La lista que encabeza Baldassi superó por 16 puntos a Unión por Córdoba. El kirchnerismo sacó casi 10 puntos. Desde la elección ajustada frente a Luis Juez, en 2008, que el peronismo provincial no veía peligrar tanto su dominio del territorio.

La foto de la victoria. Foto: Sebastián Salguero.

De visitante pero no tanto, Mauricio Macri le propinó una durísima derrota electoral por 16 puntos a Unión por Córdoba, la fuerza que lideran Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota y que gobierna la Provincia desde hace 18 años. No alcanzó la mejor imagen del Gobernador respecto al Presidente ni que el propio Schiaretti se cargara al hombro la campaña y saliera a polarizar con Macri. No fue suficiente la estrategia de “diferenciación controlada” con el macrismo ni de “diferenciación absoluta” con Cristina Kirchner.

Tampoco sumó reeditar la tensión Córdoba/Nación que tan buenos resultados le dio al PJ cordobés frente al kirchnerismo a partir de la crisis de las retenciones, en 2008. UPC quedó entrampado entre las acusaciones de “kirchnerismo solapado” que le endilgó Cambiemos y “socio de Macri”, con que le tiraron los sectores progresistas. Y el resultado fue política y electoralmente malo.

Las elecciones PASO de ayer ratificaron el avance del PRO en el segundo distrito electoral del país, a tono con la tendencia nacional, y abrieron numerosos signos de interrogación en relación no ya a los comicios generales de octubre, sino a la elección para gobernador de 2019.

La coalición Cambiemos se quedó con el 44,59% de los votos, de los cuales casi 40 puntos fueron para el candidato de Macri, el ex árbitro Héctor Baldassi, y el resto para el radical puro Dante Rossi.

UPC, con el vicegobernador Martín Llaryora en primer lugar, obtuvo el 28,48%. En tanto, el Frente Córdoba Ciudadana, la lista del kirchnerismo cordobés, llegó al 9,89%.

Con este escenario, Cambiemos obtendría en octubre cinco bancas en la Cámara de Diputados, UPC se quedaría con tres y el FCC, que llevó a Pablo Carro como primer postulante, lograría el noveno escaño en juego.

El resultado es uno de los peores que obtiene el peronismo cordobés desde su instalación como principal fuerza política de Córdoba, en diciembre de 1998. Hay que remontarse a las legislativas de 2009, cuando salió tercero y se quedó sin representante en el Senado, y a las Paso de 2011, cuando bajó su lista de candidatos a diputados nacionales por el ascenso imparable de Cristina Kirchner, para hallar un traspié electoral a nivel provincial. En las presidenciales de 2015 también cayó frente a Cambiemos en el segmento Diputados, pero en el marco de una elección presidencial con Macri traccionando en la boleta amarilla.

En la ciudad Capital, en cambio, esta es la enésima vez que el electorado le dice “no” a UPC. Acá la derrotada fue Alejandra Vigo, la esposa de Schiaretti, que pese a su trabajo en la Secretaría de Equidad  no logró romper con la tradición antiperonista de la ciudad. En Córdoba Capital la ventaja de Cambiemos fue más amplia aún que a nivel provincial. Al cierre de esta edición rondaba los 25 puntos: 46 contra 21. Pero la “ola amarilla” atravesó gran parte del territorio provincial, con excepción casi exclusiva del norte y noroeste cordobés. Para UPC fueron los departamentos de Cruz del Eje, Minas, Sobremonte, Pocho, Tulumba, Río Seco, San Alberto y San Javier. En ese lote peronista hay que incluir el departamento que es territorio de Llaryora, San Justo.

Además de los tres primeros, Liliana Olivero, del Frente de Izquierda y de los Trabajadores; Aurelio García Elorrio, de Encuentro Vecinal Córdoba; Luciana Echeverría, del Frente Nueva Izquierda; y Alberto Beltrán, de Primero la Gente, ganaron sus pasaportes para octubre, al obtener más del 1,5% de los votos válidos emitidos. El resto, quedó afuera del proceso electoral.

OCTUBRE, MUY CERCA DE 2019

Alejandra Vigo y Martín Llaryora ayer, en el comando de UPC.

El gobernador Schiaretti admitió el resultado adverso aun antes de conocerse los datos oficiales. El mandatario consideró que a UPC le perjudicó la polarización con el kirchnerismo planteada por el gobierno nacional, aunque rescató que el PJ cordobés haya retenido las tres bancas legislativas que puso en juego. Con todo, se mostró optimista para revertir los números en octubre.

En el delasotismo no opinan lo mismo. Dirigentes que responden al ex gobernador reclamaron ayer por lo bajo un “urgente” cambio de estrategia para remontar la derrota y aseguraron que hubo errores “gravísimos” en el planteo de la campaña electoral. “Nunca tuvimos un guión”, afirman, pero evitan responder sobre el impacto de la autoexclusión de De la Sota como candidato.

El pase de facturas en el interior de UPC recién comienza y tiene final incierto. “Falló la estrategia de Schiaretti de provincializar la elección y ganó la de Cambiemos de nacionalizarla: alguien se equivocó”, deslizó un delasotista que habló con este diario. Octubre está muy cerca de 2019 y el resultado de ayer puede tener consecuencias graves para el dominio peronista en la provincia.

De hecho, desde las elecciones provinciales del 2 de septiembre de 2007, cuando Luis Juez quedó apenas a 17 mil votos de distancia de Schiaretti, que UPC no sentía peligro electoral dentro de su territorio. Por eso, las Paso de ayer congelaron las aspiraciones políticas del mandatario de liderar la liga de gobernadores (hoy con respiración artificial) y de conducir la estrategia de un bloque federal de diputados peronistas. Básicamente, la derrota truncó la intención de Schiaretti de ser reconocido como el jefe del peronismo nacional, lugar que seguramente le disputará el salteño Juan Urtubey, ganador en su provincia.

La Gobernación es sagrada, suelen decir en UPC, y desde ahora los esfuerzos estarán puestos en asegurarla. “Gestión y obras”, afirman en el Centro Cívico que serán la respuesta del jefe de estado provincial a los 16 puntos de diferencia.

Si en la interna peronista de 2013 Llaryora se recibió de “dirigente provincial”, como aseguró De la Sota, ayer en las Paso reprobó como candidato a gobernador. En política los aplazos pueden recuperarse, pero el vicegobernador hoy por hoy no es un candidato “natural”  a gobernador del PJ, como hubiera sucedido si ganaba o quedaba en virtual igualdad con Cambiemos. En este sentido, la estrategia de “renovación” generacional fracasó. Otra de las figuras de recambio, el villamariense Martin Gill, hoy tiene para mostrar una derrota por casi 20 puntos en el departamento San Marín, otrora tierra K.

CAMBIEMOS Y LOS PROBLEMAS DEL ÉXITO

Globos listos para el festejo. Foto: Sebastián Salguero.

La contundente victoria de Cambiemos ubicó a Baldassi como obvio candidato a gobernador de cara a las elecciones de 2019, lo que en los próximos meses podría comenzar a ser un problema para el radicalismo, que tiene a Ramón Mestre, Mario Negri y el propio Oscar Aguad como aspirantes al principal sillón de El Panal.

Meses atrás, la UCR aceptó a regañadientes la decisión de Macri de llevar a Baldassi en el primer lugar de la lista de diputados, relegando a Diego Mestre, el hermano del jefe comunal, al quinto lugar. Si bien con los números en la mano la movida resultó acertada, en el centenario partido aseguran que con la sucesión de Schiaretti no habrá concesiones. En el PRO puro, en cambio, destacan que Baldassi viene de un cuarto lugar en las legislativas de 2013 (pre Cambiemos), cuando en toda la provincia obtuvo el 14,4%, detrás de UPC, UCR y el FPV. En esos comicios, “la Coneja” salió segundo en la ciudad de Córdoba, con 16,6, menos de cuatro puntos por debajo de la UCR y superando tanto a PJ cordobés como al kirchnerismo.

Con esta puja en estado larvario, ayer todo fue festejo en el bunker del hotel Sheraton.  A la luz de los resultados, fue buena la decisión de “silenciar” a “La Coneja” y evitar enfrentamientos verbales con Llaryora o Schiaretti. Al igual que en provincia de Buenos Aires, donde la gobernadora María Eugenia Vidal fue la voz del candidato Esteban Bullrich, en Córdoba Macri reemplazó a Baldassi.

De acá a octubre, y de octubre a 2019, habrá que ver si logra encumbrarse camino a la Gobernación con el carisma y el dedo de Macri como principal capital.

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