Las demandas del movimiento de mujeres han empujado al sistema político a prometer sin estudio y sin responsabilidad. El presidente habla de "paridad salarial" para entroncar con la ola feminista y anuncia medidas oportunistas que no van al corazón del problema.

El presidente Mauricio Macri ayer, durante la conmemoración oficial del día internacional de la Mujer.

El presidente habla y promete sin responsabilidad alguna la solución a la disparidad salarial que afecta a las mujeres respecto de los hombres. El problema es que la idea de la pos-verdad plantea responder a lo inmediato desde el relato, con acciones coherentes con la demanda de la opinión pública, fundamentalmente a través del ecosistema digital, pero sin vinculación con la realidad. La mano del gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba propone una acción política sin convicciones y con conveniencias, lo que vuelve impredecible a todo el sistema y lo pone en riesgo general. Las ideas y las representaciones son la sustancia de la democracia. Básicamente, el peligro aparece como consecuencia de que una vez superadas las consecuencias de “la borrachera social”, los costos para el conjunto de las instituciones pueden ser graves. El descrédito y su consecuente falta de confianza, son -en general- un drama para la estabilidad de los sistemas.

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Ayer, Mauricio Macri, en el Día Internacional de la Mujer, rodeado de mujeres y con algunos pocos hombres, lanzó un paquete de medidas para garantizar la igualdad salarial y la inserción de las mujeres en el mercado laboral. “Vamos a presentar un proyecto de ley con cambios para avanzar hacia la equidad de género, la igualdad de oportunidades en todos los planos, especialmente en el trabajo”, expresó el mandatario durante un acto realizado en el Centro Metropolitano de Diseño, en el barrio de Barracas. Algunas de las medidas, aisladas, son avances (más días para la licencia por paternidad) y otras son claros retrocesos o acciones inocuas (como que padres y madres perciban remuneración proporcional a la cantidad de horas pactadas con los empleadores si tienen hijos pequeños a cargo). En conjunto, lamentablemente, el paquete dado a conocer no resuelve el problema de la desigualdad.

“No podemos permitir que una mujer gane menos que un hombre, no tiene sentido, no tiene explicación para aquellos que trabajamos día a día con ellas”, agregó el presidente durante su discurso.

Macri ingresó al acto acompañado de su mujer, Juliana Awada, que fue presentada por el locutor oficial del encuentro, como “la señora de…”. Justamente, la igualdad se asienta sobre dos pilares básicos: la autonomía económica de la mujer y la sustitución del rol de subordinación femenino respecto del “macho”. El apuro no siempre alumbra, simbólicamente, salidas adecuadas. Este es un ejemplo.

Carolina Stanley y Patricia Bullrich, las dos ministras de Macri. En el gabinete, las mujeres representan menos del 10%.

El otro ejemplo es que tiene sólo dos ministras y diecinueve ministros. Es decir, menos del 10% de su gabinete está integrado por mujeres. En las medidas que anunció ayer, no incluye ninguna ley de paridad en el Poder Ejecutivo, ni en las empresas, aunque sí lo hace para los sindicatos. Uno de los problemas de la desigualdad es el “techo de cristal”, esto es, ver a mujeres en puestos de poder. De hecho, en los únicos lugares donde existe cierta paridad, es en los cuerpos legislativos donde hay cuotas de género. En el resto de los poderes de Estado, y de las empresas, donde no hay leyes que las obliguen, las mujeres son “objetos decorativos” en el ámbito de las decisiones.

La legislación argentina, a través de la Ley de Contrato de Trabajo, es igualitaria y considera a hombres y mujeres como trabajadores en igualdad de condiciones y a igual tarea, igual salario. Hay pocas diferenciaciones sustanciales, una de ellas la del artículo 176, referido a “Tareas penosas, peligrosas o insalubres. Prohibición”, donde dice que “queda prohibido ocupar a mujeres en trabajos que revistan carácter penoso, peligroso o insalubre. La reglamentación determinará las industrias comprendidas en esta prohibición”. Este artículo será modificado, eliminando algunas restricciones en la industria.

Sin embargo, en el punto clave, que son las licencias, las reformas propuestas no avanzan hacia la paridad, ni en beneficio del trabajador, salvo en el caso de la ampliación de la licencia por paternidad (que era testimonial) de 2 a 15 días.

El presidente y Juliana Awada, ayer en Barracas. Foto: Prensa Gobierno Nacional.

Las principales modificaciones que contendría la ley del oficialismo son las siguientes:

-Extender la licencia por paternidad de 2 a 15 días.

-Establecer 10 días corridos de licencia por “violencia de género”.

-Ampliar las licencias por trámites de adopción de 2 días corridos hasta 10 por año.

-Aumentar la licencia por procedimiento de fertilización asistida a 5 por año.

-Incrementar a 10 días la licencia por muerte de un hijo.

-Introducir la posibilidad de que todos los trabajadores puedan acordar una licencia sin goce de sueldo por 30 días con el empleador.

-Permitir la reincorporación de las madres de modo part-time por 6 meses.

-Incluir que madres y padres con un niño a cargo de hasta 4 años, puedan programar una reducción temporaria de su jornada laboral recibiendo una remuneración proporcional.

En general, la iniciativa plantea:

-Equidad: “Garantizar la equidad de género, de oportunidades y de salario en todos los aspectos de la vida laboral, además de prohibir cualquier tipo de discriminación por el género o estado civil”.

-Respeto: Insta a “garantizar el respeto a la igualdad de género en las asociaciones sindicales”.

-Igualdad: Plantea “otorgar la misma protección a las mujeres que a los hombres para tareas penosas, peligrosas o insalubres”.

-Sin restricciones: La normativa “elimina cualquier restricción que les impida realizar (a las mujeres) trabajos fuera del establecimiento laboral, a distancia o teletrabajo y toda traba que existiera para que se desempeñen en algunas industrias”.

Pese al ampuloso texto, la realidad indica que la inequidad de género se sostiene en dos ejes:

-El trabajo informal (en negro).

-Las licencias en el trabajo formal (en blanco).

Ambos ejes están atados al rol cultural de subordinación de la mujer al patriarcado (dominio del hombre en las relaciones sociales). Este factor lleva a las mujeres a ocupaciones de menor tiempo horario y más flexibles (trabajo informal o de menor calificación) como complemento de los ingresos que tiene el hogar, y para poder cumplir con el rol de “ama de casa” y “madre”, dos de los dispositivos de control social de las mujeres. O bien, a trabajos donde existe menor competencia masculina o han sido abandonados por el hombre a causa de sus menores remuneraciones y que tienen mayor cantidad de derechos laborales, un elemento que facilita las tareas de rol. Un ejemplo de ello, es la administración pública o la docencia.

El presidente camina a hacer los anuncios de “paridad salarial”. Foto: Prensa Gobierno Nacional.

La idea de que las mujeres ganan menos salario que los varones a igual tarea no tiene demasiados ejemplos. En realidad, la disparidad del 22% dentro del trabajo formal surge de la masa salarial global que perciben los dos grupos. Esto implica, que los varones ocupan puestos de trabajo con mejor remuneración y las mujeres con peores salarios. Esto ocurre, normalmente, porque las mujeres tienen un costo más elevado para los empleadores para poder cumplir con el rol social patriarcal asignado (madres y amas de casa). La única manera de corregirlos, es igualando el costo laboral, esto generando incentivos de derechos para que los hombres asuman la crianza y cuidado de sus hijos, por ejemplo. A costos laborales iguales o similares, el capital no sancionará a la fuerza de trabajo femenino. Eso es lo que implementan países como Islandia o Suecia. No así Estados Unidos. Tampoco es posible bajando derechos o reduciendo salarios, esto es a través de sistemas laborales flexibles (por ejemplo, promover medidas a costa del trabajador, como licencias sin goce de sueldos o con salarios proporcionales), como los que promueve el gobierno de Macri. Se necesita de lo que se suele denominar “Estado de Bienestar” para poder avanzar en la equidad.

A la par de ello, es necesario terminar con el trabajo informal, que en los países capitalistas cumple la función de llevar a la baja los ingresos de la clase trabajadora (salarios + derechos sociales y laborales). Indirectamente, un avance en ese sentido eleva el coste por trabajador, pero a la vez, mejora su calidad de vida. La reforma laboral que propone el gobierno en este punto parte de blanquear perdonando aportes no realizados y excluyendo el pago de aportes a los salarios más bajos. El resultado, será una baja generalizada de los derechos sociales, laborales y salariales. Todo lo contrario a la igualdad de géneros. O en todo caso, igualdad clase B.

Dentro de ese contexto, es que construir una agenda política a partir de una potente demanda social como la agenda de género es un dato positivo, en tanto y en cuanto la canaliza, no si tiende a usarla de modo oportunista y sin solucionar el problema que la origina.

Con seguridad, el debate en el Congreso permitirá probar la fortaleza de las limitantes neoliberales de la agenda de género del gobierno, sin embargo no alejarán el riesgo de descrédito sobre el sistema político e institucional. Las demandas sociales deben ser atendidas seriamente, no de modo irresponsable.

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