Se trata del segundo interno fallecido en lo que va del año por causas que se pudieron evitar o prevenir. En esta ocasión, la inexplicable falta de ambulancias impidió que un interno que se había descompensado en el patio pudiera ser trasladado al Hospital de Cruz del Eje. La Justicia investiga las responsabilidades del Servicio Penitenciario.

Al momento de descomensarse el interno José Torres, la única ambulancia de alta complejidad del penal se encontraba en un traslado común hacia Córdoba, y la otra ambulancia no andaba.

Las horas de patio de la mañana terminaron de la peor manera. José Nicasio Torres tenía 54 años y hacía ya un tiempo que habitaba el Módulo 2 de la Cárcel de Cruz del Eje. Estaba con prisión preventiva, a disposición de la fiscalía de Cura Brochero.

El parte oficial del Servicio Penitenciario señala que luego de desvanecerse en la cancha de fútbol de uno de los patios internos del complejo, Torres “fue trasladado al servicio médico donde el profesional a cargo constató la ausencia de signos vitales en el interno”. Agrega que pese a ello “se le aplicaron maniobras de reanimación pulmonares básicas y avanzadas por 30 minutos, resultando infructuosas, constatándose su deceso a las 10:30 horas” del día martes.

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Aunque en lo formal el parte aparenta ser correcto, en la realidad omite algunos detalles importantes. Uno de ellos, es que la vida de José Nicasio Torres podría haber sido salvada. Y que en su muerte tal vez se entrevera algún grado de negligencia grave.

 

UN TRASLADO QUE NO FUE

Habitado por más de 1500 internos, casi todos con condena firme, el Complejo Carcelario N°2 “Adjutor Andrés Abregú” de Cruz del Eje cuenta normalmente con ambulancias para la atención de emergencias médicas.

Se trata de dos móviles; el 50 y el 119. El primero de ellos cuenta con equipamiento básico y es utilizado casi exclusivamente para traslados clínicos. El segundo es una ambulancia con equipamiento de alta complejidad, lo que virtualmente la convierte en una unidad de terapia intensiva móvil, lista para atender emergencias como las del partido de ayer por la mañana.

Tras caer desplomado en medio del campo de fútbol, Torres es trasladado por sus compañeros y el personal penitenciario al centro de salud del Módulo 2. El cuadro era dramático, y es por esa razón que el médico a cargo, Gabriel Simaski, no tardó en solicitar el trasladado de manera urgente al Hospital Aurelio Crespo, de Cruz del Eje. Lógicamente, en la ambulancia de alta complejidad.

Pero el móvil 119 no estaba disponible. Insólitamente había sido utilizado para trasladar un interno a la ciudad de Córdoba. “Se dieron con que habían usado esa ambulancia para un viaje a Córdoba que no representaba ninguna urgencia ni ningún riesgo para el paciente”, aseguró bajo estricta reserva una alta fuente del establecimiento. “No se trataba de un cuadro complejo. No hacía falta usar la mejor ambulancia para ese viaje a Córdoba”, añadió.

Se dieron con que habían usado la ambulancia de alta complejidad para un viaje a Córdoba que no representaba ninguna urgencia ni ningún riesgo para el paciente”, aseguró bajo estricta reserva una alta fuente del establecimiento.

Nadie entendía por qué no se había hecho ese traslado a Córdoba en el móvil menos equipado. Pero no quedó más alternativa que recurrir a la otra ambulancia, en momentos en que el corazón de Torres terminaba de agonizar.

La explicación llegaría cuando intentaron arrancarla. “No hubo forma”. El móvil 50 no quiso ponerse en movimiento. “Mirá que intentaron varias veces. Hasta la empujaron con los fajineros y no quiso arrancar”, contó la misma fuente.

A esa altura, el cuadro de Torres ya sería irreversible. La coordinación de los móviles, tarea que se halla bajo la potestad del subdirector general del complejo, el alcaide Marcos Romero, falló en el momento en que más era necesaria. Un oportuno traslado o la asistencia con equipos de electroshock tal vez lo hubieran podido sacar. Pero tuvo la mala suerte de sufrir un paro cardíaco en el momento en que no había ambulancias operativas en la institución que además de por su “reinserción social”, debía velar por su integridad física.

 

LLAMADO AL DIRECTOR DE PENAL

La causa ya está siendo investigada por el fiscal de Cruz del Eje, Reymundo Barrera. “Estamos actuando de oficio, luego de conocer el caso por un llamado telefónico desde la Secretaría de la Fiscalía de Cura Brochero”, le respondió el representante del Ministerio Público fiscal a este medio.

Lo que nosotros necesitamos de manera imprescindible es conocer la causa de la muerte. Después, si hubo alguna negligencia del Servicio Penitenciario, entonces tomaremos los recaudos necesarios”, dijo el fiscal.

Al momento de hacerse la comunicación con ENREDACCIÓN, el procedimiento judicial aún no había sido entregado, con lo cual, al menos hasta ayer a las 18 horas, el cuerpo del fallecido permanecía aún en el establecimiento. En ese marco, el fiscal especuló que caída la tarde ya habrían sido “completadas las diligencias” para trasladar el cuerpo a la morgue donde se le hará la autopsia. “Lo que nosotros necesitamos de manera imprescindible es conocer la causa de la muerte. Después, si hubo alguna negligencia del Servicio Penitenciario, entonces tomaremos los recaudos necesarios”, dijo el fiscal.

El fiscal de Cruz del Eje, Reymundo Barrera, le adelantó a ENREDACCIÓN que convocará al director del establecimiento, subprefecto Hugo Pereyra, para pedirle explicaciones por la muerte de Torres.

De hecho, el encargado de la investigación consideró casi un hecho que en el transcurso de la tarde de ayer comparecería ante su despacho el subprefecto Hugo Pereyra, director del establecimiento de Cruz del Eje. En tal sentido, Barrera citó el artículo 80 de Código Procesal Penal (que establece los derechos de las personas sindicadas, denunciadas o investigadas penalmente) al fundamentar su decisión de convocar al jerarca penitenciario.

“Vamos a tomar todas las medidas necesarias para que pueda ejercer la totalidad de los derechos de un eventual imputado, incluso con la posibilidad de que el Servicio Penitenciario asigne peritos de control para ejercer los derechos correspondientes”, sostuvo el fiscal, adelantando que el director sería notificado en la tarde de ayer.

 

MUERTES INFAMES

La muerte de Torres, envuelta en un caso de desidia dentro del Servicio Penitenciario, no es la primera del año y probablemente tampoco será la última. El 5 de febrero falleció durante un traslado el interno Jonathan Centeno, un joven de 22 años que hacía sólo 36 horas había sido detenido por resistencia a la autoridad. Su muerte se dio dentro de un móvil de traslados, encadenado al piso, bajo condiciones inhumanas y con una temperatura externa que superaba los 40 grados de sensación térmica, magnificada en el interior metálico del móvil, en lo que fue el día más caluroso del año.

Actualmente la fiscalía de distrito 2 turno 5 investiga las eventuales responsabilidades tanto de la Policía como del Servicio Penitenciario. No hay detenidos ni imputados.

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