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Argentina: los ingresos en pesos y la economía en dólares

Dólar estadounidense. (Foto: Gentileza).

Los trabajadores y los jubilados en la Argentina vienen padeciendo un brutal ajuste desde hace años y la situación se está agravando aún más en estos tiempos de pandemia de coronavirus.

Antes que nada, hay que señalar que en nuestro país existen actividades estatales y privadas que hace años no logran paritarias dignas.

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¿Qué hicieron frente a este hecho los gremios en cuestión? ¿Tomaron todas las acciones gremiales, administrativas y/o judiciales posibles en defensa de sus representados? Cada uno podrá sacar sus propias conclusiones, teniendo en cuenta lo que se hizo y los resultados logrados.

Pero el resto de los trabajadores que han conseguido mejores paritarias (innumerables organizaciones sindicales ya solicitaron la reapertura de las mismas), vienen perdiendo por goleada contra la inflación real interanual.

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Asimismo, es importante resaltar que la moneda nacional para pagar salarios y jubilaciones en nuestro país es el peso, pero la moneda en la que se miden y valoran rubros como los alimentos, los medicamentos, la vestimenta, los combustibles, las tarifas, y muchos productos más, es el dólar.

Esta situación, es inadmisible e inaceptable; porque es una de las fuentes de pobreza en nuestra Nación.

Los activos y los pasivos se empobrecieron, y perdieron significativamente poder adquisitivo. Por ende, en estos últimos  tiempos acusó ese golpe el propio mercado interno (sumado a la pandemia), lo que se ha traducidos en el cierre de miles de comercios, industrias, fábricas.

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No es posible que aumente el dólar; y por detrás de esto, aumenten inmediatamente los alimentos, los medicamentos, los combustibles, las tarifas, etc. Allí pareciera que si existe y se aplica una especie de cláusula gatillo (como era con las paritarias antes).

Pero si el dólar baja, los precios de estos productos, nunca retroceden. Claramente, frente a este esquema que no resiste en el tiempo, para que algunos se vean afectados económicamente, hay quienes por el contrario, han tenido ganancias multimillonarias.

Existe una frase célebre, que dice: “mientras que los salarios en la Argentina van por las escaleras, la inflación va por el ascensor”.

En la actualidad, los salarios van pisos hacia abajo por las escaleras, mientras que la inflación va pisos hacia arriba por el ascensor.

Es un trabajo de las organizaciones sindicales, luchar con compromiso, unidad, independencia política e incansablemente, mediante todos los mecanismos que las leyes les permiten, para defender el salario de los afiliados activos y pasivos.

La CGT también debe dejar de hacerse la distraída y mirar para otro lado. Si quienes conducen no están a la altura de las circunstancias, deberían  dar un paso al costado para que tengamos dirigentes activos que trabajen para el beneficio de un postergado pueblo  trabajador (ni hablar de los jubilados).

Un trabajo que se debería hacer en el propio Congreso de la Nación es legislar para que tengamos leyes que permitan recuperar el poder adquisitivo no solo de los trabajadores, sino también de los jubilados.

Se dice que este país tiene capacidad para alimentar a cuatrocientos millones de personas. Sin embargo, ¿quienes gobiernan no pueden garantizar el alimento a cuarenta y cinco millones de argentinos? Tienen a 6 de cada 10 niños sufriendo hambre. Los niños pasan hambre en el granero del mundo.

Necesitamos tener un país con una moneda fuerte. Un país en el que la moneda nacional se use para pagar salarios, pero también para comprar alimentos, adquirir vestimenta, tener salud, transportarnos, acceder a la educación, alcanzar la vivienda propia, entre otras cosas; pues todos ellos, son derechos humanos que tenemos todos los ciudadanos y que deben ser garantizados desde el Estado según se indica en los articulados correspondientes, en nuestra propia Constitución Nacional y Tratados Internacionales.

Pero sobre todo, nuestro país necesita una clase política y sindical, que comiencen a demostrar estar a la altura de las circunstancias.

* Carlos Emanuel Cafure es abogado laboralista.

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