Con una población carcelaria creciendo a ritmos nunca vistos en la historia reciente y con una infraestructura que año tras año va estirándose para correr sus límites, ahora el SPC decidió barrer con un sector dedicado al aprendizaje de oficios en el módulo MX2 para destinarlo al alojamiento de reclusos.

Los talleres de oficios que funcionaban en el pabellón Industria de Bouwer fueron reconvertidos en una celda colectiva para 40 internos.

Donde había tornos, ahora hay camastros y cuchetas. Donde había amoladoras, ahora se amontonan cajones con ropa. Donde había lijadoras, ahora se ve gente durmiendo, cocinando, aseándose, o simplemente dejando que el tiempo transcurra.

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Donde había un pabellón industria, donde los internos se formaban en un oficio para intentar cambiar sus rumbos, donde los maestros de oficios se pasaban las horas intentando despertar otros horizontes en los condenados, ahí en uno de esos escasos lugares donde la cárcel tiende a cumplir el objetivo para el que fue creada, ahora, lamentablemente, hay un pabellón más.

Esto ocurre en el complejo penitenciario de Bouwer, en el módulo ubicado al fondo a la izquierda, donde se disponen 14 pabellones ubicados en cruz, en la parte posterior.

Para llegar a ese sector, hay que atravesar las áreas administrativas y luego avanzar por un pasillo dejando al costado izquierdo la escuela y al derecho el pabellón industria.

Por ahora la escuela sobrevive, pero lo que era el espacio donde los internos se capacitaban en oficios, ahora dejó de funcionar y se convirtió en un gigantesco pabellón colectivo, donde desde hace tres semanas fueron alojados al menos 40 internos.

El sector marcado en amarillo es el pabellón industria, ahora destinado al alojamiento de 40 internos.

SACRIFICANDO ESPACIOS

El dato acerca del nuevo destino de ese sector fue acercado a ENREDACCIÓN por un interno del propio complejo, sorprendido por la forma en que el Servicio Penitenciario de Córdoba, bajo la tutela del Ministerio de Justicia, resuelve la superpoblación carcelaria sacrificando los espacios de reinserción. Luego la versión fue confirmada por diferentes fuentes penitenciarias consultadas para la realización de este informe.

En el sitio web oficial del SPC todavía figuran los talleres de colchonería, tornería, mimbrería, chapa y pintura, costura de fútbol y refrigeración, que funcionaban en ese sector. También había un área en la que se exponían los productos ahí confeccionados y estaban disponibles para la venta.

Imaginate, a la gente del taller que arreglaban heladeras, aire acondicionados, bebederos y cámaras frigoríficas de Bouwer, les dieron una oficina en la parte administrativa en la planta alta”, contó una fuente del SPC consultada para esta nota. “Imposible subir ahí una heladera industrial, olvidate de ese taller”, se resignó.

Ahora convertido en una gigantesca celda colectiva, todos los talleres que ahí se dictaban quedaron desactivados, o bien reducidos a su mínima expresión al haber sido trasladados a lugares no previstos para ello.

“Imaginate, a la gente del taller que arreglaban heladeras, aire acondicionados, bebederos y cámaras frigoríficas de Bouwer, les dieron una oficina en la parte administrativa en la planta alta”, contó una fuente del SPC consultada para esta nota. “Imposible subir ahí una heladera industrial, olvidate de ese taller”, se resignó.

En el sitio oficial del gobierno todavía aparecen listados los talleres que hasta hace poco funcionaban en el módulo MX2 de Bouwer, antes de ser convertido en celda colectiva.

SUPERPOBLACIÓN EN ALZA

El último dato conocido sobre la población que habita el módulo de máxima seguridad de Bouwer, el MX2, ubicado al fondo del complejo penitenciario, indica que a finales del año pasado sumaban 873 internos. Durante ese año, la población carcelaria se había incrementado a razón de 14% anual (), lo que implica que siguiendo el mismo ritmo, a esta altura de 2018 es probable que en el MX2 ya sean más de 970 internos.

A propósito. Esa cifra del 14% de incremento en la población carcelaria es la más alta desde 1972, que son los registros de los cuales dispone el Ministerio de Justicia de la Nación. Sólo 2013 se había logrado superar el 10% de alza (fue 10,6%), pero en el resto de los años, las subas promediaban el 4%, con algunos años en que se dieron bajas.

Sin embargo, desde 2013, cuando se registró la última baja, la población carcelaria no ha parado de crecer, y lo ha hecho a un ritmo muy superior al promedio de los últimos 18 años (5,7%). De hecho, 2015 finalizó con una suba del 7,2%; en 2016 trepó a 7,6% y en 2017 el ritmo duplicó al año anterior: 14,6%, cifra sin antecedentes.

Producto de esta tendencia, es que desde que asumió la actual gestión del Ministerio de Justicia, la principal política penitenciaria ha sido incrementar, sea como sea, la capacidad de alojamiento de las cárceles cordobesas. Esto se ha logrado construyendo entrepisos en pabellones, destinando dos presos a celdas previstas para uno solo, construyendo nuevos espacios y refuncionalizando otros, para que puedan ser habitables. Y como vimos con el caso del pabellón industria, en el MX2, cerrando un sector destinado al aprendizaje de oficios para que pase a ser habitado por presidiarios.

A ello se suma el dato aportado por fuentes del SPC que aseguran que actualmente hay al menos 40 internos durmiendo con colchones en el piso, y en sectores inverosímiles como los pabellones centrales en los diferentes módulos, ocupando lugares destinados a locutorios, sectores de paso, salas de reunión, entre otras.

Como solución central al problema del hacinamiento en las cárceles, el gobierno de Schiaretti lanzó el 29 de mayo un llamado a licitación por 85 millones de pesos (antes de la fuerte devaluación) para la construcción de un importante módulo de 5105 metros cubiertos y con capacidad para albergar a 384 internos.

El proyecto tiene la particularidad de que prevé la construcción de 96 celdas cuádruples de sólo 10,14 metros cuadrados de superficie, a razón de 2,53m2 por interno, lo que no sólo vulnera la ley 24660 de Ejecución Penitenciaria, que prevé la obligatoriedad de celdas individuales, sino que además va en contra de las previsiones del Comité Internacional para la Prevención de la Tortura y las Reglas Mandela de la ONU, que exigen celdas individuales de no menos de 7 m2, y celdas colectivas que garanticen como mínimo 5m2 por interno.

A comienzos de año, cuando se inauguraba una nueva ampliación en Bouwer. El ministro Angulo recorría las obras y hablaba de “reinserción”.

Por esa razón, da la sensación de que la realidad de lo que pasa en las cárceles cordobesas, en buena medida choca contra las declaraciones de sus responsables. El 18 de enero de este año, en momentos en que se inauguraban 80 nuevas plazas en Bouwer, el ministro de Justicia Luis Angulo, afirmaba que “los internos deben aprovechar las prestaciones que ofrecen las cárceles provinciales para que, el día de mañana, encuentren mayores oportunidades de reinserción social, laboral y familiar”.

Los internos deben aprovechar las prestaciones que ofrecen las cárceles provinciales para que, el día de mañana, encuentren mayores oportunidades de reinserción social, laboral y familiar”, dijo el ministro de Justicia Luis Angulo, en ocasión de inaugurar un nuevo módulo en Bouwer para 80 internos.

Difícilmente esto pueda cumplirse si justamente se desactivan los espacios en donde los procesados y condenados pueden desarrollar esas mayores oportunidades de reinserción social, laboral y familiar. Y mucho menos si se planifica construir nuevos módulos que vulneran las normas locales, regionales e internacionales.

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