El grupo de música de raíz folclórica “María y Cosecha” trae a Córdoba su reciente disco “Agosto”. Canciones de ayer y hoy para describir el momento que viven como banda y lo que ven del país.

María y Cosecha se presentan el 1 de marzo en Cocina de Culturas. Foto: Gentileza.

El día que María y Cosecha comenzaban a grabar Agosto, Pablo Fraguela, el pianista de la banda, llegó dormido. La noche anterior, en medio del último ensayo, recibió el llamado de su mujer Dolores contándole que tenía contracciones y que su hijo quería nacer. El nacimiento estaba previsto para Septiembre,  pero Luis –en honor a Luis Alberto Spinetta- se adelantó, “y no podíamos cancelar nada, porque ya teníamos pagado el estudio, los técnicos y un grupo de cineastas para filmar. Encima era la primera que grabamos en un lugar como ION”, recuerda María de los Ángeles Chiqui Ledesma. Así fue que Luisito llegó con disco bajo el brazo. El grupo se completa con Pedro Furió en guitarra y cuatro venezolano, Matías Furió en percusión y Taty Calá en contrabajo.

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Con el disco en mano llegan a Córdoba el próximo jueves 1 de marzo para presentarlo en Cocina de Culturas. Contarán con invitados locales como Mery Murúa, Pachi Herrera y Negro Valdivia con su taller de danza.

Agosto resume estos veinte años de trabajo conjunto. Nos conocimos estudiando en la Escuela de Música Popular de Avellaneda, donde empezamos este camino de elegir la música de raíz folclórica como modo de transmitir el pensamiento y atravesar la vida”, le cuenta a ENREDACCIÓN la voz del grupo. Por eso, los temas elegidos incluyen un amplio repertorio del cancionero popular latinoamericano, entre clásicos y contemporáneos, por ejemplo Alma de lapacho de Ramón Ayala, Rumbo verde  de Carlos Di Fulvio, Copla triste de Ramiro González y Héctor Topo Encinar y Alfonsina y el mar de Félix Luna y Ariel Ramírez. “Abordamos una serie de creadores, no todos los que nos encantan, sino sería un disco eterno”, dice la interprete desde el otro lado de la línea. El registro fue durante el mes agosto de 2017, fecha en la celebran las dos décadas de andar juntos, y la grabación fue en vivo con los cinco tocando en simultaneo.

Durante su carrera han editado otros cuatro discos: Miradas (1999), Esencia (2008), Otra Vuelta (2010) y Umbral (2015), todos de manera independiente. Además, se han dedicado a la militancia cultural y han demostrado su compromiso con el folclore a través de la fundación  de espacios para la difusión de propuestas artísticas del circuito no comercial de todo el país. Entre ellas crearon la Peña la Eulogia, el Encuentro Músicas de provincia y cogestionaron el ciclo Nuestras músicas y la Peña de los Abrazos.

¿Por qué revisar la música popular?

Son cosas que tenemos ganas de decir en este momento, años atrás no nos hubiésemos animado a reversionar canciones, por ejemplo Alfonsina y el mar que han sido interpretadas por los más grandes referentes. En este momento necesitamos volver a esas canciones que nos marcaron para siempre cuando éramos chicos para elegir este camino y no otro, y a su vez, volverlas a este tiempo, a nuestra sonoridad y manera de decir. Quizá, hace unos años sentíamos que no teníamos la madurez  como para abordarlas desde ese lugar. Eso es lo que nos pasa cuando volvemos a interpretar una canción clásica, queremos encontrar nuestra sonoridad en esas canciones que en algún momento de nuestras vidas nos atravesaron. Teníamos muchas ganas de hacerlas y sentimos que es un momento en el que hay que decir ciertas cosas.

¿Qué han cosechado en estos 20 años de trayectoria?

Es un trabajo de todos los días, de aprendizaje  más que todo. Empezamos tocando muy chiquitos, imaginate que en aquel momento el percusionista todavía estaba en el secundario. Lo más hermoso de este grupo es que crecimos juntos. Yo nací en Venado Tuerto y a los 18 años me fui a estudiar a la EMPA, así que pasé más tiempo de vida con ellos que con mis hermanos. Es el aprendizaje de caminar juntos, de transformarse en familia, de ver las cosas desde otro lugar. Hemos editado discos atravesando las distintas épocas del país, distintas políticas, pero siempre caminando juntos, aprendiendo juntos. Por supuesto que nos hemos peleado, nos hemos amigado, llorado y reído, como cualquier familia. En este caso, una familia elegida.

Hay una gran cantidad de artistas del folclore que también están cumpliendo los veinte años, ¿qué comparten?

Nuestra generación de artistas, como Mery Murúa, Ramiro González, Arbolito o Duratierra, lo que tenemos en común es que empezamos a caminar haciendo música en plena época del neoliberalismo, en los ’90 y 2000, en plena crisis política y cultural. Si no nos reinventábamos, no sobrevivíamos a ese momento, por eso la herramienta que nos dio esa época tan tremenda es la de la autogestión, sobrevivimos porque hubo ese cambio de paradigma, de cómo concebir a la música de raíz. Eso es lo que no ha dado la fortaleza, a pesar de todo y de todos, porque hemos logrado sostenernos en el tiempo, porque no esperamos nada de nadie.

¿Siguen siendo la renovación del género o qué es lo nuevo hoy?

Todo el tiempo el artista está buscando nuevos horizontes, nuevas sonoridades. De repente aparecen nuevos creadores que lo conmueven, de eso se trata el arte, se mantiene constantemente en movimiento. Hay una camada de músicos más chicos que nosotros que son increíbles, pero caminamos todos juntos aunque haya diferencias de edades. Hay un montón de grupos o cantantes que capaz que no se conocen mucho todavía, artistas más chicos que nosotros, todos con distintas sonoridades, pero para el mismo lado.

Luego de los silbidos en Cosquín, en una carta pública hablas de la canción como fundamento, ¿qué significa?

Viene del nuevo cancionero que fundó Armando Tejada Gómez y Mercedes Sosa, entre otros, artistas perseguidos, exiliados y hasta asesinados. Tiene que ver con decir cosas que hablan de realidades, es un momento especial. En Cosquín decidimos hacer dos canciones donde hablaban de situaciones políticas de la actualidad. Una de ellas Galopes y relinchos, que habla de los maestros rurales, porque en nuestro país los docentes estamos viviendo, y me incluyo porque soy docente y mis compañeros también,  una falta de libertadtremenda, ya que nos quieren sacar las paritarias. Sentimos la necesidad desde nuestro arte, con mucho respeto, contar lo que estaba pasando.

¿Una canción tiene que incomodar?

No incomodar, sino atravesar. Algunos lo sienten desde la emoción, y a veces para otros no es cómodo lo que tenemos que decir. Algo de eso paso en el Festival de Cosquín, hubo gente que se molestoó, porque evidentemente fueron atravesados. Otros nos abrazaban y agradecían cuando bajamos del escenario. Lo hacemos con firmeza y convicción, aunque muchas personas conciban que los festivales sean sólo para divertirse. Cada uno tiene su concepto, eso es la democracia. Lamento la intolerancia que tiene alguna gente.

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Jueves 1 de marzo, a las 22 horas, en Cocina de Culturas.

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