El ejido urbano de Córdoba es uno de los más grandes que se conocen: 36 kilómetros de punta a punta. La vida desde el lunes, sin transporte urbano, obligó a todos a organizarse de otro modo, compartir el auto, usar la bicicleta y elegir qué hacer y qué no.

Los taxis son dueños de la ciudad. Foto Mariano Paiz.

Peatonal Rivera Indarte, en pleno centro de Córdoba, al mediodía de ayer: Los vendedores de Garbarino y de Nico Calzados apiñados cerca de la puerta, conversando entre ellos, con cara de aburridos. Después de compartir tres horas y pico de la mañana ya no saben de qué hablar. Se nota. No hay ningún cliente comprando, los negocios están bien vacíos. Así en todas las peatonales: uno, dos clientes en alguno de ellos, pero la mayoría sin nadie. No hay quien entre a comprar y tampoco quien mire las vidrieras. Es una imagen rara de un lugar en el que siempre hay gente.

Para moverse, muchos sacaron las bicicletas y los movimientos cercanos empezaron a hacerlos en este fiel vehículo. Pero algunos de los que lo usan, se quejan de que hace frío. También se reforzaron los pooles de padres para llevar y traer los chicos y chicas de la escuela. Hay compañeros de trabajo que comparten el auto. Algunas familias y vecinos, coordinan horarios y se pasan a buscar por trabajos, colegios o universidades. Y otros muchos, los que no tienen auto ni nadie conocido con uno, han tenido que caminar para llegar a sus trabajos. Han vuelto a escena los remises “truchos”, que pasan por las paradas de ómnibus, y cargan gente hasta el centro. Y por supuesto, algunos ni siquiera están pudiendo ir a sus trabajos.

La vida, sin transporte no es tan fácil, sobre todo en esta ciudad donde buena parte de sus habitantes se han ido del centro a vivir en barrios de la periferia y todo está más que lejos.

Los que se beneficiaron, obviamente con la huelga de los colectiveros, son los taxis y remises. Los choferes confiesan que van llenos a toda hora. Con pocos y con muchos pasajeros, los autos amarillos y verdes son los dueños de la ciudad. Ninguna de la empresas quiere precisar en qué porcentaje mejoraron la cantidad de viajes, pero andan a full. Que los operadores atiendan el teléfono tiene las mismas posibilidades que sacarse el Quini. Arriba del auto se atajan por las dudas: “Ahora sí, ahora hay muchos pasajeros, pero después se van a quedar sin plata lo que resta del mes. Hay que prepararse”, dice uno de ellos. Viven su primavera, pero de algo hay que quejarse.

Que los operadores atiendan el teléfono tiene las mismas posibilidades que sacarse el Quini. Los taxistas y remiseros viven su primavera.

Los vecinos autoconvocados intentaron ayer expresarse frente a los piquetes de choferes, pero la acción no tuvo demasiado eco. La mayoría insulta a diestra y siniestra, pero no hubo acciones de furia en las calles. Sí en las redes sociales, que están incendiadas. Basta darse una vuelta por el Facebook de ENREDACCIÓN y buscar algunos de los artículos posteados sobre el paro. Aunque aquí también se vislumbra un enojo importante, pero menor que contra la UTA, contra las autoridades municipales por la incapacidad de conducir el conflicto.

En cuatro días de paro, si se suman los boletos no cortados, lo que los comercios no venden, y lo que los demás trabajadores han dejado de producir, las pérdidas son millonarias. Sólo en boletos, hay más de 24 millones de pesos de costo de la medida. Es un año difícil para todos y hasta el clásico humor cordobés se quedó en casa estos días.

Hay que seguir participando.

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