El gobernador Gustavo Bordet anunciaría el próximo jueves, en la inauguración del período ordinario de sesiones de la Legislatura, una reforma política sin voto electrónico y el desdoblamiento electoral, con la elección de gobernador posiblemente en enero, nueve meses antes que la presidencial. Será una prueba de fuego para el resto de los mandatarios del PJ dialoguista que quieren utilizar la misma receta, entre ellos el cordobés, Juan Schiaretti.

Habla Juan Schiaretti, escucha el entrerriano Gustavo Bordet. Foot: Prensa Gobierno de Córdoba.

Siempre hay un corajudo. O en este caso, casi un desesperado. Hace rato que el peronismo se dio cuenta que luego de la derrota de la mayoría de sus caciques provinciales en 2017, el 2019 se convertía automáticamente en un problema de sobrevivencia política. Para ello, la idea es separar las elecciones locales de las nacionales, con la creencia de esquivar la ola amarilla. En esa línea, el gobernador entrerriano, Gustavo Bordet, puede convertirse en el primero de todos ellos en convocar a elecciones desdobladas y según distintos medios, la fecha sería en el mes de enero de 2019.

Juan Schiaretti, su par cordobés, tendrá así un espejo que actuará como una especie de prueba piloto, porque la intención del peronismo cordobés es convocar a los comicios para gobernador en junio-julio del año próximo. En ese contexto, Bordet será una especie de conejillo de Indias de la estrategia de los jefes distritales respecto de sus posibilidades de preservar poder territorial.

Bordet anunciará la reforma política para suplantar la boleta sábana por la boleta única de papel en Entre Ríos, sistema que ya podría usarse desde las elecciones provinciales de 2019. El mandatario entrerriano ya avanzó en diálogos con los diferentes bloques legislativos a fines del año pasado, y hubo un consenso sobre la necesidad de avanzar en los cambios que también propone la Nación.  De ese modo, los entrerrianos dejarían atrás la boleta sábana para suplantarla por la boleta única de papel, que -según el gobernador- “es un sistema más ágil, menos engorroso y donde se gana más transparencia, y garantiza una mayor representatividad al elegido”. El PJ lo “vende” como un avance hacia el voto electrónico que no se aprobaría en esta etapa. Habrá que ver si a la hora del tratamiento legislativo, los legisladores del PRO y la UCR deciden ir por este camino.

Miguel Lifschitz, el gobernador de Santa Fe, junto a Schiaretti y Bordet.

Cambiemos de Entre Ríos tiene un problema importante: puede no tener un candidato con posibilidades o el que mejor posicionado estaba puede no llegar entero a enero. Por eso el apuro. Con Alfredo de Angeli descartado -iría por la renovación de la banca de senador-, el candidato de Cambiemos que aparecía como número puesto era el ministro de Agroindustrial, Luis Miguel Etchevehere. Sin embargo dos escándalos lo han puesto contra las cuerdas: el bono de 500 mil pesos que le tuvo que devolver a la Sociedad Rural y el avance de una causa judicial por estafa iniciada en su contra por su hermana Dolores. El apuro por ponerle fecha al desdoblamiento en el marco de los límites legales, es justamente ese, que la alianza que lidera el presidente Mauricio Macri no pueda presentar un candidato con nombre propio en la provincia.

Sin De Angelis y Etchevehere algunos barajan que otro ministro entrerriano en el gabinete nacional, Rogelio Frigerio, baje a su distrito y vaya por la gobernación. Pero en este caso es la propia gente del ministro la que descarta esta posibilidad.

El ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere.

En Córdoba, el peronismo trabaja por una apuesta doble: hacer una reforma política que le quite potencia a la candidatura de Cambiemos (Héctor Baldassi, Mario Negri o Ramón Mestre con aspiraciones manifiestas y el alfonsinista Dante Rossi en las gateras), habilitando las “dobles candidaturas” (a gobernador y legislador simultáneamente); y tratar de explotar la imagen positiva del gobernador Schiaretti separando el comicio provincial del nacional.

La idea puede graficarse como un doble candado: si la imagen del gobernador no es suficiente, tratar que candidaturas alternativas en el territorio de la centro-derecha como las de Beto Beltrán (Fuerza de la Gente) o Aurelio García Elorrio (vecinalista) debiliten el principal canal opositor local que componen la UCR, el PRO y el juecismo.

Tanto Bordet como Schiaretti tienen una dificultad mayor, que es el contexto socio-político, que ha encontrado un canal de expresión a través del presidente Mauricio Macri. Amplios sectores urbanos -altos, medios y bajos-, sobre todo en las provincias centrales, se sienten representados en sus demandas políticas, económicas, culturales y sociales por las referencias de Cambiemos (el presidente, la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal; el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta; y la diputada nacional, Lilita Carrió). Ése “Dream Team” político-electoral es muy potente para este ciclo, aunque su condicionante es la performance económica: la mayoría de los argentinos -en las distintas encuestas que se conocen- manifiesta una mirada crítica a este costado de la gestión nacional y del presidente.

Baldassi, Macri y Schiaretti durante la recorrida por las obras de cierre de la Circunvalación en Córdoba. Foto: Prensa Gobierno de Córdoba.

Los gobernadores del PJ han apelado a construir su propia versión del peronismo, llamada dialoguista, que garantiza la gobernabilidad y por esa vía, la restauración neoliberal, pero en su mayoría no han aportado al desarrollo de un polo de unidad peronista, ni a la búsqueda de candidaturas alternativas. Dentro de ese esquema, el centro o prioridad que tienen, es la negociación por recursos y la estabilidad política en sus administraciones. Esa deriva ideológica y política, los lleva inexorablemente a los más audaces de esta teoría a debilitar más al PJ en el corto plazo y a condicionar sus propias posibilidades en el mediano plazo, dado que sin un agrupamiento y referentes propios con capacidad electoral, en su mayoría tenderán a ser absorbidos por el poder central. Pero “pragmáticos” al fin, apuestan a ganar en 2019 y ver cómo resuelven el futuro más adelante.

En cambio, la tarea de “unidad” o re-construcción del peronismo nacional está en manos de los intendentes del conurbano y del interior bonaerense, y de los referentes legislativos y políticos de tres sectores: el kirchnerismo, el massismo y el PJ clásico, como el de provincia de Buenos Aires, en el que trabaja Florencio Randazzo. Sus posibilidades dependen de que en 2019 tengan una opción con “punch” electoral. Los dos que han demostrado contar con cartas en ese terreno, Cristina Fernández y Sergio Massa, parecen -al menos por ahora- no querer converger por el mismo camino. Otro dato central de este reagrupamiento es lo que haga la ex presidenta: si pugna por ser candidata en 2019, es más que probable que el PJ más centrista no esté en el juego; y si no participa de la elección, el justicialismo puede atraer a buena parte de estos sectores. La pregunta de los operadores K es: ¿Pero quién tiene tantos votos como Cristina? La resolución de ese dilema puede condicionar a este polo político, social y económico.

¿Qué sucederá en Córdoba si Gustavo Bordet no gana? La respuesta, por ahora, de los peronistas del gobernador, es que cada provincia es un mundo aparte.

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