su volumen es capaz de modificar la agenda pública, social y política y que se conecta con percepciones establecidas por parte de la sociedad. Para la mayoría de la población, no se puede hundir un submarino y, luego, no se puede actuar con la frialdad que parece mostrar el gobierno respecto de la suerte de esos tripulantes. El dolor de las familias de las víctimas es el dolor de millones de argentinos.

Todas las tragedias producen impactos: Cromagnon arrastró la figura política de Aníbal Ibarra; o el asesinato de Maximiliano Kostecki y Darío Santillán a manos de las fuerzas de seguridad puso plazo fijo al gobierno de Eduardo Duhalde.

Aquí no hubo -al menos hasta ahora- responsables del gobierno anterior a quiénes culpar por lo sucedido con el ARA San Juan. En todo caso, parece empezar a andar una denuncia de que hubo corrupción en la reparación de media-vida del submarino entre 2008 y 2014, pero también durante el período que le siguió, porque fue la administración Macri la que recibió al artefacto y le dio el okey. Sin embargo, la capa de corrupción estructural en la Marina no alcanza para aliviar el dolor.

ANTORCHAS. La Agrupación Norma Plá, AJUPRACOR y Trabajadores y Jubilados Autoconvocados llamaron a un nuevo encuentro de antorchas frente al Patio Olmos, en la ciudad de Córdoba. Será hoy, martes 5 de diciembre, a las 19 horas. La protesta es contra la reforma jubilatoria. “Para que el ajuste lo afronte la clase política y los poderosos”, es la consigna de la convocatoria.

Se conecta el acontecimiento del submarino con la nueva fórmula de ajuste de los haberes jubilatorios, que impactará sobre sus ingresos. Es un hecho de política que manifiesta la misma insensibilidad, sobre todo en un país como el nuestro, en el que los jubilados han sido considerados siempre como víctimas del no reconocimiento por parte del Estado y la sociedad. No importa el gobierno, ni la época, hay una imagen histórica que precede a la definición de jubilado: “pobre”. El “pobre jubilado” es una figura prototípica de la Argentina, que Macri intentó esquivar, pero que también lo perseguirá.

No importa el gobierno, ni la época, hay una imagen histórica que precede a la definición de jubilado: “pobre”. El pobre jubilado es una figura prototípica de la Argentina.

Para colmo, anoche, el periodista Joaquín Morales Solá le preguntó a Aguad: “¿Están todos muertos?” “-Exactamente”, respondió el ministro en relación a los marinos del ARA San Juan. La imagen fría, distante, que se vio del radical cordobés más macrista, revela la misma insensibilidad de quien fue su jefe político, el ex gobernador Ramón Mestre cuando en 1999 decidió cerrar la Casa Cuna porque había construido el nuevo Hospital Materno Neonatal. La elección del responsable de comunicar y el libreto son determinantes para evitar que las crisis se vuelvan una bola de nieve. En este caso, cuando nadie lo esperaba, el gobierno se equivocó donde mejor se había desempeñado: la comunicación. O lo que es igual, en la política.

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