La prolongada carga de los datos de la provincia de Buenos Aires la tuvo perdedora desde las 21. Sin embargo, pasadas la 1,30 de hoy, finalmente la expresidenta logró revertir la estadística para situarse a una escasísima diferencia en lo que se lee como un empate técnico. El impensado cabeza a cabeza deja abierto un escenario que parecía una categórica victoria de Cambiemos. El valor simbólico del resultado.

Macri, eufórico, festejó el categórico triunfo en todo el país.

La batalla de fondo que se libraba en el principal distrito electoral del país, donde reside el 40% de todo el padrón nacional, terminó con el panorama abierto, al darse un virtual empate técnico. Unidad Ciudadana y Cambiemos quedaban en torno a los 34 puntos, con una diferencia de 0,2%, que recién se resolverá cuando la carga sea del 100% y se haya hecho el conteo manual de las boletas.

Para agregarle algo de épica al resultado, la expresidenta emparejó el resultado luego de revertir un conteo que la tuvo perdidosa por hasta 8 puntos porcentuales desde las 21 horas del domingo, cuando comenzaron a difundirse los datos oficiales.

La inicial carga en el sistema de los distritos más favorables a Cambiemos, hizo pensar en una inesperada derrota de la expresidenta en un distrito en el que las encuestas la marcaban como ganadora. A medida que se fueron ingresando los resultados de la Sección Tercera, correspondiente a la zonas más populares del Gran Buenos Aires, la diferencia comenzó a achicarse hasta que finalmente se ubicó en el empate técnico.

Derrota definitiva, empate técnico o victoria pírrica

Aunque aún no esté resuelto el resultado final, la remontada de la principal cabeza de la oposición no deja de ser un plafón sobre el cual construir un contrapoder frente al holgado resultado electoral que obtuvo el macrismo en todo el país. Ganar por una milésima es infinitamente “mejor” que perder por una milésima. Por ahora no se sabe cuál de las dos opciones será finalmente la que ocurrió este domingo.

En caso de ser ganador, el resultado puede leerse como una victoria pírrica, en lo que fue el regreso de Cristina al ruedo político después de un año y medio de haber dejado el poder en diciembre de 2015. En caso de ser derrotada, cargará sobre la expresidenta el peso del resultado.

En cualquiera de los dos casos, esto significa que por el momento, el kirchnerismo, refundado en Unidad Ciudadana, no logró dar la demostración de fuerza en las urnas, o de otro modo, no consiguió convertir en votos el descontento de muchas personas por la situación económica.

Fue ése el eje de la campaña que planteó el kirchnerismo: recordarle a la gente los efectos del modelo cambiemos en la economía familiar. Y la decisión también incluyó hacerlo con un cambio de modales, con una CFK ahora mucho menos confrontativa, más abierta, más horizontal. A resultados vista, da la impresión de que pesó mucho más el eje discursivo planteado por el oficialismo.

Al frente tuvo al candidato Esteban Bullrich, quien durante la campaña acumuló varios furcios que por momentos encendieron una luz roja en la estrategia del oficialismo, al punto que derivó en un cambio de estrategia: poner a la gobernadora María Eugenia Vidal en cancha, valiéndose de los altos niveles de imagen positiva que tiene esa dirigente.

Esta jugada fue sin dudas acompañada por una extensísima y generosa cobertura de los canales de televisión porteños, que se encargaron de darle copiosas cantidades de segundos y presencias en sus pantallas. Los resultados de esta decisión se vieron claramente en la evolución de las encuestas, que hasta el mes de junio resultaban preocupantes para el macrismo, lo cual disparó un cambio de actores que a la postre resultó positivo. Sale Bullrich, entra Vidal

Golpe de efecto

A ello se sumó un mojón político fundamental: el intento de expulsión de Julio de Vido de la Cámara de Diputados. Lo que se podría haber leído como una derrota política, fue a la postre un trampolín formidable para Cambiemos, que logró poner en agenda nuevamente el tema de la corrupción, y puso al kirchnerismo en la incómoda posición de la defensiva.

En la práctica esto significa que por el momento, el kirchnerismo, refundado en Unidad Ciudadana, no consiguió dar ni de cerca una demostración de fuerza en las urnas, o de otro modo, no consiguió convertir en votos el descontento de muchas personas por la situación económica.

Los resultados se hicieron notar a partir de entonces. Los números de las encuestas de julio fueron mucho más sonrientes para el presidente Macri de lo que eran en junio. Y se trasladaron a las urnas achicándose enormemente las diferencia.

Lo cierto es que el dramático resultado podría ser, en caso de una victoria de Cristina, un contrapeso a lo que fue una jornada ampliamente favorable para Maurcio Macri en todo el país. Se impuso en todos los distritos claves, arrebató bastiones inexpugnables como San Luis, barrió a sus rivales en provincias como Córodoba y Santa Fe, y logró consolidar un apoyo categórico que muy probablemente sea confirmado en octubre.

La incógnita pasará por saber si Cristina logrará de aquí a las generales congregar parte de los votantes opositores que ayer eligieron otras opciones.

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