Marcos Haye comenzará a ser juzgado el lunes por el homicidio de su pareja, Ingrid Vidosa, cuyo cadáver fue encontrado en agosto de 2015 en el cerro turístico de Carlos Paz. Será en la Cámara 7° del Crimen, integrada con jurado popular.

Los rescatistas trasladan el cadáver de Ingrid Vildosa desde el Cerro de la Cruz. El caso llegó a juicio.

El de Ingrid Vidosa fue el tercer cadáver que apareció en el Cerro de la Cruz de Carlos Paz, en un lapso de pocos meses de 2015. Unos turistas lo divisaron en el fondo de un barranco el 25 de agosto, mientras hacían una caminata por el lugar. El paseo turístico había sido reabierto tras la clausura en mayo, luego de los hallazgos, con días de diferencia, de otros dos cuerpos: el de Andrea Castaño y el del fotógrafo Hernán Sánchez. Muertes que, durante un tiempo, fueron un misterio.

Pero la de Ingrid comenzó a resolverse en cuestión de horas: los investigadores centraron sus sospechas en Marcos Haye, de 31 años, pareja de la mujer, madre de una niña de 6 años, empleada de la Cooperativa de Mayu Sumaj, una pequeña localidad de Punilla. El próximo lunes, Hayes se sentará ante los jueces de la Cámara 7° del Crimen y los miembros de un jurado popular, acusado de “homicidio triplemente calificado por el vínculo, alevosía y mediando la violencia de género”. De ser hallado culpable, Sólo le espera un destino: la prisión perpetua.

Según reveló el diario La Nueva Mañana, en la intimidad del pabellón “E4” del penal de Bouwer, donde espera el juicio, Hayes le confesó el crimen a un compañero de presidio, sin atisbos de arrepentimiento. “Yo la maté, no lo hice un día antes porque había mucha gente en el Cerro de la Cruz. Ella tiene lo que se merece, está donde tiene que estar. Si lo tendría que volver a hacer, lo haría”, dijo, mientras tomaban mate. Conmovido, el reo que escuchó la confesión pidió declarar ante la fiscalía que investigó el caso.

La confesión es, de acuerdo con los investigadores, sólo un ladrillo más en el muro de pruebas que pesa sobre el imputado. Aunque no había denuncias de violencia de género por parte de la víctima, varios testigos aseguraron que el hombre “la controlaba”, dichos que se corresponden con su perfil psicológico, que lo describe como un hombre controlador, que utiliza el acoso para someter, hostigar y manipular.

En la elevación a juicio consta que el acusado planeó todo. Ingrid vivía en Mayu Sumaj. Un día antes, Hayes logró que viaje a Carlos Paz mintiéndole que le había conseguido una entrevista de trabajo. Una vez en la ciudad, le dijo que la entrevista no existía e invitó a Ingrid a subir al cerro. Una vez que llegaron a la cima, le pidió que cerrara los ojos y se diera vuelta. También le pidió que se arrodille. Entonces extrajo un revólver calibre 22 de su bolso y le disparó en la cabeza, luego empujó el cuerpo barranca abajo.

Al poco tiempo dos perros adiestrados de la División Canes de la Policía de Córdoba encontraron el arma, tirada en una zona rocosa y de maleza, a metros de donde fue hallado el cuerpo. El “dermotest” detectó pólvora en la mano de Hayes.

En el juicio, Carlos Vidosa y Mirtha Ramallo, los padres de la joven, serán querellantes particulares de la causa.

waldo.cebrero@enredacción.com.ar

@Cebrerowaldo

Cómo comunicarse:

Redacción: hola.enredaccion@gmail.com

Lectores: hola.enredaccion@gmail.com

Equipo de Investigación: afondo.enredaccion@gmail.com