El presidente juega todas sus fichas en imponer las reformas económicas clave. Pone en riesgo la estabilidad política y social.

El presidente Mauricio Macri. Foto: Presidencia de la Nación.
Municipalidad de Río Cuarto-Parque Sarmiento

Es difícil encontrar en los archivos un pronunciamiento empresario tan descarnado: ayer le pidieron a la oposición, fundamentalmente a los gobernadores peronistas, que “es imprescindible dejar de lado las especulaciones electorales y el afán de confrontar con el Gobierno, que están claramente presentes en las propuestas presentadas por diversos sectores de la oposición y aceptar las decisiones ya tomadas que, siguiendo las pautas dictadas por la Corte Suprema de la Nación, fueron aprobadas en audiencias públicas”. Dicho de otro modo, que no se debe insistir en frenar los aumentos de tarifas. No hay divisiones en el frente empresario: están los industriales, los grandes bancos y comercios, las empresas de servicios, y los propietarios de campos que nuclea la Sociedad Rural Argentina.

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También fue evidente la soledad del presidente volviendo de Chapadmalal y yendo a saludar a los bomberos en un cuartel del conurbano con motivo de conmemorarse el día del trabajador. Cualquier imagen anticipatoria de incendio, nunca mejor lograda. Además, ni un locro donde ir. Si alguien quiso desmentir lo que cree la sociedad, según las encuestas de las consultoras que trabajan para oficialismos y opositores, que este es un gobierno para ricos, nunca hubo una confesión de parte con semejante honestidad.

Al mezclar las dos fotos (la de los empresarios y la de Macri en el cuartel de bomberos en el día de los trabajadores) se tiene por confirmada la existencia de una gigantesca brecha que pone en riesgo la estabilidad política y social.

Dentro del gobierno y los sectores económicos aliados existe un debate que comienza a inclinarse en favor de los halcones. Es decir, de aquellos que piensan que no hay más tiempo para imponer las reformas económicas y que es necesario acelerar ahora para evitar que una crisis fagocite el capital político. Los que no quieren avanzar a sangre y fuego, señalan lo mismo que los otros: concretar las reformas en este momento, llevará a una crisis de consecuencias impredecibles. Recuerdan como le fue a Ricardo López Murphy y su equipo durante el gobierno de la Alianza. Los halcones presumen, en cambio, que si no se realizan las reformas neoliberales completas antes de que termine el invierno de este año, en 2019 habrá empate técnico y cero margen para avanzar.

La aparición de Domingo Cavallo pidiendo un conductor de la economía y mayor ajuste fiscal, es un reclamo de “mano dura” económica de un sector del empresariado y las finanzas para evitar la constitución de un sujeto político opositor que ponga en riesgo la restauración neoliberal. Dolarizados los precios de las tarifas, iniciado el proceso de desindustrialización, llega el momento de ajustar el Estado y reducir el costo laboral. De otro modo, el programa macrista será inviable. El problema del oficialismo es que se quedó sin libreto para semejante receta, o lo que es igual sin campera para salir al frío exterior.

El ex ministro de Economía, Domingo Cavallo.

Es la misma dificultad de los últimos 100 años. Ni los movimientos nacionales y populares, ni la derecha vía los golpes de Estado o la colonización del peronismo en los ’90, pudieron definir el pleito entre los dos proyectos de país. Ahora es una derecha democrática la que intenta alcanzar el éxito, aunque su programa pone en riesgo la estabilidad política, social y económica.

La diferencia respecto de las derechas anteriores (además de no ser golpista) es que se han juntado todos los sectores de poder económico y un partido con algunos hábitos posmodernos. Tiene poder de fuego.

Habrá que ver si el presidente, en esa lógica, puede convencer a los gobernadores peronistas del PJ dialoguista, que hay algo más que sacrificios en el horizonte.

Una pregunta es ¿Por qué los mandatarios provinciales del PJ intentan reeditar una Liga de Gobernadores y se plantan con las tarifas? Porque no quieren pagar el costo político de la reforma jubilatoria y porque perciben que para ser opositores -y disputarle el liderazgo a CFK con alguna posibilidad-, es necesario convertirse en opositores. Las tarifas -consideran- le dan una oportunidad sin riesgos inmediatos: si el proyecto opositor se aprueba en el Congreso y el presidente debe vetar la ley, todo el costo será 100% para el gobierno. Piensan que, como todo parto, será doloroso, pero habrán nacido.

El gobernador Juan Schiaretti durante la apertura de la 140° sesiones ordinarias de la Legislatura de Córdoba. Foto: Sebastián Salguero (Archivo).

Sin embargo hay un segundo drama: Macri y sus aliados necesitan cerrar las reformas en marcha para encaminar el nuevo ciclo neoliberal. Por eso le están advirtiendo a los gobernadores del peronismo que comulgan con este pensamiento como el cordobés Juan Schiaretti, que juegan con fuego y que una cosa es emerger como alternativa para frenar al populismo dividiendo el electorado común peronista y otra poner en riesgo el programa completo. Del lado del mostrador del Ejecutivo, no creen que discutir los ingresos de petroleras y empresas de servicios públicos sea una buena idea. Encima, la perdida de capital político y el mal humor social creciente desde diciembre han puesto nervioso a todo el mundo. Ya ni Jaime Durán Barba acierta con ninguna genialidad: todos los temas que se intentan subir a la agenda pública se esfuman en horas. Por si todo eso fuera poco, el presidente terminó festejando el 1° de mayo en un cuartel de bomberos. Es el tiempo más crítico y con mayores incertidumbres de la alianza gobernante desde que arribó a la Casa Rosada.

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