¿Todos los actos para conmemorar las grandes fechas patrias y a nuestros héroes deben ser con un desfile cívico-militar? ¿No es posible incorporar otras miradas, más multimensionales? ¿O acaso los héroes sólo tenían entre ceja y ceja, hacer la guerra?

El desfile, ayer en Villa María. Foto: Prensa Gobierno de Córdoba.

Los actos patrios como el 25 de mayo, el 9 de julio, el 20 de junio o el 17 de agosto, entre otros, son recordados inexorablemente con un gran desfile cívico-militar. Una y otra vez desde hace más de un siglo y medio. ¿No hay otro modo de mirar ý recordar las grandes gestas que dieron entidad real y simbólica a la nación Argentina? En todas ellas hay otros abordajes posibles. Es cierto, que en el comienzo de la historia del país se buscaba, con estas paradas militares, impresionar a los habitantes con el poderío militar. Una forma de disciplinar, más que de recordar. Pero de tanto hacerlo se volvió un símbolo vacío.

Por caso, al recordar a Manuel Belgrano, el creador de la bandera, más que la disciplina de lo militar y el poderío de un Ejército, habría que reconocer que este hombre tuvo que ser militar a la fuerza en medio de la lucha anti-colonial contra España y lo hizo con creatividad, rebeldía y valentía: Por ejemplo, el éxodo jujeño fue una desobediencia a las ordenes de Buenos Aires, que ordenaban el retiro del Ejército del Norte hasta Córdoba. Se retiró sólo hasta Tucumán y dejó a los españoles tierra arrasada. Fue una victoria estratégica. La bandera que recordamos ayer, fue izada contra la idea del poder central, que no la quería, porque las elites nacionales todavía dudaban si separarse del todo del dominio colonial español. Nada menos rebelde que el espíritu militar, basado en el orden, la marcialidad y la disciplina. Todo lo contrario a Belgrano. Por ejemplo, al observar a Belgrano en otros ámbitos, se puede conocer mejor la fuerza de sus ideas y convicciones. El historiador Daniel Balmaceda cuenta que pensaba que las mujeres no sólo debían tener como destino casarse. Imaginaba un rol más igualitario para ellas en aquellos primeros años del siglo XIX. O también usaba perfumes en medio del campo militar. O era capaz de donar todo su capital para construir escuelas, porque consideraba a la educación como una política fundamental para el desarrollo del país, y morir más pobre que un poblador de una villa de la actualidad. La Unión Industrial debiera recordarlo más seguido a este hombre que fue promotor de la industria nacional. Sí, Belgrano era un personaje muy particular, fuera del estereotipo militar mitrista de quietos héroes de bronce. Más afuera que ninguno de ese aburrido y previsible lugar.

El asunto no es banalizar la conmemoración, es renovarla, reconstruirla, redimensionarla, darle forma a una historia más humana, más real de un héroe que supo desafiar con su rebeldía e inteligencia a una de las potencias de la época, pero fundamentalmente le dio un relato a la Nación en formación, una imagen de lo que significaban la libertad y la independencia y también un programa político y económico, además de imaginar una patria más allá de Buenos Aires, que era lo que buena parte de los poderosos de la época preferían y querían.

Por lo menos, el 25 de mayo, tiene la tradición de tomar chocolate caliente. Pero Belgrano se debe revolver en su tumba de sólo sentir tropas que marchan haciendo sonar los tacos de sus botas  contra el asfalto. Habría que proponerse nuevas ideas. No porque esté mal el desfile cívico-militar. De hecho podría ser una de las miradas y puestas en escena. Pero no alcanza, se queda muy corta como variante, como recuerdo, como representación. Manuel Belgrano fue muchísimo más que un militar. Y si algo le sienta mal a este héroe, es el bronce. En épocas donde todo cambia, porqué no cambia esto.

15 MINUTOS. Es un espacio breve para reflexión, análisis y puesta en escena de temas, hechos y personajes. Se inspira en la película “15 minutos” (2001, John Herzfeld).

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