En los últimos cinco años robaron más de medio centenar de tractores, excavadoras, grúas y todo tipo de maquinaria vial. La banda fue desbaratada la semana pasada. La mayoría de sus miembros pertenece a la comunidad gitana.

Una imagen de El Fantasma, el líder de la banda. Aún sigue prófugo.
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La Galatea

Fue una de las protestas más extravagantes de Córdoba. Tractores, excavadoras, grúas y todo tipo de maquinas pesadas entrando en fila al centro de la ciudad, hasta la casa de Gobierno, embruteciendo el tránsito. En mayo de 2015, comerciantes y empresarios denunciaban el robo de máquinas viales: en ocho meses habían sufrido 40 atracos. Decían que la banda que los tenía a mal traer robaba gracias a “la vista gorda” de la Policía.

Lo cierto es que al menos desde 2012 y hasta hace pocos meses a banda siguió llevando maquinaria pesada de depósitos y obras de Córdoba. En la justicia y en el mundo del hampa, decían que estaba comandada por “un fantasma”. Un líder invisible que no se dejaba ver.

Ayer finalmente el fiscal Emilio De Aragón anunció que la organización fue desarticulada. Se trata de “la banda de los gitanos”, autores de más de medio centenar de robos cuyo botín eran vehículos enormes. En la causa hay 11 personas imputadas y siete detenidos, cuatro de ellos, miembros de la familia Triaco, un apellido de peso en la comunidad gitana, que aparece vinculado delitos con automotores en varias ciudades del país.

El único que sigue prófugo es el número uno de la mafia: “El fantasma”. “En realidad, aunque sigue esquivando la justicia, dejó de ser un fantasma”, dijo ayer confiado el fiscal De Aragon, al difundir la foto del sospechoso. Se trata de Pablo Mayco Traico, de 35 años, con varios pedidos de captura y causas abiertas por asociación ilícita y delitos complejos.

Así lo bautizó un colaborador suyo en una nota publicada en La Voz del Interior en 2015, cuando los robos de maquinaria agrícola estaban en punta. Lo describe como un hombre discreto, peligroso, que se mueve armado con una pistola 9 milímetros, líder de la mafia encargada de robar maquinaria vial en empresas constructoras o en domicilios particulares. “El tipo tiene un fachón y empilcha muy bien. El único defecto es que tartamudea. No toma, no fuma, su debilidad es ir a las mejores parrillas del Cerro de las Rosas, en la zona oeste de la ciudad de Córdoba, pero siempre toma una Coca”, decía el testigo.

El segundo en el escalafón de la organización fue detenido la semana pasada en la terminal, cuando regresaba de un viaje. Esperaban acercarse más al “fantasma” con esa caída, pero con el paso de los días no hubo noticias.

Aunque en 2015 las víctimas denunciaron complicidad policial en los robos, el fiscal sostiene que todavía no cuenta con pistas para sostener esa hipótesis. La actividad de la banda era un dolor de cabeza para la justicia de Córdoba. Sólo en las fiscalías de la capital había 30 causas abiertas por robos de maquinarias. Otro tanto en las fiscalías del interior. Hace seis meses, por pedido del Fiscal General Alejandro Moyano, todas se unificaron bajo la instrucción de Ernesto De Aragón.

SIN DISPARAR UN TIRO

La banda “de los gitanos” también está integrada por “criollos”, como llaman a los que no pertenecen a la comunidad. Con cada golpe realizaban inteligencia previa. Las máquinas que robaron estaban valuadas entre 500 mil pesos y dos millones. Se calcula que cometieron más de 10 robos por año, lo que para el fiscal significa una suma total de unos 15 millones de pesos. En muchos casos, los vehículos eran sacados de galpones durante la noche. Pero también hubo robos en obras viales, en plena vía pública. Según un investigador del caso, los ladrones llegaban a coimear a empleados de vialidad, para generar espacios de distracción y poder llevar las máquinas.

“Es increíble que nunca hubo violencia en esos asaltos. Solo un caso se puso pesado, pero en una venta, con un intermediario”; contó el investigador. Otra parte de la banda se encargaba de desactivar los sistemas de geolocalización con los que cuentan ese tipo de vehículos. Luego, con documentos adulterados, el botín vuelve a entrar al mercado. Una conexión clave estaba en las provincias del norte.

“‘El Fantasma’ tiene todo organizado. Un tío en Jujuy y otro en Catamarca se encargan de reducir las máquinas ‘choreadas’. Además, Pablo hizo una estafa y se quedó con un campo en Quimilí. Hacia allá llevan las máquinas cuando están ‘hirviendo’, las dejan ‘enfriar’ y después van a Catamarca o a Jujuy. El principal cliente es el dueño de una cantera que se mueve con camiones y máquinas robados. Allá, en el norte, nadie controla nada”, cuenta el colaborador de la banda a La Voz del Interior, en 2015. Al final, los datos que dio, eran certeros.

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